Claves del éxito

Los secretos de los ocho chicos mendocinos subcampeones mundiales de robótica en Singapur

"Logramos un robot que cumplió todos los aspectos de la competencia. En cambio, había países con robots diseñados para un solo objetivo", explicó, por ejemplo, uno de los alumnos de la escuela Edison, de Guaymallén

No todos tienen en claro aún qué quieren ser cuando sean grandes, aunque les falte un puñado de años para ingresar a la Universidad. Algunos se inclinan por carreras médicas, otros por idiomas o por las ingenierías. Unidos los ocho en un proyecto en común que los hizo afianzarse en el mundo tecnológico, jóvenes alumnos mendocinos acaban de salir subcampeones en el Mundial de Robótica First Global Challenge 2023, celebrado a principios de mes en Singapur.

Y de la experiencia destacan el hecho de haber podido comprobar que su país, Argentina, les brinda todas las herramientas para desarrollarse aquí de lo que quieran ser. Se trajeron la valija cargada de aprendizajes tecnológicos pero sobre todo humanitarios, entendiendo que las metas se cumplen con éxito cuando se trabajan en equipo.

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Esta séptima edición del certamen internacional de robótica tuvo a 191 países en competencia con estudiantes de 13 a 18 años, y se desarrolló del 7 al 10 de octubre en ese país asiático. Con el objetivo puesto en solucionar problemas concretos de impacto ambiental, para la Argentina el First Global seleccionó a la Fundación Tomás Alva Edison de Mendoza (TAE) por la trayectoria de su colegio y por haber fundado Probot School, la primera escuela en el país que incursiona en las nuevas tecnologías y la robótica como fuentes de educación en el proceso académico.

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A la vuelta de las vacaciones de invierno, entre los cerca de 800 estudiantes del secundario del colegio, se inició una competencia de saberes para seleccionar a 22, de los cuales sólo ocho alumnos pasaron las pruebas técnicas y las habilidades blandas para formar equipo y de este modo inventar, construir y programar un robot de cero. Fue poco el tiempo, que se exprimió en intensas jornadas de trabajo a contraturno para los ocho integrantes de entre 15 y 16 años, la mayoría alumnos de tercer año de esa escuela secundaria y con una sola mujer en el grupo.

Ignacio Moreno, Nicolás Expósito, Franco Mancini, Gerónimo Herrera, Sebastián Martínez Santos, Sara Lamagrande, Martín Perelló y Luca Cuello compartieron hasta 30 horas semanales, de lunes a domingos incluidos en la escuela, para llegar a punto con el proyecto y que GauchoBot estuviera a la altura de las circunstancias, muy lejos de su hogar y nada menos que representando a la Argentina.

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Siete de los ocho alumnos del colegio Tomás Alva Edison (TAE) posan orgullosos con su GauchoBot.

Siete de los ocho alumnos del colegio Tomás Alva Edison (TAE) posan orgullosos con su GauchoBot.

Para esto, los alumnos contaron con la guía de cuatro mentores: Melanie Martínez, Francisco Miranda, Rodrigo Pérez y Matías Gaviño, quien fue el capitán; todos ellos provenientes de la UNCuyo y la UTN; así como la coordinación académica recayó en la directora del Tomás Alva Edison, Graciela Betancur.

Fuimos con todas las ganas de dejar bien arriba a nuestro país, aunque nunca creíamos que íbamos a salir subcampeones”, confiesa Sebastián acerca de la performance de cuatro días obtenida en el campeonato de robótica para jóvenes más destacado del mundo en Singapur.

Nicolás, por su parte, remarca que el First Global “premia según las creatividades, y no según la capacidad económica de los países en competencia; por eso te envían un kit igual a todos los países para que los equipos trabajen con esos materiales sin poder sumar otros”. Y en este sentido, su compañero Gerónimo recuerda los nervios que pasaron cuando desde la aduana no les entregaban el kit, con lo cual contaron con menos tiempo todavía para trabajar sobre GauchoBot.

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Poner en valor la formación académica de nuestro país

Sobre la experiencia vivida, los adolescentes coinciden que lo mejor fue el poder comparar diferentes modelos de aprendizaje de los demás países, conocer otras formas de educación, el desarrollo de la lengua inglesa, la importancia del trabajo en equipo y la gratificación de confiar en ideas propias para implementar un proyecto con éxito.

“Lo que más nos enriquece de esto es comprobar que lo que acá en el colegio aprendemos sirve y mucho para desarrollarnos, que nos alimenta la curiosidad por la robótica y las ganas de seguir involucrándonos en las nuevas tecnologías”, manifiesta Sebastián. Todos acuerdan que, si bien no saben si seguirán carreras relacionadas con el mundo de la programación y la robótica, “nos dimos cuenta con esta experiencia que en nuestra provincia podemos estudiar lo que deseemos y que contamos con un muy buen nivel educativo en las universidades”.

Específicamente, sobre este proyecto los chicos contaron con la orientación y el seguimiento de gente formada en la UNCuyo y la UTN. “Nuestros mentores estudian mecatrónica acá en Mendoza y vimos que la formación académica es muy buena, comparando con lo que observamos de otros países en el Mundial; fue un gran incentivo para no pensar en irnos de nuestro país, es un impulso positivo para quedarnos, teniendo las oportunidades de intercambio con el resto del mundo, viendo que acá tenemos un potencial grande de conocimientos que no es menos que el de otros países”, opina Sara en nombre de su equipo.

Mientras que Ignacio agrega en tono reflexivo: “Estos meses de trabajo nos motivaron a aprender más y más sobre robótica, nuestros mentores nos transmitieron su pasión por la robótica, qué y cómo estudian en sus universidades, y al irnos confirmamos que acá el nivel en este ámbito tecnológico es muy bueno; fue un aliento para apostar también por nuestro país y no pensar en irnos como está ocurriendo con otros jóvenes”.

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Es la primera vez que Argentina se sube al podio del Mundial de Robótica. Fue en Singapur, en la séptima edición del First Global Challenge.

Es la primera vez que Argentina se sube al podio del Mundial de Robótica. Fue en Singapur, en la séptima edición del First Global Challenge.

Premiar el trabajo colaborativo

El First Global Challenge, mejor conocido como el Mundial de Robótica, informa en su sitio web que “es una competición internacional de robótica de tipo olímpico que se celebra cada año en un país diferente”. Y explica: “Los equipos en competencia trabajan juntos para completar las tareas en un juego temático en torno a uno de los mayores retos a los que se enfrenta nuestro planeta, en un esfuerzo por fomentar la comprensión y la cooperación entre los jóvenes del mundo mientras utilizan sus habilidades para resolver los problemas del mundo”.

Así entonces, GauchoBot tenía que ser capaz de recolectar pelotitas que simbolizan moléculas de hidrógeno y de oxígeno que conforman el agua, “nosotros lo creamos de manera tal que pudiera filtrar esas pelotas según su tamaño adentro del mismo robot”, apunta Ignacio. Y Nicolás completa: “Después, el robot debía saber depositarlas en tanques diferentes, como el acumulador de oxígeno, y tenía que ser capaz de colgarse además. Así que en nuestras casas pensamos cómo diseñarlo en acciones bien concretas y lo compartimos en grupo para avanzar”.

Porque el tema este año fue Hydrogen Horizons (Horizontes de Hidrógeno), de allí que el desafío era que el robot “hiciera un proceso de electrólisis mediante los átomos del agua que separara el hidrógeno y de este modo hacer una nueva fuente de energía renovable. Todo a través de la representación material de pelotitas”, detallan los creadores, y confirman que este proyecto de robótica les brindó la posibilidad de acercarse aún más al mundo de la mecatrónica.

Y destacan la función de sus cuatro mentores, quienes asumieron –entre otras tareas- la distribución de roles para cada uno del equipo: desde el manejo, conducción y co-conducción del robot hasta quien lanzaría las “pelotas” de hidrógeno y oxígeno a la máquina para su distribución en cada acumulador; el capitán, quienes se comunicarían con el resto de los participantes desde el stand de Argentina y marcarían a su equipo con precisión el reglamento de la competencia para cumplirlo paso a paso, así como los estrategas del juego.

Ser estratégicos fue clave para lograr el subcampeonato

Si bien hay equipos ganadores, los premios en el Mundial de Robótica se dan sólo en medallas y reconocimiento, ya que el First Global Challenge busca revalorizar el trabajo colaborativo entre los casi 200 países participantes. Por eso el equipo mendocino compartió experiencias y desarrolló estrategias en el juego junto a otros jóvenes de otras naciones, sea para la etapa clasificatoria como para los playoff, en alianzas globales que los llevaron a obtener el segundo puesto del campeonato. Es la primera vez que Argentina llega al podio de la competencia. El campeón este año fue China.

Otro dato loable para destacar es que varios países se presentan con equipos que ya han tenido experiencia en mundiales anteriores del First Global, en cambio para la Argentina fue el debut con este equipo de jóvenes mendocinos.

Y, según se percibe en las expresiones de los protagonistas, la clave para alcanzar el segundo puesto en este Mundial de Robótica fue “la estrategia”. “Sí, creo que sí, ¿no?”, consulta a sus compañeros Sara, y asiente: “Fuimos estrategas a la hora de jugar. Nunca perdimos de vista el objetivo y fuimos flexibles para modificar las estrategias según el partido que nos tocaba jugar, digamos”, a lo que Sebastián completa: “Logramos crear un robot que pudiera cumplir todos los aspectos de la competencia. En cambio, había países con robots diseñados para un solo objetivo entonces nosotros estudiábamos los robots de esos países con los que debíamos hacer alianzas y aplicábamos estrategias para sacarle el mejor provecho a cada robot y que ese aspecto distintivo de cada uno sumara al objetivo final que debíamos alcanzar en cada misión”.

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El robot pesa unos 20 kilos, fue cuidadosamente embalado para llegar en perfecto estado a destino después de largas horas de vuelo y escalas desde Mendoza, Argentina, hasta Singapur.

El robot pesa unos 20 kilos, fue cuidadosamente embalado para llegar en perfecto estado a destino después de largas horas de vuelo y escalas desde Mendoza, Argentina, hasta Singapur.

He aquí la importancia del idioma a la hora de comunicarse con jóvenes de tan diferentes partes del mundo. “Por eso también repartimos roles en nuestro equipo, todos sabemos hablar inglés pero alguien lo hace mejor que el resto; entonces esa persona sería la encargada de la comunicación con los países con los que nos teníamos que unir”, afirma Gerónimo.

La alianza que más disfrutaron durante la competencia fue la que formaron precisamente con Israel. “Los chicos tenían un robot muy bueno, además ellos estaban justo con el tema de los ataques que ocurrieron cuando ellos estaban ahí. Fue muy emocionante verlos rezar todo el tiempo por sus familias y, pese a semejante momento, no perdieron el foco en la competencia”, cuenta Sara, quien sigue en contacto con los jóvenes israelíes y les transmiten videos del día a día de la guerra en su país.

Los ocho adolescentes transmiten en sus caras la felicidad del triunfo al mismo nivel que el cansancio después de las tensiones y emociones vividas. Porque desde que partieron, -varios de ellos atravesaron 40 horas de vuelo-, las jornadas de competencia y visitas a universidades y al puerto de Singapur donde apreciaron el funcionamiento de ese comercio marítimo dominado por robots; hasta el retorno, aún no han tenido muchas horas para reponerse. Las notas periodísticas locales y foráneas, los reconocimientos gubernamentales y municipales, se mezclan con las clases habituales del “cole” y el ritmo de sus vidas cotidianas.

Aunque, claro está, el futuro para este equipo de estudiantes de Secundaria se abre como una ventana al mundo.