El ingenio argentino tiene sobre todas las cosas espontaneidad, y bastó una necesidad surgida de un hecho trivial, para que Christian Navhtoft ideara una solución sustentable, económica y práctica. En un congreso sobre energías renovables realizado en 2006 en Mar del Plata, surgió la necesidad de tomar mate. Los pasos a seguir eran ir a un parador en la playa y hacer llenar el termo de agua caliente. Allí se le encendió la lamparita al ingeniero especializado en energía solar, e inventó el termo solar, que en 30 minutos de exposición al sol eleva la temperatura del agua al punto de ebullición.

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Rápida, limpia y gratuita es la energía solar, y el ingeniero y docente doctorado por la Universidad Nacional de San Martín, supo como aprovecharla. Junto a un equipo de trabajo, entre ellos el diseñador Nicolás Humphreys crearon un termo que con solo exponerlo al sol calienta el agua.

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Este proyecto fue finalista de diversos concursos nacionales e internacionales, después de nueve años de desarrollo y perfeccionamiento, ya se comercializa. Existen tres marcas disponibles: una, la de los creadores: Solarmate, y otra, Kushiro, y una rosarina, Solarsol.

Cómo es el termo

El ingenioso termo tiene un mecanismo para abrir la carcaza plástica por la mitad y dejar expuesta al sol una ampolla de vidrio (doble), donde está el líquido, y unos espejos direccionales que maximizan el efecto de la luz solar, dispuestos en la carcaza. También puede ser usado como un termo común, que conserva por varias horas el agua previamente calentada.