Si creciste en Argentina en los años 80, seguro que alguna vez tuviste la oportunidad de que tus padres te compraran alguna que otra golosina y de poder disfrutar con algún amigo o a escondidas de un hermano. Llegaba el verano y los kioscos ponían en sus heladeras uno de sus productos más deseados por los niños: el helado.
Hoy muchos de ellos son tan característicos que se los sigue recordando y se convirtieron en verdaderos íconos de la infancia de toda una generación, aunque con el paso del tiempo desaparecieron de los kioscos.
Solo quienes nacieron después de la década de los 80 recordarán este particular helado con gusto a nostalgia
Se trata de un helado muy populares en Argentina, que si bien para la época eran caros y no todos podían acceder a ellos, muchos los recuerdan como un hito de la época. Se hecho se han conveertido en uno de los grandes símbolos de aquel momento, sobre todo para la infancia y quienes tuvieron el privilegio de probar uno.
Se trata del helado Patalín. Uno que resultó ser el mejor de todos los helados en la historia. Hoy en día los que nacimos en la década de los 2000 no tenemos la ventaja generacional de tenerlo en la heladera de la despensa del barrio ni en algún supermercado, pue este ya tuvo su época dorada.
LLamado realmente como Frigo Pie y conocido por todos como "Patalín" fue icónico con su forma de pie, sabor a frutilla y de color rosado bajo el slogan "Lo hace Laponia, seguile los pasos ". Sin embargo, el Patalín no fue uno de los únicos que desapareció y dejo un vacio eterno, tal cómo sucedió con el Gira Boca, Torpedo Money y Kim de Frigor, el clásico que todos querían en el recreo.
Para la psicología, fueron una parte fundamental que marcó la infancia
Esta nostalgia se explica básicamente por la memoria emocional, ya que los olores y sabores activan regiones emocionales relacionada con sentimientos y recuerdos. Por eso, con tan solo escuchar el nombre o algún recuerdo sobre estos helados, muchas personas viajan instantáneamente a tardes de verano, con amigos en la vereda, en la casa de los abuelos bajo el ventilador o en la pelopincho.




