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Rusia desafía su compromiso nuclear y pone la mira en la reacción de Estados Unidos

Rusia redefine las reglas del control de armas estratégicas en un momento de tensiones geopolíticas renovadas

Durante más de medio siglo, la amenza nuclear se mantuvo contenida gracias a un delicado equilibrio entre Rusia y Estados Unidos, un acuerdo tácito que limitaba el alcance de su arsenal nuclear.

Hoy, sin embargo, esa estabilidad se tambalea, y la relación entre ambas potencias entra en una fase de incertidumbre que podría redefinir, una vez más, la historia de la seguridad global.

Estados Unidos y Rusia expiró el Nuevo START,

Rusia desafía su compromiso nuclear y pone la mira en la reacción de Estados Unidos

Este año, el principal tratado que limitaba el arsenal de Estados Unidos y Rusia expiró. El Nuevo START, un acuerdo que desde 2010 mantenía un tope en el número de misiles y ojivas estratégicas desplegadas por ambos países y que, más allá de cifras frías, funcionaba como un baluarte contra la desconfianza absoluta entre estas potencias.

En ese contexto, las declaraciones del ministro de Relaciones Exteriores de Rusia, Serguéi Lavrov, ante la Duma, la cámara baja del parlamento, tienen un tono de cautela calculada. Moscú aseguró que seguirá observando los límites del tratado vencido, pero solo si Washington hace lo mismo. Es decir, frente al fin de un acuerdo que ya no está en vigor, Rusia apuesta por una especie de “moratoria condicional”, una promesa de contención que depende, en su esencia, de la reciprocidad de Estados Unidos.

Estados Unidos y Rusia expiró el Nuevo START, (2)

¿Por qué Rusia toma esta postura?

El presidente ruso, Vladímir Putin, había ofrecido previamente extender voluntariamente los límites del New START por un año para dar tiempo a negociar un nuevo marco, una propuesta que la administración estadounidense, liderada por Donald Trump, rechazó, prefiriendo impulsar un tratado “modernizado” que contemple también a otras potencias, especialmente China, cuya modernización nuclear avanza rápidamente.

Ese entrelazamiento de voluntades distintas deja al mundo en un momento delicado. Por primera vez en más de 50 años no existe un acuerdo vinculante que restrinja el tamaño de los arsenales de las dos mayores potencias nucleares. Y aunque Rusia declara su intención de mantener esos límites bajo supervisión mutua, en la práctica ya no hay verificación formal ni mecanismos de inspección en funcionamiento.

Detrás de las palabras de Lavrov, entonces, hay una mezcla de prudencia y cálculo estratégico. Por un lado, Rusia quiere evitar dar la impresión de iniciar una carrera armamentista sin límites. Por otro, espera que estas declaraciones empujen hacia un nuevo diálogo, esta vez más amplio y complejo, sobre el control de armamentos.

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