Casi la mitad de las importaciones de petróleo crudo de China y una parte significativa de su Gas Natural Licuado (GNL) provienen de países del Golfo Pérsico, lo que obliga a que estos suministros dependan de rutas marítimas estratégicas como el Estrecho de Ormuz. Esta dependencia expone al gigante oriental a una vulnerabilidad estructural.
China y Rusia se une en una construcción impenetrable que reduce al estrecho de Ormuz y desafía a Estados Unidos
China y Rusia sellan un pacto energético con el gasoducto Power of Siberia 2, una jugada estratégica que desafía la influencia de Estados Unidos en el Estrecho de Ormuz.
En este contexto, China busca avanzar hacia una matriz más diversificada que le permita reducir su dependencia del carbón sin frenar el crecimiento sostenido de su demanda energética. La transición no solo es ambiental y económica, sino también geopolítica. La respuesta para el país oriental se encuentra en Rusia.
China y Rusia se une en una construcción impenetrable que reduce al estrecho de Ormuz y desafía a Estados Unidos
Aquí entra en escena el proyecto Power of Siberia 2 (PoS-2), resultado de un memorando vinculante entre Rusia y China para la construcción de un megagasoducto de aproximadamente 6.700 kilómetros, que conectará los yacimientos del Ártico ruso, en Yamal y Siberia Occidental, con el norte de China, atravesando Mongolia bajo el proyecto Soyuz Vostok y cruzando zonas clave como el entorno del lago Baikal. Su capacidad proyectada es de 50.000 millones de metros cúbicos de gas natural por año.
Para Rusia, el proyecto representa una reorientación decisiva de sus exportaciones energéticas hacia Asia, en un intento por compensar la pérdida del mercado europeo. Para China, en cambio, significa una garantía de suministro terrestre, estable y de largo plazo, con un contrato de tres décadas que diversifica su matriz de importación y reduce su exposición a riesgos marítimos.
¿Cómo es el proyecto que une a Rusia y a China?
El gasoducto entre China y Rusia tendrá una vida útil estimada de 30 años y un costo cercano a los 13.600 millones de dólares, con la expectativa de que comience a realizar sus primeras entregas alrededor de 2030. Además, sus operaciones se llevarían a cabo en yuanes y fuera del sistema financiero occidental, lo que refuerza su dimensión estratégica, que trasciende lo meramente energético y se inserta también en el plano geopolítico y financiero.
En términos estratégicos, el PoS-2 también disminuye la dependencia china del GNL proveniente de Estados Unidos y Australia, especialmente en un escenario de crecientes tensiones geopolíticas vinculadas a marcos como AUKUS. A esto se suman riesgos recientes en rutas marítimas críticas, como la crisis del Mar Rojo y las posibles interrupciones en puntos clave como el Estrecho de Malaca, que han puesto en evidencia la fragilidad de las cadenas globales de suministro energético.





