Por más que digamos que se cosifica a la mujer y que hay violencia simbólica, es difícil, ir contra los miles que en nombre de la “tradición”, yo diría heteropatriarcal, se niegan a ver lo que ya está cambiando.
Vendimia: el debate entre festejar la cosecha o quedarnos en una tradición patriarcal
En latín la palabra vendimia proviene de “vindemia” formado por “vihum” que es vino y “demere” que es cortar. Entonces vendimia es la acción de quitar el racimo de uva de la vid.
Dentro del proceso de elaboración del vino, uno de los momentos más importantes es justamente la vendimia, el momento de recolectar la tan preciada, cuidada y esperada uva.
Mendoza comenzó a tener sus primeras cepas de vid con los primeros asentamientos de españoles, a mediados del siglo XVI. Hasta comenzar a consolidarse como incipiente industria en los siglos XVII Y XVIII.
Los primeros bodegueros de Mendoza, allá por el 1620, Alonso de Reinoso, Alonso de Videla o Juan Amaro, jamás imaginaron que muchos siglos después, la vendimia de Mendoza tendría un debate por fuera del trabajo de la tierra: el concurso de belleza de unas chicas llamadas reinas.
Nadie puede negar que la Fiesta de la Vendimia es quizás el primer eslabón que entrelaza el vino y el turismo. Nació grande, pero siguió creciendo hasta alcanzar las dimensiones actuales.
Haciendo un poco de historia, en 1913, hubo un primer intento de fiesta vendimial cuando un congreso de la industria y el comercio finalizó con un desfile de vendimiadores y carrozas alegóricas. Se ornamentó un tren con vides y fue el que trasladó a 800 invitados por viñedos y bodegas.
Hubo que esperar hasta la década del ´30 para empezar a ver lo que hoy es la Fiesta de la vendimia. La crisis internacional y nacional de esos años no fue ajena a Mendoza. Para darle impulso a la industria madre, el consumo del vino y alentar el turismo, el Gobernador Guillermo Cano y su equipo se inspiraron en los festejos europeos.
En 1936 mediante un decreto, institucionalizaron la Fiesta Vendimial donde se eligió a la primera Reina de la Vendimia, Delia Larrive Escudero, de Godoy Cruz. Delia era una auténtica vendimiadora, una trabajadora de la viña, como lo fueron todas sus sucesoras por los menos 10 años más.
Ochenta seis años después no se elige a la mejor trabajadora, ni a la que más cosecha. Sino bajo estereotipos hegemónicos y patriarcales se consagra a la “más linda” como Reina Nacional de la Vendimia.
Un lugar que ocupa la mujer sólo por su belleza física, consagrada subjetivamente por los ojos de algunos. No es embajadora cultural ni representante de la provincia, pues casi nunca se conoce un proyecto ni una idea de las candidatas antes de la elección.
Por más que digamos que se cosifica a la mujer y que hay violencia simbólica, es difícil, ir contra los miles que en nombre de la “tradición”, yo diría heteropatriarcal, se niegan a ver lo que ya está cambiando.
Bastó ver el carro de Guaymallén en la Vía Blanca y en el Carrusel con su representante, Sofía Grangetto y los cultores vendimiales, para darnos cuenta que sí se puede tener estos festejos sin reinas.
Esos cultores vendimiales de Guaymallén, son vecinos que se destacan en sus labores: recuperadores urbanos, deportistas, artistas, entre otros. No hizo falta la corte de reinas distritales para saludar y regalar racimos de uva. Las suplantaron bien, con alegría y clima de fiesta.
En el libro “La ilusión de la mujer. Pactos y contratos entre hombres y mujeres”, de la Doctora en Psicología, Ana María Fernández, (Paidós 2014) explica que “Una sociedad es también un sistema de interpretación del mundo. Es decir, de construcción, creación, invención de su propio mundo. En tanto tal, puede percibir como peligro cualquier desmentida a su sistema de interpretación del mundo; estas situaciones suelen ser vividas como ataques a su identidad y las diferencias son entonces imaginadas como amenazantes…. Por lo tanto, las transformaciones de sentido lo instituyen y operan siempre con la resistencia de aquello consagrado, instituido, que hasta tanto no sea trastrocado actúa como regímenes de verdad”.
Esto implica que si bien esas mujeres llamadas reinas no se sientan cosificadas, lo están y aún es difícil discutir sobre una práctica popular y establecida en el tiempo. Es la propia sociedad la que debe darse cuenta del cambio.
La Sala 2 de la Suprema Corte suspendió la ordenanza 9196 de Guaymallén que prohíbe la elección de la soberana vendimial. Pero un voto en disidencia fue el del juez Omar Palermo que remarcó en sus argumentos que la ordenanza municipal refleja un acuerdo democrático y autónomo de ese departamento para participar de la Vendimia sin una elección de la reinas basada en estereotipos de belleza.
En el fallo el magistrado descartó la legitimidad de una elección realizada por particulares que no representan políticamente a Guaymallén y afirmó que ni las comisiones de ex reinas, ni la reina blue Julieta Lonigro demostraron existencia de un legítimo derecho para exigir el reconocimiento de ella como reina departamental.
Sobre la perspectiva de género, el juez Palermo, consideró que “es inherente a este tipo de patrimonio su dinamismo y su vinculación innegable con el estadio de desarrollo de la sociedad en la construcción de ciudadanía”. Y el “reconocimiento de las demandas de los movimientos que defienden los derechos de las mujeres ha generado modificaciones en nuestra identidad social que reconfigura de manera inexorable lo que se considera patrimonio cultural inmaterial”.
“Dicho de otro modo, la cuestión no puede ser planteada en términos binarios -«patrimonio cultural versus derechos de las mujeres»- pues el enfoque de géneros resignifica fuera de toda duda el sentido del patrimonio cultural inmaterial” y subraya que “el único aspecto a dilucidar es el fondo de la cuestión es la determinación del alcance de esta resignificación”.
En definitiva la elección de la reina de la vendimia no deja de ser un concurso de belleza que reproduce patrones y estereotipos sexogenéricos para cumplir con un canon de estética dominante. Además de promover una relación competitiva entre las mujeres, transmite valores que promueven la subordinación y refuerza la violencia de género simbólica.
Se puede tener Vía Blanca y Carrusell sin reinas, y más aún el precioso Acto Central, único en su género.
Porque Vendimia es trabajo, esfuerzo, pérdidas económicas, precio del tacho de uva. Cosechadores, camiones, bodegas, botellas de vino, granizo, heladas, exportaciones...y mucho más.
Pero vendimia no es sinónimo de reina. Aunque sí lo es de la vitivinicultura de Mendoza.


