Los fanáticos de las tendencias saben que, en breve, hay dos productos que causarán furor. Uno son los anteojos de realidad virtual, los mismos que probó el presidente Mauricio Macri en su visita a Suiza por el Foro Económico Mundial de Davos; y la otra es el scooter eléctrico o patineta por balanceo, que ya se vende en los comercios de Mendoza.
La fiebre por estos inventos es inexorable, plantean los entendidos. Si en otros lugares del mundo son un éxito, no hay motivos para pensar que acá no lo serán.
Los lentes de realidad virtual se parecen a unas antiparras de esquí, solo que hay que adosarles un celular inteligente con la aplicación pertinente y de forma automática se recrea una escenario de 360° ante los ojos del usuario.
Las plataformas son muchísimas: hay aplicaciones que simulan montañas rusas, otras que son juegos de terror y algunas que emulan la fisonomía de un cerebro sobre la cual el usuario se desplaza para evitar la formación de un ACV, lanzando un poder con la mirada, como si fuese Cíclope, de X-Men.
Esta riqueza de alternativas para jugar es una de las razones que hace atractivo al óculo, como le suelen decir. Pero, al mismo tiempo, el interés aumenta cuando se lo prueba, se experimentan sensaciones muy gratas.
En la versión de la montaña rusa, por ejemplo, se genera un cosquilleo en la panza del usuario y la persona se marea un poco, como si estuviese en un parque de diversión real.
Una de las marcas más famosas de estos lentes es Oculus VR, que en 2014 fue adquirida por Facebook por 2.000 millones de dólares, tras comprar WhatsApp e Instagram.
Esta empresa tiene como producto de cabecera al Oculus Rift, que en realidad es un videojuego porque viene con un controlador y se puede conectar al televisor y reproducir en alta definición.
Luego hay otras marcas que fabrican este dispositivo como Sony, HTC o Samsung. En Argentina, el modelo Gear Vr Oculus para Samsung S6, cuesta en internet arriba de los $4 mil, aunque también hay empresarios chicos que los comercializan en forma directa.
Volver al futuro
En tanto, el scooter eléctrico también comenzará a ser visto en plazas y parques de la provincia, aunque no en masa, ya que su precio no es para nada accesible: $10 mil.
El artefacto funciona a través del balanceo que ejerce la persona. Si se inclina hacia adelante la patineta avanza y puede alcanzar hasta 10 kilómetros por hora; si se reclina, las dos ruedas retroceden.
Para doblar hay que hundir un poco el talón, e inmediatamente una de las ruedas se activa, permitiendo que el scooter gira sobre sí mismo, mientras que si se hace mayor fuerza con la punta del pie, girará en sentido inverso.
La estética de la patineta es llamativa. La postura que tiene que adoptar el que la usa es diferente al skate tradicional, ya que en vez de ir de costado, en el scooter el usuario va de frente.
Para graficar en palabras este "medio de transporte" se podría describir como esos monopatines para turistas, pero sin el manubrio.
Los que se venden en Mendoza poseen una autonomía de 18 kilómetros, debido a que funcionan a batería; la distancia entre el suelo y los pies queda a 3 centímetors; el ángulo de pendiente máximo es de 20° y el peso límite que soporta son 100 kilos.




