La morosidad en los créditos otorgados a las familias alcanzó un pico histórico del 12,7% durante mayo. El indicador encadenó su decimonoveno mes consecutivo en alza, consolidando una tendencia que afecta de manera directa a los hogares de ingresos medios y bajos en todo el territorio nacional, en un contexto de fuerte deterioro de los salarios frente a la inflación.
Récord de morosidad: las deudas de las familias llegaron al 12,7% en mayo
La irregularidad en los préstamos trepó por decimonoveno mes consecutivo y el mayor impacto de morosidad se siente en los sectores de ingresos medios y bajos

Cada vez más familias toman deuda para subsistir frente a ingresos insuficientes, pero también crecen los problemas para pagar los créditos contraídos.
De acuerdo con un informe elaborado por la consultora 1816 sobre la base de datos de la Central de Deudores del Banco Central de la República Argentina (BCRA), la irregularidad acumulada representa un bache constante en la capacidad de pago del sector privado. A fines de 2024, el nivel de incumplimiento en los préstamos familiares se ubicaba apenas en el 2,5%, lo que demuestra que la cifra actual casi se quintuplicó en un período cercano al año y medio.
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El reporte estadístico detalló que este rezago en el pago de las obligaciones financieras, que computa las deudas con atrasos superiores a los 90 días, se manifestó en 26 de las 30 principales entidades bancarias que operan en el país. Al considerar el conjunto de la cartera privada, incluyendo el sector corporativo, el índice general de incumplimiento trepó al 7,7% en el quinto mes del año.
El impacto de la morosidad en las tarjetas de crédito
Las herramientas de financiamiento más afectadas por esta situación de mora generalizada continúan siendo los créditos personales y los saldos de las tarjetas de crédito, instrumentos habitualmente utilizados para el consumo diario y el sustento del presupuesto mensual familiar. El uso de los plásticos para compras de primera necesidad aceleró el ahogo financiero de miles de hogares.
Esta realidad se complementa con las mediciones que el gobierno nacional sigue de cerca en el AMBA y las provincias. En Mendoza, el panorama comercial refleja un comportamiento similar en los grandes centros urbanos, donde el financiamiento en cuotas pasó de ser una opción de inversión a una estrategia de supervivencia económica para llegar a fin de mes.
Los jóvenes frente a la morosidad crediticia
El segmento de menores de 35 años es el que muestra los índices más preocupantes dentro del actual escenario de endeudamiento. Según los datos de la consultora, casi el 40% de los jóvenes que poseen líneas de financiamiento vigentes registra al menos un compromiso en situación irregular, lo que enciende las alarmas del sistema comercial.
Este universo abarca tanto los préstamos contraídos dentro del sistema bancario tradicional como aquellos gestionados mediante canales alternativos digitales. El documento privado enfatiza que el incremento de las tasas de morosidad en este rango etario limita las posibilidades de inserción en el mercado financiero formal para proyectos futuros, como la adquisición de bienes durables o el acceso a la vivienda.
Asimismo, los analistas técnicos indicaron que más del 27% de las personas físicas que decidieron tomar asistencia financiera en el último tiempo dejaron de calificar como sujetos de crédito debido a los antecedentes de incumplimiento reportados en las bases oficiales de la autoridad monetaria.
Entidades no bancarias sufren la mayor morosidad
El fenómeno de las deudas impagas se agudiza por fuera de los bancos comerciales. Las compañías financieras no bancarias y las plataformas de microcréditos, que concentran aproximadamente el 17% del total de las colocaciones al sector privado, registraron una tasa de mora que saltó al 32,2% en mayo.
Esta porción del mercado suele confluir con los sectores de la población que no acceden a las bancas de primera línea y que afrontan costos financieros más elevados. Frente a este panorama, las autoridades del Banco Central manifestaron recientemente en exposiciones públicas que el indicador general de morosidad habría alcanzado su techo estacional durante el segundo trimestre del año corriente.
Por su parte, los registros preliminares correspondientes a mayo y junio expusieron que el volumen de asistencia crediticia expresado en pesos dejó de contraerse en términos reales dentro del mercado interno, estabilizando los márgenes de financiamiento global, aunque bajo condiciones de selectividad comercial más estrictas por parte de los otorgantes.