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Historia de vida

Tocaba un bandoneón de cartón y todo un pueblo se unió para que ganara uno real

Mateo Cruz es un niño de Jujuy que soñaba con tocar el bandoneón pero su familia no contaba con los recursos económicos para comprarlo. Su historia

Por UNO

Mateo Cruz tenía 8 años cuando se enamoró. Vive en Purmamarca, provincia de Jujuy. Allí va a una escuela de música. Una tarde, mientras se preparaba para una clase sicu escuchó el sonido de un bandoneón. Nunca antes lo había oído. Fue amor a primera vista. Le pidió al profesor aprender a tocarlo. Ni siquiera sabía como se llamaba ese instrumento, pero eso no importaba. Sin embargo, su sueño chocaba con la realidad económica de su familia.

Pasó el tiempo. Su sueño seguía latente, su barrera también. "A los niños les cuesta acceder a sus propios instrumentos, Mateo había empezado a estudiarlo unos meses antes de la cuarentena, lo que nos obligó a adaptarnos y aprender sobre la tecnología para seguir enseñando a la distancia. Incluso les enseñé a armar un bandoneón con cajas de tetrabrik y de zapatos para que no perdieran la digitación aprendido", explicó Alexzander Cruz, profesor de la Orquesta Siete Colores de Purmamarca que tiene clases en la Escuela N° 21 “Pedro Goyena” de la ciudad.

"Siempre le gustó la música y me pidió ser parte de la orquesta. Así empezó a estudiar los instrumentos de viento para peregrinar como sicuri. Lo anoté en la Orquesta Siete Colores de Purmamarca donde más tarde conoció el bandoneón", completó Verónica, la madre del pequeño.

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Pasaron los meses y Mateo seguía enamorado. "Yo les prestaba a los niños mi bandoneón y lo íbamos rotando para que todos pudieran estudiar tocando el instrumento que, a diferencia de Buenos Aires, no se lo ejecuta para tocar tango sino nuestra música como el carnavalito, la zamba, el bailecito, el gato y la chacarera", aclara el profesor.

Cuando llegó la pandemia, todo se complicó. La mayoría de los niños no tenía internet y debían salir a la calle para captar la señal de wifi de algún que otro comercio. Allí fue que el profesor les enseñó a armar un bandoneón con cartón para que no olviden lo aprendido.

El amor de un bandoneón

Pero hace unas semanas los planetas parecieron alinearse. El profesor se enteró que el Taller Galván, que pertenece a un grupo de luthiers, iba a sortear uno poe Instagram. La idea era que la gente votara a quién debía ser regalado el bandoneón. Cruz nominó a Mateo.

Habia otro problema. La gente debía votar por Instagram. "Eso es una cosa nueva en el Norte, porque no conocíamos esa aplicación y no lo sabíamos manejar, pero todos lo instalamos y comenzamos a votar para que ganaran. Purmamarca es un pueblo muy chico donde la gente no maneja internet, por lo que debimos convocar a periodistas locales para que nos ayudaran a difundir", explicó.

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El grupo de Luthiers que sorteó el bandoneón

El grupo de Luthiers que sorteó el bandoneón

El 10 de enero se confirmo que Mateo era el ganador. Él saltó de la felicidad. Ahora espera que su bandoneón llegue en febrero de la mano de las mismas personas que lo refaccionaron y lo sortearon.

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