El papa Francisco murió, y con él se fue una figura histórica: el primer Pontífice procedente de América, del hemisferio sur y el primer jesuita en ocupar el trono de San Pedro. Un hecho que rompió moldes, especialmente porque durante siglos los jesuitas fueron vistos con recelo en Roma.
Un jesuita mendocino describió a Francisco como el papa que rompió moldes
Alfonso Gómez, superior de los jesuitas en Mendoza, recordó al papa Francisco desde sus años de juventud hasta su elección como Sumo Pontífice
Por eso, Alfonso Gómez, superior de la comunidad jesuita en Mendoza, compartió su testimonio con Diario UNO.
“Conocí al papa Francisco cuando él tenía 42 años y estaba finalizando su servicio como superior nacional de los jesuitas en la Argentina. Se mostraba como una persona alegre, decidida y con gran capacidad de empatía. Asombraba con algunas de sus respuestas. Por ejemplo, cuando le pedí ingresar a la Compañía de Jesús, me agradeció por hacerle recordar su propia vocación de universitario queriendo ser religioso. Él estudiaba química, y yo ingeniería”, relató.
“Lo vi personalmente por última vez en diciembre de 2012. Era arzobispo de Buenos Aires y estaba cerca de cumplir los 75 años, edad de retiro de los obispos. Lo fuimos a visitar con otro jesuita que iba a asumir como superior nacional. Nos habló de sus planes para la jubilación: irse a vivir al barrio de Flores, donde había nacido, para colaborar en una parroquia y residir en un hogar de adultos mayores. Lo contaba con alegría, como quien se da un gusto. Cuando lo eligieron Papa, pensé en lo lejos que había quedado esa sencilla jubilación”, repasó.
“No me sorprendieron sus primeros gestos como pontífice. Como ese instante inolvidable en el que, apenas asomado al balcón de San Pedro, pidió humildemente la bendición del pueblo. Su cercanía con las personas más vulnerables no era nueva: era la continuidad de un estilo de vida profundamente expresivo, aunque muchas veces hablara en voz baja. Pero una voz baja que no restaba autoridad: al contrario, obligaba a escuchar con más atención”, completó.
“En estos años el Papa nos alentó mucho como jesuitas”
“En estos años, nos alentó muchísimo como jesuitas. En cada encuentro con la compañía nos hablaba con un lenguaje muy nuestro. En la Congregación General 36, por ejemplo, nos animó a pedir con intensidad la consolación. Sentíamos que nos comprendía con el corazón. Y también nos sentimos muy identificados con sus llamados a evangelizar, como en la encíclica La Alegría del Evangelio, cuando invita a cuidar la casa común o a vivir la fraternidad en su última encíclica”, repasó.
Gómez cerró: “Lo que sembró Francisco es un bien que trasciende a los jesuitas, y alcanza a toda la Iglesia. Pero también nos dejó huellas propias. Por ejemplo, en su encíclica sobre el Sagrado Corazón comienza diciendo que el primer capítulo está basado en notas inéditas de un jesuita mendocino, Diego Fares. Para nosotros, ese detalle es una señal poderosa que nos impulsa a seguirlo y a leerlo con devoción”.





