El agro global atraviesa una transformación profunda que redefine cómo producir, invertir y competir. De cara a 2026, la automatización, la inteligencia artificial, la agricultura de precisión y la sustentabilidad dejaron de ser una ventaja para convertirse en el nuevo piso productivo. En Mendoza, donde el agua es escasa y los costos presionan, este cambio ya se siente y obliga a replantear el modelo.
El agro 2026 exige tecnología y pone a Mendoza ante un cambio histórico
En Mendoza ya existen experiencias que incorporan el uso de la IA para reducir el consumo de agua y simplificar actividades manuales

El agro de Mendoza ya implementa nuevas tecnologías para los desafíos del cambio climático.
El avance tecnológico es uno de los ejes centrales. A nivel internacional, maquinaria autónoma, robots agrícolas y sistemas inteligentes ya forman parte del día a día en grandes explotaciones. En la región, esta tendencia empieza a expandirse como respuesta a la falta de mano de obra y la necesidad de eficiencia.
“La automatización ya no es sólo para grandes productores. Hoy vemos interés real de fincas medianas de todo Cuyo que buscan robots, sensores o maquinaria inteligente para ganar eficiencia y previsibilidad”, sostuvo Lucas Gilbert, CEO de Agrocosecha.
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Agricultura de precisión
En paralelo, la agricultura de precisión se consolida como una herramienta clave para optimizar recursos. El uso de sensores, datos satelitales y sistemas de monitoreo permite aplicar agua e insumos con exactitud. En Mendoza, esto es determinante: el riego de precisión puede reducir el consumo hídrico entre un 20% y un 40%.
“En una provincia como la nuestra, la eficiencia hídrica no es una ventaja competitiva: es una condición de supervivencia. La tecnología hoy permite medir, anticipar y decidir mejor”, explicó Gilbert.
La sustentabilidad también gana peso como condición de mercado. Los compradores internacionales ya no solo evalúan volumen o calidad, sino también cómo se produce. La trazabilidad ambiental, el uso de bioinsumos y las prácticas regenerativas comienzan a definir el acceso a mercados.
“Los compradores externos empiezan a preguntar cómo se produce, no sólo cuánto se produce. La sustentabilidad pasó a ser parte del negocio”, advirtió el referente del sector.
A esto se suma el avance de plataformas digitales integradas, que permiten centralizar datos productivos y tomar decisiones en tiempo real. El campo se transforma en un sistema conectado donde la información se vuelve tan valiosa como la tierra.
“El productor que toma decisiones con datos tiene una ventaja enorme frente al que sigue trabajando solo por intuición”, resumió Gilbert.