Ciencia

Un estudio revela cómo los humanos empezaron a caminar erguidos: la clave está en la pelvis

La pelvis es la clave de nuestro bipedalismo, según el estudio. Estas adaptaciones, explican cómo los primeros homínidos aprendieron a caminar erguidos

La evolución humana ha sido objeto de estudio desde años inmemorables y estuvo marcada por transformaciones anatómicas profundas, pero pocas resultaron tan decisivas como la que permitió a nuestros ancestros caminar erguidos. Claro está que fuimos evolucionando, los humanos no siempre caminamos o nos relacionamos de la misma manera, y este análisis de la ciencia viene a decirnos por qué.

Un nuevo estudio internacional liderado por la Universidad de Harvard y publicado en la revista Nature revela que nuestra pelvis actual es el resultado de múltiples cambios genéticos y evolutivos que hicieron posible que nuestros antepasados caminaran erguidos.

Qué revela el estudio sobre la evolución de los humanos al caminar

A diferencia de chimpancés o gorilas, cuyos huesos ilíacos son estrechos y verticales, los humanos giramos los huesos de la pelvis lateralmente, creando un cuenco pélvico que sostiene nuestro cuerpo al caminar erguidos. Ese diseño es único y está ausente en otros simios, proporciona penetraciones musculares para equilibrarnos sobre dos piernas y fue esencial para el bipedalismo.

Gayani Senevirathne y Terence Capellini mustran diferentes pelvis
Del lado izquierdo, Gayani Senevirathne sostiene una pelvis humana, que es más corta y ancha, mientras Terence Capellini muestra los huesos superiores de la cadera de primates, que son más largos.

Del lado izquierdo, Gayani Senevirathne sostiene una pelvis humana, que es más corta y ancha, mientras Terence Capellini muestra los huesos superiores de la cadera de primates, que son más largos.

Para nosotros es algo normal, pero poder caminar sobre dos piernas es una bendición que nos permite a los humanos mantener el equilibrio al caminar o correr, mientras trasladamos el peso de una pierna a otra. Acá es donde entra la pelvis, la estructura ósea que se encuentra dentro de las caderas, los glúteos y la región púbica. Quizá te preguntes cuál es la relación entre la pelvis y caminar, y la verdad es que hay mucha similitud. Sin ella no habría evolución ni tendríamos la forma de caminar que hoy tenemos.

El estudio desarrollado por Terence Capellini, profesor y director del Departamento de Biología Evolutiva Humana de la Universidad de Harvard, identificó dos cambios genéticos y de desarrollo que reestructuraron la pelvis humana, diferenciando a los primeros homínidos de otros primates y haciendo posible la locomoción bípeda.

El primer cambio se trata de la rotación del ilion (7 semanas). La placa de crecimiento del hueso ilíaco gira unos 90º en el embrión humano, dejando de crecer en vertical (como en los monos) y expandiéndose lateralmente. El resultado es un ilion más ancho y corto, base de una pelvis en forma de cuenco adaptada a la marcha bípeda. Por otro lado, tenemos la osificación tardía (24 semanas).

La mineralización del ilion se retrasa varias semanas en humanos. En lugar de endurecerse desde el interior, el hueso se forma primero por fuera y mantiene flexibilidad interna. Esto permite que la pelvis conserve su expansión lateral durante más tiempo, lo que facilitó el nacimiento de bebés con cráneos más grandes al ofrecer un canal pélvico más amplio.

Estos cambios moleculares fueron posibles por genes reguladores como SOX9, RUNX2 o PTH1R, que modificaron cuándo y cómo se depositan las células óseas en el ilion (el hueso superior de la pelvis). En conjunto, esas dos transformaciones embrionarias explican la morfología corta y ancha de la pelvis humana, muy distinta a la de otros mamíferos.

la evolución de la pelvis humana
El estudio revela cómo la evolución de la pelvis humana facilitó el caminar erguido.

El estudio revela cómo la evolución de la pelvis humana facilitó el caminar erguido.

Ventajas evolutivas del bipedalismo

Caminar erguidos libera las manos para cargar objetos y fabricar herramientas, pero también ofrece ventajas biomecánicas: al desplazarse sobre dos piernas se reduce el esfuerzo metabólico en largas distancias. Como señalan los estudios, la pelvis permite moverse con menor gasto energético y portar alimentos más lejos que otros primates Además, mantenerse erguido amplía el campo visual y facilita regular la temperatura corporal bajo el sol.

Otro beneficio crítico estuvo en el parto: la pelvis ancha creada por esos cambios embrionarios facilitó el nacimiento de bebés con cerebros más grandes. Un canal de parto más espacioso reduce el riesgo al dar a luz, una ventaja que acompaña el desarrollo cerebral acelerado en nuestra línea evolutiva.

Desde los primeros homínidos hasta Homo sapiens, caminar sobre dos piernas marcó un antes y un después: es uno de los rasgos más definitorios de la especie que, silenciosamente, cambió la forma en que nuestros antepasados vivieron, exploraron el mundo y dieron paso a la humanidad moderna.

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