Cada vez más personas descubren que lo que suele terminar en la basura puede convertirse en un recurso valioso en la cocina y el hogar. Las cáscaras de la mandarina, por ejemplo, esconden propiedades nutritivas y usos sorprendentes que pocos conocen. Sin duda son un tesoro para aprovechar.
La mandarina es la fruta estrella de esta época y lo más común es retirar la cáscara y descartarla. Sin embargo, esa parte de la fruta concentra gran cantidad de nutrientes, fibra y compuestos antioxidantes que pueden aprovecharse fácilmente.
De hecho, hay muchas de ellas ya sea de fruta o verdura que contienen incluso más fibra que la pulpa. En el caso de la mandarina, su piel también aporta minerales y contribuye a mejorar la digestión, por lo que reutilizarla es una manera simple de sumar nutrientes a la dieta.
Pero además de sus beneficios nutricionales, reutilizar estas cáscaras ayuda a reducir el desperdicio de alimentos, una práctica cada vez más valorada en la cocina sustentable.
Por qué las cáscaras de la mandarina son un tesoro
Las cáscaras de mandarina poseen varias cualidades que las convierten en un recurso útil:
- Contiene grandes cantidades de vitaminas (C, A y B).
- Minerales (magnesio, calcio, potasio, hierro).
- La cáscara de la mandarina tiene fibra.
- Tienen antioxidantes.
- Puede ayudar a prevenir enfermedades.
- Ayuda a reducir el colesterol.
- Mejora la salud intestinal.
- Es un tesoro como desintoxicante natural.
Reciclaje: cómo reutilizar las cáscaras
Gracias al reciclaje y a los beneficios que aporta la cáscara de mandarina en diversos ámbitos, te enseñamos para qué sirven y que usos puedes darle. Primero, son ideales para aceites esenciales, por su aroma intenso de cítrico, dulce y agradable.
Sirven para cocinarla y hacer una mermelada con cáscaras de mandarina riquiísima con tan solo cáscaras, agua y azúcar. Son ideales como repelente de insectos y tan sólo tenés que guardad las cáscaras de la mandarina y dejarlas al aire libre en un recipiente en un lugar de la casa en el que suelan aparecer moscas, mosquitos, abejas, hormigas, arañas e incluso ciertos tipos de ácaros.






