Personajes

El tatuaje de la Jeni y la poesía cruda y bella de las calles

Hay personas que nacen con un don. El de brillar. Y pueden hacerlo por su inteligencia, belleza, o también por su espontaneidad o frescura; de esas que sacan una sonrisa en cualquier circunstancia o un estremecimiento de emoción. También hay quien hace arte, lejos de los pragmatismos técnicos, sólo mostrando sus sentimientos, puros y genuinos. Eso descubrió, con sorpresa, una periodista mendocina, que conoció gracias a un sórdido error ortográfico a un ser maravilloso: La Jeni; una mariposa de colores en un cuadro gris.

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Silvia Santos es una periodista de Radio Nihuil y Canal Siete, y es especialista en móviles, y de tanto andar en la calle, y conocer historias tristes, va pasando el cedazo y quedándose con la gente que va descubriendo; con sus luchas y sus sentimientos. Uno de esos descubrimientos fue esta semana la Jeni, y se debió a su impronta ricotera.

"Amo la calle por todas las historia que encuentro en ella. Ahí descubrí a personas como la Antonela, la Ángela y la Jeni (dicho bien al estilo mendocino), que me enseñaron muchas lecciones de lucha y de vida, sobreviviendo en las calles, a la pandemia, y la desocupación" contó Silvia, la descubridora de la historia de un tatuaje.

Fanática del Indio Solari, Silvia se encontró con una de las tantas personas que hacen de la calle su eterno campo de batalla para sobrevivir. Era la Jeni (así se escribe) y pudo ver su tatuaje; nada menos que el célebre verso de la canción El Tesoro de los inocentes: "si no hay amor, que no haya nada". Salvo que por su preparación académica la rubia luchadora callejera lo puso a su modo, cerril y viceral, y en su antebrazo se lee ahora "Si no hay amor, que no aiga nada". Una flor en el barro; imperfecta, pero bella al fin, a su modo, porque detrás hay un sentimiento y una chispa de belleza.

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El grito del dolor grabado en la piel

Jeni contó con sus palabras, con un poquito de pudor por el error involuntario, mitad propio, mitad del tatuador, como quedó en su piel la frase que representa un momento de su dura vida.

"Quise hacerme el tatuaje un día que me había separado de mi pareja y padre de mis hijos. Yo escuchó mucho al Indio Solari, y ese día que estaba mal, en el momento me llegó esa frase al alma, y decidí tatuarmelá con un chico que tenía un puesto en la feria del Acceso Este. El día que lo fui a buscar para que me la corrigiera, ya no estaba", contó Jennifer Morán, tal su verdadero nombre, que además tiene 26 años y tres niños: Samira, de siete años; Paloma, de cinco; y Sahir, de tres añitos.

"Amo mi tatuaje, así como está, no le cambiaría nada, por más que esté con errores de ortografía. Igual lo amo y me encanta, porque me llega al corazón y es una frase que quiero tener para todo lo que me quede de vida", confesó sin sentir vergüenza la joven mamá, que está desocupada y busca trabajo, y además está orgullosa de ser cómo es.

"No tengo trabajo porque no pude estudiar. Le dediqué mi vida a una relación que no funcionó, y ahora estoy así, buscando", concluyó Jeni, la que escribe poesía con acciones y gestos, mucho más bellos que los que muchos eruditos ni siquiera pueden soñar en crear, y que en su piel se animan a llevar sus sentimientos más íntimos y profundos.

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