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Una aldea de Fujian celebra su corona floral

La antigua tradición de los tocados florales sigue floreciendo en la costera Xunpu

En la antigua aldea pesquera de Xunpu, en la costa de Quanzhou, provincia de Fujian, las flores no solo crecen en los jardines locales, sino también sobre las cabezas de las mujeres del lugar, casi todas coronadas con coloridas guirnaldas florales.

Es una práctica cotidiana que continúa desde hace siglos.

En los estrechos callejones de piedra se escucha el sonido de cuchillos abriendo ostras, mientras abuelas de cabello plateado y ralo trabajan luciendo coronas de flores de estación.

Este antiguo arte, llamado zanhua, transforma la dureza de sus laboriosas tareas en una muestra de gracia y color.

Xunpu se encuentra en el corazón del antiguo puerto de Quanzhou y funciona como un microcosmos de la cultura de la Ruta Marítima de la Seda.

El 6 de mayo, el zanhua, o uso de tocados florales, fue presentado en un evento cultural en Marruecos para conmemorar el 680° aniversario de la visita del explorador marroquí Ibn Battuta a Quanzhou.

Muchos creen que, durante la dinastía Song (960-1279), comerciantes marítimos que pasaban por el puerto llevaron especies exóticas de flores a las mujeres locales.

Una antigua letra de ópera local también retrata esta tradición: “En el cuarto mes, se usa la corona floral; pesa a ambos lados”.

La primera frase describe cómo las mujeres de Xunpu unen flores de estación, jazmín árabe, magnolia y otras, en una guirnalda que rodea sus rodetes enrollados. La segunda describe la forma del tocado: una horquilla, tradicionalmente hecha de espina de pescado, marfil o incluso un palillo, se fija horizontalmente atravesando el rodete, mientras racimos de flores descansan de manera abundante y pesada a ambos lados.

La tradición está ligada al culto de Mazu, la diosa del mar. Las pescadoras creen en Mazu, quien se sacrificó para salvar a otros. Como muestra de reverencia, usan flores frescas cuando visitan su templo para pedir bendiciones.

Hoy, las pescadoras continúan adornándose antes de afrontar la dureza de su trabajo, manteniendo viva una práctica que, como las propias flores, sigue floreciendo.

Estas prácticas únicas, junto con la vestimenta y los accesorios tradicionales de las mujeres locales, fueron inscritas colectivamente como patrimonio cultural inmaterial nacional en 2008.

Huang Liyong, heredera de este patrimonio cultural, llevó esa belleza a casi 20 países. “Incluso cuando existe una barrera idiomática, los extranjeros se emocionan al ver las flores. La búsqueda de la belleza es universal”, afirmó.

Por ZHANG YI y HU MEIDONG. Ding Ziyan colaboró con esta nota.

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