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Sufrieron abuso sexual infantil, hoy son pareja y crearon una red para ayudar

Sebastián Cuattromo y Silvia Piceda crearon "Adultxs por los derechos de la infancia", cuyo objetivo es ser escucha activa, crear conciencia y buscar justicia

En los ´90, Sebastián Cuattromo comenzó a cursar su secundaria en el Colegio Marianista del barrio porteño de Caballito. Ese también fue el comienzo de una pesadilla.

Es que fue víctima de abuso sexual infantil por parte del religioso Fernando Enrique Picciochi, a quien Cuattromo pudo denunciar 26 años después y conseguir que la Justicia lo condenara a 12 años de prisión, sentencia dictada en el 2012. Se supo también que el educador fue el autor de otros casos de abuso sexual infantil aunque no todas las víctimas se animaron a denunciarlo.

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Sin embargo, esos casi 30 aaños transcurrieron en las sombras. Sintiéndose solo, silenciado y desamparado.

La historia de quien es actualmente su pareja, Silvia Piceda, también guarda oscuros recuerdos relacionados con el abuso sexual infantil. Sus abusadores fueron su propio tío y un compañero de trabajo de su padre.

Silvia y Sebastián compartieron el estigma del silencio: a ninguno de los dos los adultos que debían cuidar de ellos les creyeron y pasaron años y un sinnúmero de situaciones para que la vida los cruzara.

Ambos decidieron transformar las pesadillas provenientes del abuso sexual infantil en una nueva oportunidad: la de luchar por los derechos de los niños y niñas y crear una red de contención que no es otra cosa que un grupo de apoyo y escucha a personas que se sienten identificadas con su experiencia.

La asociación que integran se denomina Adultxs por los derechos de la infancia, y trabaja para apoyar a las víctimas y crear conciencia sobre la dureza y la frecuencia del delito de abuso sexual infantil.

Una historia de silencio

Sebastián cuenta que su historia, en la que se mezcla el abuso sexual, el silencio y la vergüenza, coincidió en el tiempo con el resonante caso del abuso perpetrado por Héctor Bambino Veira contra un adolescente de su misma edad.

Recuerdo que todas las veces que intenté hablar y contar lo que me estaba ocurriendo, veía cómo los medios ridiculizaban a la víctima de Veyra. De solo pensar que se podían burlar así de mi, ne quedaba sin valor para denunciar a mi abusador Recuerdo que todas las veces que intenté hablar y contar lo que me estaba ocurriendo, veía cómo los medios ridiculizaban a la víctima de Veyra. De solo pensar que se podían burlar así de mi, ne quedaba sin valor para denunciar a mi abusador

Cuattromo también destacó que el abuso no fue su único padecimiento de niño.

Los adultos que me rodeaban no fueron lo suficientemente protectores, no me escucharon y no sentía la confianza de que al contarles lo que padecía en el colegio, me creyeran Los adultos que me rodeaban no fueron lo suficientemente protectores, no me escucharon y no sentía la confianza de que al contarles lo que padecía en el colegio, me creyeran

Así pasaron 26 años, en los que descreyó que sus sufrimientos de infancia encontrarían justicia.

Pero fue lo que finalmente sucedió: se animó a denunciar a Picciochi y logró que fuera hallado culpable y condenado a doce años de prisión, sin que en ese momento -8 años atrás- hubieran demasiados antecedentes de este tipo de sentencias contra sacerdotes o religiosos.

La familia que encubre

El padecimiento de Silvia Piceda -actual compañera de vida y de militancia de Sebastián- fue similar en intensidad, aunque el delito de abuso sexual infantil del que fue víctima, provino de su círculo familiar.

"Fui abusada por un tío y por un compañero de trabajo de mi padre. Años después, me enteré de que el padre de mi hija Jazmín también era un abusador y comencé a luchar para alejarla a ella del dolor que viví yo".

Silvia cuenta, además, que es muy frecuente que el delito de abuso sexual infantil se cometa en el ámbito doméstico. Entonces, la familia que debe maternar y cuidar de los niños, niñas y adolescentes, se convierte en una trampa que encierra a las víctimas tras un muro de silencio y a los abusadores los cubre con un manto de impunidad.

Con los años y el transitar por tribunales, en busca de justicia que pudiera poner un punto final a esa dolorosa etapa, Silvia y Sebastián se conocieron y decidieron compartir la vida y transformar el dolor del abuso sexual infantil en trabajo firme para evitar que otros niños y niñas lo padezcan. También para tejer puentes con otras personas que también fueron víctimas, con las que se reúnen para compartir experiencias de vida.

La finalidad de la organización

Adultxs por los derechos de la infancia busca crear conciencia sobre este padecimiento, sobre todo para mostrar la dureza y la frecuencia con la que se comete.

Datos avalados por Unicef dan cuenta de que dos de cada diez personas han sido víctimas de abuso sexual infantil -el 20% de la población mundial- y uno de cada dos niños abusados sufre este delito en el ámbito intrafamiliar.

Por eso, ellos en representación de la gente que forma parte de Adultxs, viajan por todo el país dando charlas y buscando concientizar a la población.

También realizan algunas campañas, como una que pusieron en marcha hace algunos meses, para que los medios dejen de reproducir clichés que protegen, naturalizan o simpatizan con los abusadores. Sucedió con el diario porteño Página 12, que usó como título de tapa la frase "La base está", de Héctor Veira.

Cuattromo contó que iniciaron una campaña de firmas en change.org para poner en evidencia el peligroso mensaje, tras haber intentado hablar con los responsables editoriales del diario y no haber recibido una respuesta favorable.

Por otra parte, cada sábado se reúnen en una modalidad similar a la de "Alcohólicos Anónimos", con pares a los que les ha tocado vivir experiencias de abuso sexual infantil y -a diferencia de esta institución, que busca que sus integrantes superen esta adicción- Adultxs solo tiene como fin acompañarse, apoyarse y ser capaces de compartir el dolor. Algunos buscan hacer pública su historia -como en le caso de Sebastián y Silvia- para poder ayudar a otras personas.

Se los puede contactar a través de sus redes sociales.

Facebook: Adultxs por los derechos de la infancia

Twitter: @adultxs

Instagram: @adultxs1

E mail: adultxsporlainfancia@gmail.com

También se los puede contactar vía telefónica al 011-1569729541.