En el 2012, un grupo de personas con gran compromiso social, se puso un objetivo: crear una biblioteca popular con el nombre del actor David Blanco, un artista mendocino que fue pionero en el trabajo comunitario y que falleció en el 2011.

Entre esas personas, estaba Georgina Vacchelli, quien de alguna manera, quiso prolongar la tarea que el actor le propuso cuando ella fue su alumna: socializar el conocimiento, que realmente llegue al corazón de los barrios populares, donde los sueños muchas veces son escurridizos.

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Entonces, ella y otros colaboradores, se pusieron manos a la obra y crearon, con esfuerzo propio, la biblioteca.

Si bien poseía una sede fija, la biblioteca se convirtió en el "castillo vagabundo" de los libros. De repente, no pudo estarse quieta y se puso ruedas. Quiso ir a buscar a los chicos que no llegaban hasta donde se encontraba instalada.

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Así nació la idea de la "biblioteca ambulante", algo tan sencillo y hermoso a la vez, como un carrito de supermercado, pintado de colores, decorado con carteles, y lleno de libros para chicos.

El castillo vagabundo de los libros

Georgina describe al espíritu de la biblioteca como "nómade", como debe ser la cultura: no esperar a la gente, sino salir a buscarla.

Así, un sábado del 2012, llegaron por la mañana al asentamiento Alberdi. Fueron con el carrito al que le habían colocado una bocina, para anunciar la llegada de los libros. También llevaban con ellos un cuadernito para anotar los préstamos que se hacían.

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De a poco, fue tomando forma de ritual y el carro comenzó a ser empujado por los mismos niños que querían leer y compartir lo que leían con otros niños.

Así fue durante, por lo menos, cinco años. Luego el asentamiento fue desapareciendo para darle lugar al barrio Parque Norte, el paisaje cambió. El carrito quedó dormido por una temporada, pero no para siempre. Un día, remodelado y lleno otra vez de su carga de fantasía ambulante, regresó al barrio y fue, como siempre, una fiesta.

La memoria es una parte importante de la biblioteca, de repente, las niñas y niños que eran muy pequeñitos cuando creamos la biblioteca ambulante, de repente crecieron, pero estaban ahí, esperando la llegada de los libros. Me ha impresionado mucho esa memoria, lo que pensamos como una propuesta que no sabíamos cuánto tiempo iba a durar, se convirtió en una máquina de prestar libros La memoria es una parte importante de la biblioteca, de repente, las niñas y niños que eran muy pequeñitos cuando creamos la biblioteca ambulante, de repente crecieron, pero estaban ahí, esperando la llegada de los libros. Me ha impresionado mucho esa memoria, lo que pensamos como una propuesta que no sabíamos cuánto tiempo iba a durar, se convirtió en una máquina de prestar libros

Cuando llega el carro, los sábados cerca de las 10 de la mañana, desde las dos veredas de la calle principal del barrio, chicos y chicas salen de las casas corriendo e invitando a otros. Se entusiasman entre ellos. Así apareció Mafalda, Frida Khalo, El libro del Dragón, y muchos otros ante los ojos de los niños, ávidos por conocer sus historias, por entretenerse, por saber más. Unos a otros se recomiendan los libros. Ellos no lo saben, pero están haciendo la cultura.

Ya conocen el mecanismo: sacan un nuevo libro y regresan el anterior. Además, los mismos niños y niñas han pintado el carro, escrito los carteles que entusiasman a cuidar la biblioteca ambulante y su contenido. Los carteles, pintados en cartón y colocados en los costados del carrito, dicen "Los libros no se venden, se prestan" y un mensaje aún más claro y directo: "Cuidar los Libros". Y hasta el momento, las sugerencias han dado resultado, porque lejos de perder contenido, la biblioteca ambulante ha ido creciendo.

Proyecto Social

Georgina contó que con la pandemia, muchas cosas cambiaron, pero algunas de estas para bien: hubo tiempo de pensar, proyecto y animarse a soñar en grande.

La Biblioteca David Blanco necesitaba una sede propia, y en la pandemia nos decidimos a gestionar un terreno y finalmente, la municipalidad de Maipú nos lo cedió. Ahora estamos trabajando para construir La Biblioteca David Blanco necesitaba una sede propia, y en la pandemia nos decidimos a gestionar un terreno y finalmente, la municipalidad de Maipú nos lo cedió. Ahora estamos trabajando para construir

El terreno baldío queda en la calle Blas Parera y La Pampa, en el barrio Villa Raquel, de Gutiérrez. Allí va a funcionar la biblioteca y además, está proyectado levantar un salón de usos múltiples para que funcionen otros emprendimientos, como el taller de panadería "Masas en Acción", que busca brindar capacitaciones para una salida laboral. También quieren tener un depósito, ya que por ser una organización independiente, se manejan en forma autogestiva.

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"Nuestra entrada de dinero se da principalmente por realizar una gran feria de ropa que hacemos una vez por mes"

Además, con este lema de "socializar el conocimiento", se organizan talleres llamados "organitos", en los que se invita a una persona que sea experta en algún tema en particular, y que pueda compartir esos saberes con la gente de los barrios que asisten a la biblioteca.

Hacen falta más voluntades

Si bien para llevar adelante esta tarea social Georgina no está sola, sino que la acompañan Evelyn Amilburo, Carla Maturano y Mayra Rodríguez, asegura que su trabajo no alcanza para hacer realidad todos los proyectos que se emprenden en la biblioteca.

"Necesitamos sumar más voluntades, solo con las nuestras no alcanza", explicó Georgina.

También aclaró que si bien no pertenecen a ningún partido político, ni a entidades religiosas o fundaciones, sí tienen una ideología, y es la que ella viene mencionando: la de socializar el conocimiento. Este es el espíritu que nunca quieren perder.

Para comunicarse, la biblioteca tiene una página de Facebook y también es posible comunicarse a la línea de WhatsApp +5492613076768

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