Todos los que podían oír se quedaron atónitos cuando dije que sabía quién era él antes que ella. “Él también se llama Eric”, dije.
Tejiendo vínculos antiguos y nuevos
Un viaje revela el legado perdurable del pasado revolucionario de China y las vidas modernas que este moldea

Un grupo de jóvenes escuchan historias sobre el Ejército Rojo durante su visita a un sitio histórico en Zhangye, provincia de Gansu. WANG JIANG / PARA CHINA DAILY.
“¡Es verdad!”, exclamó ella sorprendida. “¿Cómo lo sabías?”
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Sonreí con ironía. “Es amigo mío”.
Estaba filmando en el lugar donde se alojó el difunto líder chino Mao Zedong en Hadapu, provincia de Gansu, cuando una guía me preguntó de qué país era.
“De Estados Unidos”, dije.
“Hace dos días estuvo aquí otro estadounidense. Un pariente de Snow”, respondió ella.
Fue entonces cuando supe que se trataba de Eric Foster, sobrino de la célebre escritora Helen Snow. Ella era esposa del periodista estadounidense Edgar Snow, una figura muy conocida en China gracias a su libro Estrella roja sobre China (1937), basado en las entrevistas que mantuvo con el liderazgo comunista en Bao’an, hoy parte de Yan’an, provincia de Shaanxi.
Fue a través de ese libro como conocí la Gran Marcha cuando llegué a China hace más de veinte años. Desde entonces, he recorrido miles de kilómetros siguiendo los pasos de Edgar Snow por diversos tramos de la Gran Marcha, desde Ruijin, en la provincia de Jiangxi, hasta Yan’an, en Shaanxi.
Aunque ya había visitado Gansu en varias ocasiones, esta era la primera vez que recorría personalmente la ruta que siguió el Ejército Rojo a través de esta provincia, pintoresca pero geológicamente peligrosa, donde las dunas del desierto chocan contra montañas de loess y donde imperaban condiciones de extrema penuria mientras el Ejército Rojo avanzaba con dificultad por su accidentado terreno.
Para ello, me uní a otros tres amigos y vlogueros de Rusia, Irlanda e Inglaterra con el fin de filmar nuestros descubrimientos. Sin embargo, para nosotros fue mucho más fácil llegar hasta Huining, el lugar donde se fundieron las tres fuerzas principales del ejército antes de continuar juntos hasta Yan’an. Si ellos tardaron dos años, nosotros apenas invertimos una hora.
Tal hazaña fue posible gracias al complejo que conmemora la Unión del Ejército Rojo en Huining, donde hay una reproducción en miniatura del paisaje por el que discurrió la Gran Marcha. Allí, un camino serpentea entre réplicas a pequeña escala de los lugares más emblemáticos de la ruta. Entre ellos figuran la Torre Conmemorativa de los Mártires del Ejército Rojo de Ruijin, donde comenzó la marcha; el edificio que acogió la Reunión de Zunyi, célebre por haber rectificado el rumbo del Partido; y el puente Luding, en la provincia de Sichuan, cuya audaz toma se convirtió en leyenda.
No obstante, nuestra visita al paso de Lazikou, uno de los puntos estratégicos más peligrosos de la campaña, nos recordó que las réplicas, los relatos e incluso los videos no logran hacer justicia a los peligros que ellos superaron. Intenté escalar uno de los riscos verticales que el Ejército Rojo había trepado, pero no logré encontrar dónde apoyar los pies; apenas conseguí elevarme un metro.
Si bien la Gran Marcha se recuerda por sus magnitudes extremas —en cuanto a tiempo, distancia, sufrimiento, bajas y victorias improbables—, nuestro viaje sacó a la luz historias más pequeñas que se convirtieron en anécdotas fascinantes.
Los habitantes de Lazikou, por ejemplo, no estaban familiarizados con los arces, así que cuando vieron el primer ejemplar y repararon en sus hojas de cinco puntas, lo bautizaron como “el árbol de la estrella roja”.
Examinar minuciosamente la estancia del Ejército Rojo en Gansu nos permite, a su vez, ampliar la perspectiva para obtener una visión de conjunto sobre lo que la Gran Marcha significa para la China actual.
El legado no solo se refleja en el ascenso que ha experimentado el país dentro del ámbito internacional, sino también en la manera en que diversos parajes de Gansu, muchos de ellos remotos, han florecido gracias al “turismo rojo”. En el paso de Lazikou, antaño impenetrable, personas de la etnia tibetana venden ahora miel, manzanas, peras, cecina de yak y yogures junto a la carretera.
El líder de la aldea de Ejie, que se encuentra en el condado de Diebu y es otro escenario clave de la ruta, nos contó que los jóvenes que se habían marchado para trabajar en las ciudades están regresando. Ahora abren casas rurales, venden especialidades locales a los viajeros y ganan mucho más que antes.
El valor de un viaje no reside solo en recordar el pasado, sino también en descubrir lo nuevo que este ha generado con el paso del tiempo.
La Gran Marcha, sobre la que leí por primera vez en Estrella roja sobre China, fue una historia de lucha y supervivencia.
La ruta que recorrimos en Gansu es una narración viva de esperanza hecha realidad: acantilados conquistados, carreteras construidas, aldeas revitalizadas y personas que transforman el legado de la revolución en medios de vida.
Es un camino que sigue avanzando a través del tiempo. Haga clic para ver el video.
Por ERIK NILSSON.
En pocas palabras
- Legado revolucionario: un viaje por China revela el impacto de su pasado en la vida moderna.
- Gran Marcha: el recorrido por hitos históricos de la Gran Marcha en Gansu destaca la superación de dificultades.