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Una travesía eterna de descubrimiento

Editado por Por Wang Kaihao

En 1987, los empleados de una compañía británica de salvamento marítimo viajaron a Yangjiang, en la provincia de Guangdong, conforme a un acuerdo con el gobierno chino, a buscar el Rijnsburg, un buque mercante holandés que solo conocían por fuentes históricas que se había hundido durante un tifón en 1772 y que, presuntamente, llevaba una carga generosa. Sin
embargo, encontraron otro naufragio.


El barco tenía más siglos de antigüedad, remontándose a principios de la dinastía Song del Sur (1127-1279). Como una pequeña partícula de polvo en la gran historia de la próspera Ruta de la Seda Marítima, la red de antiguas rutas comerciales que conectan China con el resto del mundo, aquel barco no fue mencionado en ningún libro de historia. Por ello, los arqueólogos lo llamaron Nanhai One ya que fue el primer naufragio antiguo más importante que se encontró en el Mar Meridional de China (Nanhai).
Se descubrieron más de 180.000 reliquias culturales en el Nanhai One, que tiene 22,9 metros de largo, 9,8 metros de ancho y un casco de 2,7 metros de profundidad, según anunció la Administración Nacional de Patrimonio Cultural en una conferencia de prensa recientemente.

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“Es, por lejos, el descubrimiento arqueológico submarino más grande en China”, sostuvo Sun Jian, supervisor técnico en jefe del Centro Nacional de Patrimonio Cultural Submarino, líder del programa de investigación.
Debido a que el buque era típico del estilo Fujian de la época, los arqueólogos creen que el barco salió totalmente cargado de Quanzhou, que era en ese entonces uno de los puertos más concurridos del mundo. “Estos barcos eran utilizados ampliamente en el comercio marítimo
durante la dinastía Song del Sur”, sostuvo Sun. “Aunque eran más lentos, eran más seguros durante tormentas difíciles y podían cargar más mercancías”.


La investigación sistemática del Nanhai One comenzó en el 2000. Hubo mucho debate sobre cómo moverlo del lugar donde se encontraba, enterrado a 20 metros por debajo de la superficie


del agua. Hasta que en 2007, los arqueólogos finalmente decidieron rescatar el buque usando un contenedor piscina llamado Crystal Palace para llevarlo al Museo de la Ruta de la Seda Marítima de Guangdong, en Yangjiang. Luego, en 2014, los arqueólogos comenzaron a destapar los restos
que aún estaban cubiertos de barro y arena.


El plan recibió el premio mayor de China por el progreso en ciencia y tecnología, una distinción inusual para los arqueólogos. “Si levantábamos el buque directamente del lecho marino, hubiésemos pasado por alto algunas de las reliquias culturales que se hubieran dispersado en el naufragio”, sostuvo Jiang Bo, director del departamento de arqueología submarina en el Centro Nacional de Patrimonio Cultural Submarino.

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Se encontraron más de 170.000 objetos de porcelana, la mayoría de los cuales se conservó intacto después de ser desenterrado. Sun señala que ofrecen una vista general de la cerámica china exportada en aquel momento, el pico de la antigua Ruta de la Seda Marítima. “Se puede
ver casi todo tipo de porcelana china que era comercializada globalmente en ese entonces, en especial de las provincias de Zhejiang, Fujian y Jiangxi”.
Sin embargo, este tesoro oculto de cerámica no opacó otros descubrimientos. Se recuperaron más de 130 toneladas métricas de hierro en el naufragio. “El hierro era una de las principales exportaciones de China en el comercio internacional de ese momento, pero su importancia, que no era menos esencial que la porcelana o la seda, no era ampliamente conocida por la sociedad”, señaló Sun.


También se rescataron del naufragio cientos de objetos de oro, plata, cobre y laca y una variedad de otros artículos. “Los comerciantes y marineros deben haberlos comprado en China como regalos o pueden haber sido efectos personales”, señaló Sun. Más de 20.000 monedas de cobre
y más de 300 kilogramos de lingotes de plata utilizados como moneda de cambio también se hundieron con el barco.

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También se hallaron huesos de ganado, semillas de plantas y conchas de criaturas de mar. Incluso hay una vasija de huevos de pato salados que alguna vez contuvo licor, incitando a los arqueólogos a preguntarse cómo eran los banquetes a bordo. “También encontramos algunos
objetos religiosos”, señaló Sun. “Muestran cómo las personas quedaban impresionadas con la naturaleza cuando viajaban por mar”.
Además, se encontraron restos humanos, que pertenecían a hombres jóvenes y en forma.


Después de analizar su ADN, Cui Yong, subdirector del Instituto Provincial de Reliquias Culturales y Arqueología de Guangdong, descubrió que no eran chinos. “Muestra que debe haber sido una práctica común para los marineros extranjeros el trabajar en barcos chinos, lo que sugiere un
sentido de apertura”, señaló Cui. “El Nanhai One es una cápsula del tiempo. La investigación interdisciplinaria y las nuevas técnicas científicas nos ayudarán eventualmente a hacer más descubrimientos”.


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