La conquista del espacio no quedó circunscripta a una competencia entre dos potencias durante la Guerra Fría y finalizó con la llegada del hombre a la Luna. Agencias espaciales de todo el mundo, buscan soluciones para el futuro de la humanidad mirando al espacio, a los cuerpos celestes cercanos. No sólo los científicos de esas potencias pueden participar de esta exploración espacial, sino que por mérito y talento, también hay gente de estas latitudes, y en particular en Mendoza. Este es caso de Marcos Bruno (26), uno de los mendocinos destacados, producto del nuevo milenio.
Un mendocino participó tres semanas de un experimento extremo para entender los desafíos de viajar a Marte
Marcos es un joven estudiante de Ingeniería Mecatrónica, y este pasado viernes rindió su última materia en la UNCuyo. Sobre sus espaldas pesa la experiencia única de haber sumado varios trabajos de campo en la investigación espacial, relacionados con entidades como la agencia espacial estadounidense NASA, o la empresa Space X, que lo posicionan y hacen soñar con un futuro tripulando una nave en una misión espacial. Su tarjeta de presentación dice: Astronauta análogo, miembro de la Mars Society y emprendedor en el campo de la inteligencia artificial.
Sobre su experiencia como astronauta análogo, el lujanino de 26 años relató: "Yo he participado de varias iniciativas de la rama espacial. La primera a la que fui fue de la Mars Society, que es una entidad que se encarga de fomentar la futura presencia humana en el planeta Marte. Luego tuve la oportunidad de ir a un centro dirigido por Pablo León, que es un ingeniero argentino que trabaja para NASA y desarrollando la próxima generación de trajes espaciales y tiene un centro financiado por esta agencia espacial", explicó el "casi ingeniero", mientras esperaba ingresar a rendir la última materia de su carrera.
Un viaje de locos y el mar como escuela
Pensando en los larguísmos viajes espaciales, los científicos que trabajan en la preparación de estos, para futuras misiones a la Luna o Marte, decidieron poner a prueba a los postulantes o hacer ensayos usando la experiencia que tuvieron otros viajeros en los siglos pasados en sus periplos de meses de aislamiento, en el medio más exigente: el mar. Por eso, el mendocino se embarcó, junto a otros tres latinoamericanos a fines de abril pasado en un viaje inolvidable y peligroso. Marcos abordó el moto velero Schooner Anne, capitaneado por el navegante recordman Reid Stowe.
"Hace poco hicimos un viaje que consistía en poner en objetivo y entender mejor como va a funcionar la mente y la cabeza de los astronautas en los viajes interplanetarios, y para esto nos subimos a un barco. Los barcos son el tipo de nave que han hecho los viajes más largos en la historia. La verdad es que la experiencia fue una locura" relató Marcos sobre su última experiencia como astronauta virtual vivida en Estados Unidos.
Luego el mendocino continuó: "El periplo en un barco tipo Schooner (Goleta) arrancó en Boca Chica, Texas, donde Space X está desarrollando la próxima generación de vehículos espaciales, y finalizó en Florida. Fueron tres semanas, donde todo lo que podía salir mal, salió mal, y se terminó alargando el viaje. Navegamos en el Golfo de México".
Respecto a la impronta de la experiencia, relacionada con las futuras misiones espaciales, Bruno comparó con sus participaciones anteriores: "En el barco, la idea del viaje no era la simulación de estar encapsulado en una nave, sino hacer un estudio de las variables cognitivas en cada persona. No hubo elementos de simulación como en otras experiencias que participé, donde estábamos en un ambiente controlado –un centro que simula los futuros asentamientos marcianos-, en el desierto de Utah, parecido a Marte. Ahí había control y uno de alguna manera sabía que no se va a morir si pasaba algo".
"En este caso, el objetivo era poder entender mejor como las cabezas y la mente de los futuros astronautas van a influir en estas dinámicas de los viajes, en un contexto de trabajo en equipo. En el espacio no va a haber “Plan B”. Uno se embarca, tiene lo que tiene, y el stress, y la fatiga son moneda corriente. En esta experiencia, uno sabe que cualquier decisión o error puede tener consecuencias peligrosas. Por eso se eligió el mar, el mejor lugar para generar ese ambiente", continuó su explicación comparativa.
Como equilibristas sin red
Si hay un ambiente hostil en la Tierra, que pone a prueba la fortaleza y destrezas de un viajero, es el marino, y así lo experimentó el mendocino y el resto de los integrantes del experimento. "Fue una aventura única. Tuvimos que aprender a ser marineros, navegar a vela, algo sumamente complicado. Navegamos a una velocidad promedio de 3 nudos (5,6 km/h) todo el tiempo, y nosotros, yendo de Este a Oeste, siempre se tiene viento en contra, lográbamos ir a 1 nudo, y por eso hubo veces que tuvimos que navegar a motor, pero no lográbamos más de 3 nudos. Dependimos casi en exclusivo de la vela, casi el 90% del periplo", recordó el muchacho de 26 años.
Muy duras fueron las pruebas que les impuso la naturaleza a los navegantes, y así lo recordó Marcos. "Es muy angustiante tener que reparar una vela, coserla bajo la lluvia sobre la cubierta, y a toda la velocidad que se pueda, para poder volver a gobernar el barco en plena tormenta, con olas enormes y el barco inclinado (escorado) unos 30 grados".
“Fue una verdadera aventura, y siempre dio esta sensación constante de tener que vivir en alerta permanente. Recuerdo que hubo un momento en que pasaban junto a nosotros siete delfines de cada lado del barco, y sin embargo no lo pude disfrutar. No estás feliz, ya que no sabés si esa noche te podés morir”, enfatizó Bruno sobre la angustia vivida, factor que se quiso imponer en el testeo.
Rodeado por cientos de kilómetros de agua salada, y a merced del clima, el mendocino detalló: "En las noches había que hacer guardias de dos horas. Estábamos en un ambiente húmedo permanente, y así se me rompió el celular, así que me tuve que entretener leyendo, alumbrado con una linterna, por lo que me leí tres libros completos. Me volví marinero. Aprendí a dirigir un barco".
Con el cosmos como objetivo
Toda esta odisea tiene un motivo para Marcos Bruno, y es el de poder llegar a tripular una misión espacial. "Yo lo que hago es ir sumando puntos con estas experiencias únicas, y aprovecharlas al extremo para poder aplicar y ser parte de este proyecto espacial. Quiero construir experiencia y acercarme de a poco a mi sueño", confesó.
Luego agregó: "Entre tanto, estoy con varias cosas. Quiero ser piloto (de avión), buzo, y al mismo tiempo estoy emprendiendo en tecnología que es un startup de acá de Mendoza, donde hicimos curso de datos con inteligencia artificial".
El hacedor y aventurero espacial dejó una buena reflexión, que puede servir a quienes anhelan emular sus pasos, al decir: "Es importante mostrar que desde Mendoza se puede salir al mundo. La formación como ingeniero Mecatrónico ayuda. Si bien va al espacio gente formada en ciencias como biología y otras, el conocimiento de estas ciencias duras como la ingeniería, suma porque son valiosas en el espacio".
Desarrollo espacial mendocino
La mente de Marcos no está precisamente en las estrellas solamente, ya que con su impronta de ingeniero también piensa y desarrolla su profesión a la par del sueño de astronauta. "No solamente me aboco a los estudios formales (ingeniería), sino que tengo otros proyectos personales. También trabajo en un proyecto, con un grupo de amigos, -MerovingianData- donde vamos a enviar un experimento al espacio. Se trata de un dispositivo real que va a orbitar la tierra 16 veces al día, que va estar montado en un satélite de la empresa Satellogic", destacó Bruno.
Respecto a este desarrollo tecnológico, Marcos explicó: "Hay una realidad: enviar cosas al espacio nos es barato, y por ello muchos experimentos se basan en experiencias empíricas. Nuestra idea es democratizar el acceso al espacio, a partir de una herramienta que permita a un costo nulo, hacer simulaciones con este dispositivo, que tiene un conjunto de sensores que miden distintas variables, como temperatura, albedo, etcétera, y estas variables van a generar muchos datos, y con ellos estamos construyendo una plataforma, que a partir de una inteligencia artificial nos permite modelar cómo se comporta un sistema que está realmente en órbita", dijo orgulloso Marcos Bruno, para finalizar: "Vamos a dar una herramienta a la gente para que pueda simular sus diseños, no con simuladores con modelos matemáticos, sino con datos reales del espacio", concluyó.


