Las pipas, también conocidas como semillas de girasol, suelen consumirse como un simple snack o quedar olvidadas en un frasco de la cocina. Sin embargo, lo que muchos desconocen es que tener pipas en casa equivale a contar con un verdadero tesoro natural, gracias a su valor nutricional y a la variedad de usos que ofrecen.
Más allá de su sabor, estas semillas concentran propiedades que las vuelven útiles tanto en la alimentación diaria como en otros ámbitos del hogar.
Por qué las pipas son un tesoro
Las pipas contienen grasas saludables, proteínas vegetales, fibra y minerales esenciales. Su composición las convierte en un alimento energético que aporta saciedad y nutrientes clave. Además, son fáciles de conservar y pueden utilizarse en pequeñas cantidades, lo que las hace prácticas y rendidoras.
Desde una mirada sustentable, aprovecharlas también implica reducir el desperdicio y sacar mayor provecho de productos simples y accesibles.
Reciclaje: ¿qué hacer con estas semillas?
Lo cierto es que gracias al reciclaje hay varias formas de reutilizar este producto y uno de los usos más comunes es incorporarlas en comidas cotidianas. Las pipas pueden agregarse a ensaladas, yogures, panes caseros o granolas, aportando textura y sabor. Tostadas ligeramente, intensifican su aroma y se vuelven aún más versátiles.
También pueden triturarse para formar parte de mezclas o pastas, ideales para acompañar vegetales o preparaciones simples.
Otro uso menos conocido es plantarlas. Las pipas crudas, sin sal ni tostado, pueden sembrarse en macetas o en el jardín. Con riego regular y buena exposición al sol, dan origen a plantas de girasol que no solo decoran el espacio, sino que también completan el ciclo natural de la semilla.
Este proceso es ideal para quienes buscan reconectarse con la naturaleza desde casa a partir de un objeto que se puede conseguir en cualquier kiosco.
Entonces, tener pipas en casa es contar con un recurso económico, nutritivo y multifuncional. Ya sea para enriquecer comidas o para iniciar un cultivo, estas semillas demuestran que muchos tesoros cotidianos pasan desapercibidos. Solo hace falta saber cómo aprovecharlos.




