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"Topos", la historia de Alconada Mon sobre los espías rusos infiltrados en Argentina y que pasaron por Mendoza

Talentoso investigador y periodista, Hugo Alconada Mon publicó recientemente Topos donde pone en perspectiva a los servicios de inteligencia argentinos

Editado por Andrés Gabrielli

La pasión -sumada al talento- por investigar, por ir a fondo en sus pesquisas, ha nutrido la carrera de Hugo Alconada Mon (La Plata, 1974), primero como periodista, y ahora también como autor.

Hasta tal punto le ha dado frutos que sus tres últimos títulos han sido número uno en ventas, bestsellers.

El más reciente de ellos, Topos, curiosamente, no tiene nada de ficción. Es más, él debe aclarar a cada paso que la historia que cuenta sobre dos espías rusos infiltrados en la Argentina es completamente real.

Cuesta creerlo, porque parece un argumento típico de las novelas -o películas- inspiradas en los servicios secretos.

Al mismo tiempo que Hugo rebela esta sugestiva trama, pone en perspectiva la acción de los servicios de inteligencia argentinos. Con luces y sombras.

Las luces las aportan aquellos profesionales que, aunque no pareciera, cumplen acabadamente su tarea en beneficio del país.

La parte oscura opera en la ilegalidad y apunta a la manipulación. Como el propio Alconada Mon sufrió, y tal vez siga sufriendo, en carne propia.

Embed - Hugo Alconada Mon presentación de Topos

Desde Buenos Aires dialoga, una vez más, con el programa La Conversación de Radio Nihuil.

-Este es un momento complicado, incluso para nuestra profesión. Pero para los analistas y para los investigadores como vos debe resultar fascinante porque tienen mil cosas para mirar.

-Sí, sí. Para mí es un periodo interesantísimo, porque hay múltiples novedades, revelaciones, aristas, casos. Es uno de esos periodos muy intensos, pero que, para nosotros, como periodistas profesionales, es también riquísimo.

-Sobre todo para un sabueso como vos, porque te vas hundiendo en intersticios de la realidad donde, por lo general, no se mete nadie.

-En este caso, ahora, durante los últimos meses, yo tengo como tres sombreros simultáneos. Por un lado, la investigación sobre los espías rusos en la Argentina; por el otro lado, el caso Libra; y finalmente, toda la faceta del espionaje ilegal en la Argentina.

-Además, todos esos son temas que se conectan, por algún lado.

-Y en un aspecto que a mí me genera hasta rechazo, que es toda la faceta de los sótanos o las cloacas del Estado argentino. Es aquello que, por lo general, está por debajo de la superficie y que entonces uno solamente puede verlo y empezar a tirar de la cuerda recién cuando alguno de esos protagonistas, de esos topos, de esos que están por debajo de los radares, comete un error y queda expuesto. Ahí es donde uno puede empezar a tirar.

-Hay un contraste notable. Vos hablás de las cloacas del Estado argentino y, para nosotros, los tipos que se mueven por ahí son como ratas de albañal. En cambio, como bien contás en tu libro, los topos rusos del espionaje ilegal son considerados héroes de la patria.

-Es que ahí también hay, primero, distintas miradas y, segundo, distintas prácticas. ¿Qué quiero decir? En Rusia, el término que utilizan para aludir a los espías puede también traducirse a la palabra explorador, como Marco Polo. Es aquella persona que yo envío a explorar qué está ocurriendo en aquel lugar que no conozco. Un lugar del que necesito información para que me informe qué puede ser amenazante o qué puedo yo utilizar para mi provecho.

-Sí, información clave.

-De hecho, son dos los grandes espías de todos los tiempos más reconocidos en Rusia. Uno, que estaba en Japón (Richard Sorge) durante la Segunda Guerra, le informa a Moscú que ese país no va a invadir Rusia. Eso le permite a la Unión Soviética concentrar todo el Ejército Rojo para detener a los alemanes. ¿Cuánto vale esa información?

-Vale oro, ni qué hablar.

-Y el otro gran espía (Klaus Fuchs) estaba desplegado en los Estados Unidos, roba toda la información sobre cómo construir una bomba nuclear y se la provee a Moscú. Otra vez, ¿cuánto vale esa información?

-Extraordinaria, también; invaluable.

-Entonces, lo que tenés para la Unión Soviética antes, para los rusos ahora, es que un espía está subsumido dentro de ese concepto, el del héroe que va a buscar afuera información valiosa, el que anticipa si un enemigo puede atacar o no atacar y demás.

-¿Y nosotros qué?

-En el caso de la Argentina estamos, lamentablemente, acostumbrados a la cosa más de la KGB, que es esto del espía que te espía al político de turno, al opositor, al periodista. Para nosotros, si alguien te dice "soy espía", vos te parás más firme y decís "¡uy, Dios mío, con quién estoy sentado!".

Hugo Alconada Mon1

"En Argentina está el que te espía al político de turno, al opositor, al periodista", dice Hugo Alconada Mon.

-Sí, no queda otra.

-Pero dejame agregar algo más. En parte es injusto esto, porque hay agentes de inteligencia en la Argentina muy valiosos. Por ejemplo, nosotros tenemos algunos de ellos que durante años se abocaron, incluso en la Triple Frontera, tratando de impedir que ocurriera un tercer atentado. Entonces, esos hombres y mujeres han hecho cosas muy valiosas por el país. Por eso también es injusto subsumir a todos los espías argentinos como piratas del asfalto.

-Eso lleva a pensar que habría que escribir un libro sobre los buenos espías argentinos para lavarles la cara, porque uno no conoce a nadie, de ese palo, que te resulte grato. Todos nos hacen fruncir el ceño.

-Es que tenemos un problema, ¿sabés cuál es?

-¿Cuál?

-Que nosotros podemos hablar de los que hacen macanas, porque como hacen macanas, salen a la luz, terminan siendo investigados, se conoce su nombre. Entonces nosotros no tenemos problemas en revelar ese nombre, porque ya lo hizo la Justicia. Pero, como te decía respecto de aquellos que han participado en operaciones sensibles en la Triple Frontera entre Argentina, Brasil y Paraguay, no podemos revelar sus nombres porque lo podemos poner en riesgo.

-Se entiende perfectamente.

-Ahora bien, en este caso puntual, el de los espías rusos que vivieron entre nosotros entre 2009 y 2022, hubo un equipo de inteligencia argentino que desarrolló una muy buena labor, encontró datos muy valiosos y los envió a Eslovenia que, a su vez, con esa información, pudo condenar a los rusos. A tal punto fue bueno el laburo de este equipo argentino, que recibió la máxima condecoración del espionaje esloveno. ¡Es la primera vez en la historia que un extranjero recibe esa condecoración!

-Todo un mérito, sí.

-Yo vi la condecoración y el diploma. ¡Y no puedo dar los nombres, porque son secretos!

-Una lástima, en resumidas cuentas, porque, como contás en el libro, Vladimir Putin, que se formó en el espionaje, valora muchísimo a sus cuadros. Muchos de ellos son mencionados como héroes de Rusia, son como San Martín y Belgrano.

-Claro. Tenés, por ejemplo, el caso de (Max Otto von) Stierlitz y demás. Invitemos además a lo que nos están escuchando que presten atención ahora sobre este punto. Estamos hablando, como decía, de dos espías rusos que vivieron en la Argentina entre 2009 y 2022.

-¿A qué vinieron, en principio?

-Vinieron a construir su fachada, la "leyenda" de ser argentinos. Pero ¿a qué voy con esto? Invito también a los oyentes a olvidarse del estereotipo occidental del espía.

-¿Cuál estereotipo?

-El de James Bond. Es decir, el que entra a la reunión y lo primero que hace ¡es que se identifica, el genio! Entra y larga: "Hola, soy Bond. James Bond". Y guiña al ojo, como diciendo "sí, soy yo".

-Canchero, el tipo.

-Y va con smoking, maneja un auto descapotable, se pide un gin tonic, se encara a la señorita más bonita del boliche.

-El espía farolero...

-¡Y no! Es todo lo contrario ser espía. Estos hombres y mujeres son de bajo perfil. Entonces utilizan ropa muy suave, que no llama la atención. No manejan un auto descapotable. Acá se compraron el auto más vendido de la Argentina durante la última década. Un Volkswagen Gol Trend 1.6 negro, ¡sin calcomanías! Ni siquiera con las calcomanías llaman la atención.

-He aquí los verdaderos espías.

-Estás hablando de esos hombres y mujeres que, si vos y yo estuviéramos en la vereda, tomando un cafecito en Mendoza, y pasan por delante de nosotros, en cinco minutos nos olvidamos de que pasaron por ahí.

-Vos lo describís en diversos tramos de tu libro. La clave de estos tipos es ser grises, ser un donnadie.

-Claro. Es que, en definitiva, si vos estuvieras conmigo o con los oyentes en el shopping más populoso de la ciudad de Mendoza, ¿quién nos llamaría la atención? Probablemente la chica con unas calzas amarillas o el pibe que viene con un papagayo en el hombro derecho.

-Los que destacan, los que se hacen ver.

-Ahora, si yo dijera, ¿quién no te llamó la atención?, ni siquiera vas a poder responderme porqué. Porque, precisamente, como no te llamó la atención, no lo recordás. Ese es el truco.

-Hay algo paradójico, en todo esto. En realidad, a los dos espías rusos en la Argentina les vino bien que los descubrieran porque, primero, los blanquearon y los sacaron del anonimato. Después, los recibió Putin en persona, los transformaron en héroes de su país y los condecoraron.

-Hasta cierto punto, sí. Fue un asunto muy especial el de ellos. Pero aclaremos algo más. Estamos hablando de un caso absolutamente real. Vos y yo, como periodistas profesionales, en varias ocasiones hemos lidiado con esos episodios en donde la realidad supera la ficción.

-Difíciles de creer.

-Es cuando volvemos a nuestras casas o nos juntamos a tomar una cerveza con nuestros amigos. Ahí vos decís: ¿sabés que pasó esto, esto y esto? Y la respuesta de tus amigos o de tu pareja, burlándose, es... "¡no, no, no!". Entonces tenés que mostrar fotos y todo lo que esté a tu alcance.

-Típico. Ver para creer.

-Me pasó hace poco, cuando fui a Córdoba y les conté. Dije: vinieron acá, los espías rusos estuvieron acá en Córdoba, que esto y lo otro, etcétera.

-¿Qué te respondieron los cordobeses?

-¡No! No puede ser, Hugo. Entonces mostré la foto de él, en una selfie, frente a la estatua de San Jerónimo a la vuelta de la Catedral de Córdoba. ¡Se pudrió todo! ¡Se armó un tole tole! (risas).

-No era para menos.

Hugo Alconada Mon2

Alconada Mon en una feria del libro.

-Y lo mismo te cuento a vos. Si querés te doy una revelación, porque lo tengo acá, delante de mí. Él estuvo en Mendoza, entre el 8 y el 10 de noviembre de 2009. Como mínimo.

-¿Haciendo qué?

-Paseando, armando la fachada, precisamente, de un espía que en realidad quiere mostrarse como un turista. Y entonces va a cada lugar.

-O sea, fue parte de un periplo.

-Hizo un viaje. Fue a Córdoba, fue a Mendoza, siguió a Chile, volvió a Mendoza y continuó. Así que sí.

-Capaz que hasta nos lo hemos cruzado, pero, como se ve en las fotos de tu libro, el peladito no llama para nada la atención.

-Vos sabés que tuve acceso a videos, que estoy esperando a ver si puedo mostrarlos o no. Cuando ellos hablan en español, sí tienen un dejo final extranjero; pero hablan, incluso, con la elle, como la usamos nosotros: pollo, zapallo, yo.

-O sea, pronuncian la ye porteña.

-Sí.

-Al final de la historia, después de haber estado presos, terminan como grandes personajes. ¿Qué fue lo importante que hicieron acá y en Eslovenia para recibir una condecoración?

-Lo que hay que tener en cuenta es la inteligencia o astucia de Vladimir Putin para convertir algo que pudo ser vergonzoso o incluso una derrota -"me engancharon a mis espías"-, en una operación de inteligencia o una operación de propaganda interna y externa.

-Una operación marketinera.

-Como diciendo hacia adentro: ¡Estos son nuestros héroes que lo dieron todo por la patria! ¡Que pasaron un año y medio en prisión y sus hijos en un orfanato, maltratados por los eslovenos! ¡Medalla al valor y al coraje por no haber confesado, no haberse quebrado y haber mantenido los estándares! Eso es mercado interno.

-¿Y hacia afuera?

-Y para el mercado externo, vos ves bajar por la escalerilla del avión a los espías que Rusia recupera, que estaban detenidos en Estados Unidos, en Noruega, en Brasil, en la Argentina, en Alemania, etcétera. Los ves bajar y decís: ¡mirá todos los que son! Con lo cual, la primera idea que te viene a la cabeza es: ¿y cuántos más habrá? ¿Y dónde están? ¿Y quiénes son? Eso es lo que busca Putin, generarte el efecto de paranoia.

-En líneas generales, nosotros, gracias a las películas y las novelas, hemos cultivado una imagen fascinante del espía, sobre todo en torno a las guerras de Europa. ¿Hoy, grosso modo, a qué se dedica esa gente? ¿Dónde está su punto de acción más importante?

-Información e influencia. Información, en el caso de la Argentina. Ellos vinieron acá a construir su "leyenda", la mentira de ser argentinos, para después irse a Eslovenia a espiar. Pero, además, acá estuvieron espiando.

-¿Qué tareas tuvieron haciendo en Argentina?

-Por ejemplo, espiaron a tres mamás del colegio. Y yo me imagino a los oyentes diciendo: ¡Dale, Nicolás!, ¿las mamás del colegio? ¡Dale, afloja!

-Es cierto, suena a poco.

-No, no, no. A ver, oyentes de la radio, si yo ahora les preguntara a ustedes, ¿cuáles son los tres colegios más importantes de la localidad donde ustedes viven? ¿Por qué? Porque van los hijos de los ricos y famosos o de los funcionarios, porque es el colegio más tradicional, lo que sea. Si hacemos una encuesta entre nosotros, podríamos ponernos más o menos de acuerdo en los cinco colegios más importantes. Bueno, esa misma pregunta se la hacen los rusos.

-Así se entiende su itinerario.

-Buscaron el colegio, seleccionaron, llevaron a sus pibes. Para que después los chicos se hagan amigos de quienes quieran allí. Pero después ellos, los padres, los espías, a la salida del colegio, en las actividades extracurriculares, en las reuniones de padres, se fueron acercando a determinados papás y mamás.

-Ahí cosechaban.

-Y así es como mandaron reportes encriptados a Moscú sobre tres mamás. Una trabajaba con una empresa petrolífera, la otra con una empresa gasífera y la tercera con una empresa de insumos petrolíferos. Las tres, de Vaca Muerta.

-Oído atento, entonces.

-Si en alguna oportunidad, conversación va, conversación viene, una de esas mamás dijo "me tengo que ir ahora para Vaca Muerta porque parece que encontramos un nuevo yacimiento y hay que hacer una licitación; va a ser una licitación grande, como de quinientos palos verdes", etcétera, ¿cuánto vale esa información?

-Ahora bien, ¿cómo se manejan los espías en relación con sus respectivas familias? En general, tenemos entendido, no pueden decirle nada a nadie, pero hay matices, ¿no?

-Es un largo proceso de aprendizaje, porque estás hablando de un programa del SVR (Sluzhba Vneshney Razvedki), el servicio de espionaje ruso para el exterior, que lleva cien años. Y han ido aprendiendo de sus errores. Entonces hoy están en la cuarta fase.

-¿Por qué? ¿Qué significa la cuarta fase?

-En la primera fase, mandaban espías varones solos. ¿Cuál es el problema? Que se enamoran en el país de destino. ¿Riesgo? Que digan chau, me quedo acá. O, si no, que después se terminan peleando con la pareja y la pareja dice: "Mi ex es espía de Moscú". Punto.

Hugo Alconada Mon3

Una de las tantas distinciones entregadas a Hugo Alconada Mon.

-Ok. Entendida la fase uno.

-Fase dos, vamos a mandar entonces a parejas desde Moscú. Listo. Traeme al mejor espía varón, a la mejor espía mujer. Preséntense. Salgan. ¿Ventaja? Que vas a tener un efecto sinérgico, porque los espías se potencian entre sí y que esto y que el otro. Ahora, el riesgo es que se lleven a las patadas. ¿En qué vas a terminar? ¿Con Moscú como terapista de pareja? ¡Es una locura! (risas).

-Siguiente fase.

-Fase tres: vamos a mandar a parejas que son realmente parejas, como es este caso en particular, por ejemplo. Son realmente un matrimonio. Por lo tanto, tenés espías profesionales que se conocen, confían entre sí, se potencian entre sí y todo.

-¿Cuáles son los riesgos?

-Primero, tienen sexo. Y dos, tienen pibes. Otro riesgo.

-¿Y por qué todo esto es riesgoso?

-Hubo un operativo en 2010, llamado Ghost Stories. Si lo buscan en Internet lo pueden encontrar. Historias de fantasmas. El FBI hace una redada, detiene a múltiples sospechosos de espías para Rusia, los lleva a tribunales y allí muestra las pruebas. Entre otras pruebas, habían plantado micrófonos, con orden de un juez federal competente, en las viviendas de los sospechosos. Y engancharon a una de las parejas que, en el momento de ponerse cariñosos, hablaron en ruso.

-¡Bingo!

-Entonces, como estas eran audiencias públicas, hubo alguien que tomó nota, le reportó a Moscú. Y Moscú, a la siguiente generación de espías, hombres y mujeres, les dijo: ustedes, estúpidos y estúpidas, cuando tengan sexo cierran la boca, ¿entendieron?

-A propósito de esto, tu libro se cierra con una larga entrevista que les hacen a los dos espías protagonistas, por parte de la televisión rusa, una vez que ya han vuelto al país y donde cuentan que ellos eligieron no informar de su tarea a la familia y eligieron también tener hijos. Es decir que cuentan con cierto margen de elección.

-Y el dilema moral posterior derivado de tener pibes.

-Que humanamente es duro de afrontar.

-A ver, vos estás con tu pareja, sos espía argentino desplegado en el exterior, pero tenés que ocultar tu nacionalidad, entonces te hacés pasar por uruguayo. Fenómeno. Y tenés chicos. ¿Les contás la verdad? ¿Les decís, por ejemplo, que estás en Alemania, en realidad, espiando? Es un riesgo. Para ellos también.

-Igual te pica la duda.

-Claro, porque te decís que ellos tienen derecho a saber la verdad y su verdadera identidad. O derecho a saber que tienen abuelos, por ejemplo. ¿Cuándo se lo decís, entonces? ¿A los seis años? Porque el riesgo es que tu chico, a esa edad, le cuente a un compañerito del colegio: "Mi papá es espía".

-Y todo se derrumba.

-Entonces decís, bueno, ok, se lo digo a los quince, en plena adolescencia, con crisis de identidad. Y el pibe o la piba se lo cuenta a su noviecito o noviecita, con el riesgo que eso conlleva. Por lo tanto, no se lo cuento hasta que sea maduro emocional y psicológicamente. Ok, ¿cuándo? ¿A los dieciocho, los veinte, los veintiuno?

-¿Y qué puede pasar ahí?

-Que cuando vos le digás a tu hijo tu verdadero nombre, ¿cómo va a reaccionar? Te puede decir: "Pedazo de hijo de una gran puta, me mentiste durante dieciocho años, me negaste la crianza real mía con mis abuelos, mis primos, en mi verdadero lugar". Se trata de perder o perder. Es un dilema moral horripilante. Y ellos han vivido esto.

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Firma de libros por parte de Alconada.

-Todo esto nos remite a una serie que cuenta, tal cual, la problemática que has desarrollado: The Americans. Tu trama es parecida, pero en Argentina. Es notable como, en este caso, la realidad copia al arte.

-¿Vos sabés que me han hablado de esa serie mientras que yo escribía este libro?

-¿Cómo reaccionaste?

-Vi el primer capítulo de la saga y frené porque dije: no quiero que la ficción contamine el libro. Yo, a su vez, lo que quería era que al lector o lectora de Topos le quedara absolutamente claro que en este libro no hay absolutamente nada de ficción. Y como la realidad supera la ficción, a propósito le exigí a la editorial que incluyera fotos, aunque el costo del libro fuera más caro, porque en varias ocasiones me decían, "esto no puede ser". Y aquí das vuelta la página y está la foto de los tipos sobre los que te estoy contando.

-Es cierto que cuesta no pensar que te has inventado, al menos, una parte de la historia.

-Es todo el tiempo así. Te doy un ejemplo de lo que estamos hablando, algo que no está en el libro. Te vas a reír.

-Somo todo oídos.

-Estoy dando una charla por este libro y viene un diplomático que me cuenta una anécdota de un embajador argentino. ¿En serio!, le digo. Entonces decido rastrear al personaje en cuestión.

-¿Quién era el tal embajador?

-Guillermo González, que llegó a ser embajador argentino ante la Casa Blanca. O sea, estamos hablando de alguien de primer nivel. Entonces, cuando lo localizo le pregunto por la anécdota: ¿es cierto o no es cierto? "¿Cómo se enteró!", me responde. Empezamos a reír y me la cuenta completa.

-Y ahora vos nos la contás a nosotros.

-Y la anécdota es esta. Cuando nuestro embajador estaba haciendo sus primeros palotes como diplomático, en los años setenta, ponele, llega a Lima. Está en una de esas reuniones típicas y se presenta en el pasamanos de las delegaciones. Y aparece uno que le dice: "¡Qué hacés, pollo! ¿Cómo andás, titán?". Al segundo encuentro, lo encara a este hombre: "Perdón, vos hablás como argentino. ¿Para qué embajada trabajás? ¿Sos hijo de argentino?". Y el tipo le responde: "No, papá. Yo soy ruso".

-¿Entonces?

-Se ríe y le pregunta: "¿Qué estás haciendo? ¿Por qué hablás como nosotros, como argentino?". "Porque -explica el ruso-, en el plan original, me iban a desplegar como espía en Argentina. Pero, bueno, la burocracia soviética me terminó mandando a Perú. La cosa es que, mientras estaba armando toda la fachada de ser argentino, me tuve que aprender, por ejemplo, todas las formaciones de Racing desde la fundación del club".

-¡Guau! Qué minuciosa preparación.

-El flaco terminó siendo hincha fanático de Racing. Ante eso, Guillermo González le dice: "A ver, decime Racing, formación de 1951". El otro le larga... "formábamos con"... ¡Y le tira todo el equipo! Este es el nivel de profesionalismo de estos tipos.

-Es muy bueno, entonces, ante estos personajes increíbles, que hayás puesto fotos en tu libro, porque tus espías rusos resultan mejores todavía que los ficticios de The Americans. En la serie, el hombre se parece al tuyo, pero la chica es muchísimo más atractiva y llamativa que la espía real.

-¡Claro! Es Keri Russell. Acá estamos hablando de otra cosa. Ellos se definen a sí mismos como soldados. Ellos son soldados en el frente invisible. Ellos se encuadran como herederos de la Unión Soviética.

-Les queda esa impronta, qué curioso.

-Alguien podría objetar: ¡Pero si cayó el muro de Berlín!, ¿sos estúpido? No, no, no. Ellos se encuadran a sí mismos como herederos de una historia rusa que lleva setecientos años; a su vez, Rusia es heredera del Imperio Romano. Ellos se definen como si Moscú fuera la tercera Roma.

-¿Tanto!

-No estoy bromeando. En cuanto al concepto mental de estas personas, hombres y mujeres, tienen otro chip mental distinto al nuestro. Es otro recorrido.

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Hugo Alconada Mon recordó cómo fue seguido por espías en Argentina.

-¿Qué pasa, Hugo, cuando, como investigador, ves toda esta trama y resulta que ha habido momentos en que vos mismo ha sido parte de la trama? Me refiero a esos episodios durante la época de Macri que fueron reflejados en The New York Times. ¿Te quedó algún resquemor por esas acciones de los espías en donde terminaron involucrados hasta a tus viejos?

-A ver, yo trabajo en este oficio desde 1999 y uno de los mejores consejos que me dieron fue de Lito Vega, un gran veterano periodista del diario La Nación. Me dijo una vez: mantenete alejado de los servicios de inteligencia y en particular de la SIDE como si fuera de la peste.

-¿Y le hiciste caso?

-He seguido ese consejo. Pero lamentablemente me lo termino chocando una y otra vez.

-¿Por qué te resulta tan fatal?

-¿Qué quiero decir? En esta historia de los espías rusos, yo no estaba investigándolos a ellos. ¡Me choqué con la historia! Empecé a tirar de la cuerda y no paré más. Y, en el mismo sentido, por ejemplo, yo estaba investigando el rol de Ángelo Calcaterra, el primo de Mauricio Macri, en la operatoria de pago de sobornos del gigante brasileño Odebrecht en la Argentina y empecé a encontrar información.

-Imposible mirar para otro lado.

-Es que incluso aparecieron protagonistas que confesaron el pago de esos sobornos y el rol de Calcaterra y el rol de su mano derecha, Sánchez Caballero, y el rol de... y el rol de... Salió todo a la luz, fue un escándalo, hubo condenados en Brasil.

-¿Y acá qué?

-Acá en la Argentina, obviamente es otra historia. Estamos recién todavía en la etapa de procesados. Pero, en definitiva, eso termina derivando en la activación de un grupo, el Super Mario Bros, que terminó, a su vez, tratando de identificar quiénes eran mis fuentes.

-Ahí empezaron a joderte de verdad.

-Es larga la historia, pero terminaron haciendo seguimientos de mis padres, de mi mujer, de mis chicos, siendo menores de edad; sacando fotos de mi casa, de mi auto, siguiéndome a mí mientras que yo conducía, siguiéndome a mí mientras que iba a los tribunales federales de Comodoro Py para ver con qué jueces hablaba. Toda una cosa bizarra.

-¿Te duele?

-Sí. Sí. ¿Por qué? Porque vos y yo somos periodistas profesionales y asumimos las consecuencias de nuestros actos. Lo que duele es cuando las consecuencias las sufre la familia, mis hijos menores de edad. Porque, si estás enojado conmigo, agarrátelas conmigo. ¿Querés ver quiénes son mis fuentes? Y, bueno, esas son las reglas. No me gustan. Y es ilegal. ¡Pero que te pongas a averiguar sobre mis hijos! Ahí sí duele.

-Cerramos, pero con algo actual. Hay un posteo tuyo en X que dice, textualmente: “La SIDE elabora informes secretos sobre las actividades y movilizaciones que protagonizan líderes políticos, sociales y sindicales de todos los espacios, con una salvedad: no reporta datos sobre La Libertad Avanza, ni el PRO”. ¿Está muy oscura esa trama?

-Sí, porque, además, lo que tenemos como inquietante allí es la existencia de un plan de inteligencia nacional. Es un documento secreto de 170 páginas cuya copia tengo y cuyo contenido, no todo, la parte sensible de seguridad nacional, no la rebelé.

tuit Hugo Alconada Mon

-¿Y dónde está el punto crucial?

-Hay un tramo que expuse que entreabre la puerta para espiar de manera ilegal a políticos, economistas, movimientos sociales, periodistas. Y lo que estamos viendo ahora es el traslado a la acción de ese documento, de esa orden general.

-La última. Ya vas por la quinta edición de Topos. ¿Cuál ha sido el más exitoso de todos tus libros, a partir de que te pusiste firme en plan de escritor? Estamos hablando, también, de La ciudad de las ranas y de La cacería de Hierro.

-Ha sido una bendición y una sorpresa maravillosa. Los tres se han convertido en número uno, en bestsellers, en los libros más vendidos de la Argentina.

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