La enfermedad de Parkinson suele asociarse de inmediato con el temblor involuntario de las manos o la pérdida de la agilidad. Sin embargo, la ciencia médica viene advirtiendo que los primeros síntomas de esta patología son más comunes de lo que parecen y pueden pasar desapercibidos.
En su definición, el mal de Parkinson es un trastorno neurodegenerativo y crónico del sistema nervioso central. Ocurre cuando las neuronas encargadas de producir dopamina en el cerebro mueren o se deterioran, provocando problemas cognitivos que empeoran con el tiempo.
El primer síntoma que detecta el Parkinson
En una reciente entrevista, el doctor en Ciencias Biológicas e investigador argentino Juan Ferrario desmitificó las creencias comunes sobre la enfermedad, revelando el primer síntoma detectable.
Para sorpresa de muchos, no se trata de los temblores, ni tampoco de la pérdida del olfato, que son dos de los síntomas comunes e iniciales.
Sin entrar en rodeos, y siempre según el especialista, el primer síntoma de esta enfermedad puede ser la rigidez muscular. Una manifestación temprana que genera una resistencia constante en las articualaciones.
"En las etapas iniciales, este síntoma resulta muy difícil de detectar", advierte Ferrario. Al no presentar el temblor clásico, muchas personas postergan la consulta médica, lo que retrasa un diagnóstico temprano.
Según el análisis del experto, “en estas situaciones particulares, la enfermedad puede manifestarse mucho antes de lo previsto. Incluso a partir de los 10 años o en la franja de los 30 a 40 años”.
Para comprender el impacto de esta enfermedad, es fundamental separar las señales clínicas de los mitos sociales. Otros de los síntomas físicos son los que se muestran a continuación:
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Bradicinesia: lentitud generalizada para realizar movimientos cotidianos (como abotonarse la camisa).
Temblor en reposo: aparece habitualmente cuando la extremidad está relajada y desaparece al hacer una acción voluntaria.
Inestabilidad postural: dificultades en el equilibrio que suelen surgir en etapas más avanzadas.
Las señales silenciosas del Parkinson
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Pérdida del olfato: dificultad repentina para percibir olores cotidianos sin causa aparente.
Trastornos del sueño: actuar físicamente las pesadillas dando patadas, puñetazos o gritos al dormir.
Estreñimiento crónico: una alteración severa y prolongada en el ritmo de la digestión.
Cambios de ánimo: aparición inexplicable de depresión, ansiedad, apatía o falta de motivación.
Letras más chicas: la escritura se vuelve progresivamente pequeña, apretada y difícil de leer.
Voz muy baja: hablar en un tono inusualmente débil, monótono o como un murmullo.
Rostro inexpresivo: pérdida de la gesticulación facial espontánea, pareciendo siempre serio.
Cansancio continuo: sentir una fatiga profunda y dolores articulares que no alivian con el descanso.



