Historias

Una escuela de Alvear ganó un premio internacional por crear un laberinto con botellas recicladas

La Escuela Nicolás Luna, de Alvear, recibió un reconocimiento internacional por Green Maze, un innovador proyecto ambiental que reutiliza botellas plásticas

Hay noticias que comienzan en un aula de escuela secundaria, entre cuadernos, debates y un grupo de adolescentes que decidió mirar con atención aquello que muchos ven todos los días y pasan por alto. Eso fue exactamente lo que ocurrió en General Alvear.

Lo que empezó como una actividad escolar terminó convirtiéndose en un reconocimiento internacional para la Escuela Nicolás Luna, cuyos estudiantes lograron que su proyecto ambiental Green Maze fuera premiado en la sexta edición de Smart Green Planet, una iniciativa que reúne a escuelas de España y Latinoamérica comprometidas con la sostenibilidad.

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La noticia tuvo un impacto enorme en la comunidad educativa. No era para menos. Entre más de 100 proyectos presentados por instituciones de distintos países, el trabajo mendocino fue uno de los más votados por el público y terminó compartiendo el reconocimiento con propuestas provenientes de España y Perú.

"Estamos muy emocionados porque somos la única escuela de Mendoza y de Argentina que recibió este reconocimiento internacional", resumió Daniela Gómez, una de las docentes que acompañó el proyecto.

Embed - El proyecto ecológico de estudiantes de Alvear premiado a nivel internacional

La emoción tiene una explicación sencilla: detrás de Green Maze hay mucho más que un premio. Hay meses de trabajo, aprendizaje colectivo, compromiso ambiental y una demostración concreta de que los jóvenes pueden convertirse en protagonistas de los cambios que necesitan sus comunidades.

El problema estaba frente a sus ojos, en las acequias

La historia comenzó en las aulas de la escuela durante el año pasado.

Como parte de una propuesta de Aprendizaje Basado en Problemas (ABP), los estudiantes debían identificar una situación real que afectara a su entorno y pensar posibles soluciones.

Los docentes presentaron distintos ejes vinculados al cuidado ambiental, pero la decisión final quedó en manos de los propios alumnos. Entonces ocurrió algo interesante.

Los chicos empezaron a observar con atención los lugares que frecuentan todos los días: las calles, las acequias, los canales de riego, los espacios públicos cercanos a sus hogares y a la escuela.

La respuesta apareció rápidamente. Las botellas plásticas estaban por todas partes. En los canales, en los márgenes de los ríos, en las acequias y en distintos sectores del distrito.

"Ellos detectaron que el problema de las botellas plásticas era una preocupación muy importante. Lo veían permanentemente en los canales de riego, en el río, en las calles y en distintos espacios del ambiente", explicó Gómez.

Identificado el problema, llegó la pregunta más difícil: ¿Qué hacer con él?

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Los chicos pudieron verlo: en los canales, en los márgenes de los ríos, en las acequias y en distintos sectores del distrito había botellas. Y actuaron.

Los chicos pudieron verlo: en los canales, en los márgenes de los ríos, en las acequias y en distintos sectores del distrito había botellas. Y actuaron.

La propuesta no podía limitarse a señalar una situación ambiental. Debía ofrecer una solución innovadora, algo diferente a lo que ya se venía haciendo.

Entonces comenzaron las reuniones, las lluvias de ideas y las discusiones entre los estudiantes. Se anotaron decenas de propuestas. Algunas fueron descartadas rápidamente. Otras avanzaron algunas etapas antes de quedar en el camino.

Hasta que apareció la idea ganadora.

Un laberinto verde de botellas plásticas

Green Maze significa literalmente "Laberinto Verde".

La propuesta consiste en construir un gran laberinto utilizando botellas plásticas recicladas, transformando un residuo altamente contaminante en un espacio educativo, recreativo y de concientización ambiental.

La idea convenció rápidamente al grupo. Pero convertir una ocurrencia en un proyecto concreto requería organización. Allí comenzó otro aprendizaje igual de importante.

Los estudiantes involucrados se dividieron en distintas comisiones según sus habilidades e intereses.

Había quienes redactaban informes, quienes se destacaban en la exposición oral, quienes manejaban redes sociales, quienes diseñaban videos, quienes realizaban ilustraciones y quienes se encargaban de presupuestos y logística.

Cada uno encontró un lugar desde donde aportar. "Los docentes solamente mediábamos. Los íbamos guiando, pero eran ellos quienes tomaban decisiones y avanzaban con las distintas tareas", explicó Gómez.

Toda la información se compartía a través de plataformas colaborativas, documentos digitales y grupos de comunicación donde cada comisión informaba sus avances.

Sin darse cuenta, además de trabajar sobre una problemática ambiental, los estudiantes estaban desarrollando habilidades vinculadas con el trabajo en equipo, la organización, la comunicación y la resolución de problemas.

La sorpresa internacional: un premio

Cuando el proyecto ya estaba consolidado, llegó una noticia inesperada. Green Maze fue seleccionado para participar en Smart Green Planet, una iniciativa internacional que promueve el emprendimiento sostenible entre estudiantes de España y Latinoamérica.

El programa reunió este año a más de 600 alumnos de distintos países y recibió más de un centenar de propuestas vinculadas al cuidado del ambiente.

La competencia era exigente. Los proyectos provenían de contextos sociales, económicos y culturales muy diversos, pero todos compartían un objetivo común: encontrar soluciones creativas a los desafíos ambientales actuales.

Después de una primera evaluación realizada por especialistas en sostenibilidad y educación, Green Maze quedó entre los proyectos destacados.

Pero todavía faltaba una etapa decisiva. La votación popular.

La campaña que movilizó a todo un pueblo

Una semana antes del cierre de la convocatoria, la docente recibió un correo electrónico informando que Green Maze había sido seleccionado para competir en una instancia de votación abierta.

El desafío era enorme y había muy poco tiempo para conseguir apoyo. Entonces comenzó una movilización que terminó involucrando a toda la comunidad.

Los estudiantes difundieron la propuesta a través de sus redes sociales. La escuela compartió la información mediante sus canales institucionales.

Los docentes multiplicaron la convocatoria. Las familias comenzaron a reenviar enlaces. La Municipalidad de General Alvear se sumó a la difusión.

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Los estudiantes difundieron la propuesta a través de sus redes sociales y la escuela compartió la información mediante sus canales institucionales. Todo fue un éxito.

Los estudiantes difundieron la propuesta a través de sus redes sociales y la escuela compartió la información mediante sus canales institucionales. Todo fue un éxito.

Y poco a poco el proyecto empezó a ganar visibilidad. "Los chicos manejaron todo lo relacionado con las redes de la promoción. Publicaron en Instagram, WhatsApp y distintos espacios. La comunidad educativa se comprometió muchísimo", recordó Gómez.

Lo que ocurrió después superó cualquier expectativa. Green Maze obtuvo 944 votos y se convirtió en el proyecto más apoyado de toda la convocatoria. Incluso superó a iniciativas presentadas por prestigiosas instituciones educativas españolas.

Mucho más que un premio, una satisfacción para Alvear

Para los estudiantes, el reconocimiento tiene un significado especial. No solamente porque les permitió representar a General Alvear, Mendoza y Argentina en un escenario internacional. También porque valida un año entero de trabajo.

"Los chicos están felices. Al principio no tomaban dimensión de la trascendencia que podía tener el proyecto. Ahora empiezan a comprender lo que lograron", contó la docente.

La emoción es todavía mayor porque el proyecto no quedará únicamente en los papeles. Gracias a otro reconocimiento obtenido previamente a nivel departamental, la construcción del laberinto ecológico comenzará a hacerse realidad.

Es decir que aquella idea nacida en un aula podrá materializarse y transformarse en un espacio concreto para la comunidad.

Cómo será el laberinto ecológico que idearon los estudiantes

Aunque el reconocimiento internacional llegó este año, Green Maze no nació de un día para otro. El proyecto comenzó a tomar forma en 2024, cuando los estudiantes participaron de un concurso ambiental organizado por Gestión Ambiental de la Municipalidad de General Alvear. Allí obtuvieron el segundo puesto y un premio de 1,5 millones de pesos destinado a concretar la iniciativa.

La propuesta consiste en construir un laberinto recreativo utilizando miles de botellas plásticas recicladas. A diferencia de otras experiencias temporales realizadas en distintos lugares del mundo, los estudiantes pensaron una obra permanente, que forme parte del paisaje y pueda ser disfrutada por generaciones de niños.

El futuro laberinto estará ubicado en el Parque Luna, un espacio verde emblemático de Alvear Oeste, a pocas cuadras de la escuela. El lugar tiene un fuerte valor simbólico para la comunidad, ya que lleva el nombre del establecimiento educativo y se encuentra junto a la histórica estación ferroviaria del distrito, testigo de la época de mayor desarrollo del ferrocarril en la región.

La estructura combinará materiales tradicionales con botellas recicladas incorporadas en sus paredes. Tendrá dimensiones pensadas especialmente para niños de entre 4 y 11 años y buscará estimular habilidades como la orientación, la resolución de problemas y la exploración a través del juego.

"Los chicos querían hacer algo que no fuera un juego tradicional. Querían crear un espacio diferente, que además transmitiera un mensaje sobre el cuidado del ambiente y la reutilización de residuos", explicó Daniela Gómez.

Durante meses, estudiantes y docentes trabajaron en la recolección de botellas plásticas, que serán utilizadas en la construcción una vez iniciadas las obras. Según lo previsto, los trabajos comenzarán durante junio y podrían extenderse hasta agosto o septiembre.

Más allá de su valor recreativo, el laberinto pretende convertirse en un símbolo de educación ambiental. Un lugar donde los residuos se transformen en una oportunidad y donde los más chicos puedan aprender, jugando, que aquello que muchos consideran basura puede tener una segunda vida.