La historia de Mía Celeste López empezó a cambiar de manera abrupta en los primeros días de este 2026. Tiene 12 años, una sonrisa dulce y una familia que hoy transita uno de los momentos más difíciles de su vida. El 1 de enero, cerca del mediodía, Mía comenzó a sentirse mal. Estaba pálida, sin ganas de comer y con un cansancio poco habitual. “Mamá, me voy a recostar”, le dijo. Un par de horas después aparecieron las náuseas, vomitó dos veces y levantó fiebre. Nada hacía prever que ese malestar inicial sería el primer síntoma de un diagnóstico que llegaría pocos días más tarde. Leucemia Linfoblástica Aguda.
Sorteo solidario por Mía: la comunidad se organiza para acompañar su lucha contra la leucemia
Mía Celeste López tiene 12 años y fue diagnosticada con leucemia linfoblástica aguda. Para ayudar a su familia a afrontar el tratamiento, se hará un sorteo solidario
Al día siguiente, Mía tenía programados análisis de rutina. A pesar de seguir descompuesta, fueron igualmente al laboratorio. Con esos resultados en mano, su mamá decidió llevarla a la guardia pediátrica del hospital Fleming, centro de referencia al que asisten por contar con cobertura de OSEP. Allí le repitieron los estudios y, al poco tiempo, llegó el primer llamado de alerta: los valores no estaban bien. Los glóbulos blancos aparecían alterados, los glóbulos rojos y las plaquetas estaban bajos. Los médicos fueron claros y directos: Mía debía quedar internada para realizar estudios más profundos.
Comenzaron entonces días intensos, llenos de incertidumbre y espera. Internada en el Fleming, Mía fue sometida a una batería de análisis y controles hasta que, finalmente, el 6 de enero llegó el diagnóstico definitivo: leucemia linfoblástica aguda tipo B. A partir de ese momento, todo cambió. Se puso en marcha el tratamiento y la familia empezó a adaptarse a una nueva rutina atravesada por hospitales, médicos y palabras que hasta entonces eran ajenas.
Mía no está sola. Tiene una mamá que la acompaña a cada paso, un papá del corazón, Gonzalo, y una hermanita menor, Alma, que también atraviesa este proceso desde su lugar, aprendiendo a compartir tiempos, silencios y ausencias. Tras una primera semana de internación en el Fleming, el propio equipo médico decidió su traslado al hospital Humberto Notti, al considerar que era el centro más completo para continuar con el tratamiento y atender cualquier eventualidad que pudiera surgir.
Allí permanecieron cerca de 20 días. Contra muchos pronósticos iniciales, Mía toleró muy bien las quimioterapias. No presentó náuseas, vómitos ni dolores de cabeza, efectos frecuentes en este tipo de tratamientos. Esa buena respuesta permitió que, hacia el 21 o 22 de enero, recibiera el alta médica. Desde entonces, el tratamiento continúa de manera ambulatoria. Cada 48 o 72 horas asisten a controles, y las quimios se realizan en el hospital de día: ingresan, recibe la medicación y regresan a casa.
Sin embargo, más allá de la respuesta clínica alentadora, el impacto económico es una realidad inevitable. Tras el diagnóstico, la mamá de Mía debió dejar de trabajar. Había comenzado a hacerlo a principios de diciembre en la cantina de la UNCuyo, bajo la coordinación de Macarena, su encargada. Apenas tres semanas después, la enfermedad de su hija cambió todas las prioridades. Ese mismo día, Macarena la llamó y le pidió que se tomara enero y febrero, con la tranquilidad de volver a hablar en marzo.
Lo que la familia no sabía era que, en silencio, se estaba gestando una enorme cadena solidaria. Días después, Macarena le contó que estaba organizando un sorteo solidario a beneficio de Mía. La respuesta fue inmediata y conmovedora: comerciantes, emprendedores y particulares comenzaron a donar premios. En total, se reunieron entre 34 y 35 premios, desde productos hasta servicios, todos aportados de manera desinteresada.
El sorteo contempla 200 números y es Macarena quien se encarga de toda la organización desde la cantina, utilizando su teléfono y sus contactos. A la familia solo le solicitó los datos necesarios: alias, CBU, nombre completo de Mía. Cada transferencia llega directamente a ellos. Además, muchas personas decidieron colaborar sin comprar números, simplemente ayudando como podían. “No dimensionábamos todos los gastos que esto implica. La ayuda nos emociona y nos sostiene”, cuentan.
Cómo participar del sorteo solidario
El sorteo se realizará el 27 de febrero por la mañana y el costo del número son 5 mil pesos. Los interesados pueden acercarse a La Cantina de la UNCUYO o bien comunicarse al WhatsApp 2617558459.
Mientras tanto, Mía sigue dando pelea con una fortaleza que sorprende incluso a los médicos. Su historia es la de una niña, pero también la de una comunidad que se organiza, se une y demuestra que, cuando la solidaridad aparece, el camino se vuelve un poco menos duro.
Para ayudar: 2617558459 (WhatsApp)







