El próximo 21 de febrero Karen Oviedo (32) y Rolando Ángel Aquino (35) habrían cumplido siete años juntos. No llegaron porque él ahora está muerto y la mujer detenida, acusada de haberlo envenenado con una sustancia que se utiliza en la fabricación de anticongelantes para autos. Lo que sigue es, pues, un intento de sintetizar la historia de la presunta envenenadora de Guaymallén.
Retratos de la presunta "envenenadora de Guaymallén", la mujer de la que habla el país
El escenario del drama -que todavía se está investigando- fue una de esas esquinas que parecen haber estado ahí incluso antes de que existiera el resto de la ciudad. Por la calle Manuel A. Sáez, más allá de la cancha del Club Atlético Argentino, se llega a la Plaza Crucero General Belgrano. Ahí nomás empiezan los yuyales.
Ese rincón del barrio Minotto, en Villanueva, nunca tuvo tanta trascendencia como en los últimos días.
En una casa blanca donde destaca redonda y grande la palabra “Despensa” residía la pareja. “El domingo 6 (de febrero), los chicos del barrio ganaron un campeonato de fútbol y vi que estaban todos comprando ahí. Gaseosas, esas cosas. Me alegré, porque pensé que la Karen estaba vendiendo bastante”, confía una vecina que todavía no sale de su estupor ante la hipótesis de que Oviedo sea una asesina.
"Aquella vez no vi nada que me pareciera anormal”. La señora insiste con una frase que repetirán mucho a medida que uno trajina esas baldosas suburbanas: "Es como si todo esto fuera un sueño".
Lo del campeonato de fútbol fue el domingo: poco después, la vecina entrevistada observó que Aquino, el hombre, subía a sus dos perros -"unos animales grandes, con la nariz chata y que meten miedo"- a su camioneta y salía.
“No se lo notaba mal. Pero el lunes por la noche me llamó la atención que la misma camioneta estuviera estacionada en la calle. Ellos siempre la guardaban. Amaneció y el vehículo seguía ahí. Empecé a preguntarme si habrían tenido algún problema”, rememora la mujer.
El "problema" es que aquel lunes 7 de febrero Rolando Ángel ya se sentía muy mal. Terminó internado en una clínica privada, agonizó tres días y luego falleció.
Una vecina “de toda la vida”
La noticia del crimen dejó huella en el barrio y actualmente flota por ahí un tempestuoso mar de anécdotas que, francamente, puede conducir hacia los abismos del prejuicio.
El retrato que hacen de Karen algunos vecinos no la favorece. Y eso que era una vecina de siempre, al igual que sus padres y sus tres hermanos varones.
“De hecho, la despensa que tenían con Aquino está ubicada en la casa de los papás de la chica”, detalla otra vecina que se asoma entre las rejas de una ventana, mientras varios perros salen a chumbar. Entre ladridos, la mujer continúa: “No se veía violencia en esa pareja, no. Aunque una nunca sabe. Vio cómo son esas cosas...”.
A muchos metros de distancia, entrevistados de diferentes edades coinciden en los relatos que complican a Karen. “Ella lo dormía por las noches. Eso te lo van a confirmar muchos acá. Le daba pastillas para poder salir de parranda”, jura una muchacha que vive cerca y que iba seguido a la despensa.
Sin embargo hay un testimonio que sí está en el expediente y que es uno de los obstáculos más grandes que tendrá Karen si es que pretende sostener su inocencia. Se trata de lo que afirmó la empleada doméstica de su propia casa, quien el 7 de febrero estaba allí limpiando cuando escuchó que la mujer intentaba darle de tomar un líquido al hombre mientras él se quejaba.
-No me des más nada, todo lo que me das me hace mal- dice la mujer que oyó implorar al hombre, mientras Karen sostenía una botella. Después, mientras seguía limpiando, escuchó que él vomitaba.
Un ex que se fue
A mil setecientos kilómetros de distancia, Raúl Ojeda (30) recibió el miércoles por la noche un mensaje de Whatsapp en el que un amigo le preguntaba si la mujer que los medios de Mendoza nombraban como la "envenenadora de Guaymallén" era su ex.
Desde su casa en Paraguay, él respondió que sí y quiso saber qué ocurría con su otrora compañera de vida, Karen Oviedo. "Entonces me enteré de que la están acusando de matar a su marido", se sorprende el hombre -que tiene una hija en común con la acusada- mientras dialoga con Diario UNO.
-Testigos afirman que, además de la posible administración de un tóxico mortal, Karen puede haberle dado somníferos a su presunta víctima durante un largo período. Al escuchar esto, ¿No te vino a la memoria ningún episodio parecido del tiempo en que estabas con ella? ¿Te durmió alguna vez?
-No, para nada. Siempre compartíamos las cosas. Yo personalmente nunca tuve problemas de ese estilo.
Ojeda recuerda que cuando residía en Mendoza trabajaba como encargado de una importante zapatería y ganaba bien. "La conocí a ella en una tienda de ropa y así empezamos a estar juntos. Sin embargo, llegado un momento discutíamos mucho por asuntos económicos, no solamente con ella sino con gente de su entorno", dice.
-¿Pero cuál fue el detonante para que te alejaras? ¿Hubo algún episodio de violencia?
-Violencia directa no sufrí. Me tuve que ir de la provincia porque Karen vivía en un ambiente donde algunas personas estaban muy interesadas por temas de plata. Por eso me abrí. Sentí que mi vida corría peligro y un día me inventé que salía a comprar tortitas para el té a las cinco de la tarde y nunca más regresé.
-¿Y te fuiste así, sin avisar?
-Fue la forma que encontré para salir de esa casa -vivíamos juntos en lo de su familia- y no terminar mal. Es más, hice un viaje de 3.000 kilómetros antes de llegar a Paraguay porque cambié de autobuses en el medio; me preocupaba que pudieran rastrearme. Y eso que perdí mucho al irme, eh. Desde lo económico pero también desde lo afectivo, porque allá en Mendoza está mi hija, que hasta hace unos días vivía en lo de Karen. Igual poné que no guardo rencores con nadie de allá, por favor.
El bueno o el celoso
Una de las pocas ventajas de morirse es que la gente habla bien de uno. Y Aquino, el fallecido, no parece ser la excepción. Quienes lo conocían lo definen como una persona pacífica y calma. Un buenazo. Acaso demasiado.
Había llegado de Bolivia y antes de ponerse la despensa con Karen se ganaba la vida en la Feria de Guaymallén, donde diariamente se compran y venden frutas al por mayor.
Noelia, una excompañera de trabajo, lo recuerda así: “Trabajábamos juntos en la Feria. Él me decía siempre: ‘Ojalá encuentre a una chica que me quiera de verdad, que me quiera bien. Había tenido malas experiencias”.
“En esa época -se sincera Noelia- mi pareja me golpeaba. Un día fui a trabajar con un moretón en el cuello. Él se dio cuenta de lo que me pasaba. Me acuerdo que me dijo: 'Noe, si necesitás ayuda contá conmigo'. No sabés cómo quería al hijo de 9 años que se le murió...”.
En el barrio Minotto, esos recuerdos quedan salpicados por otros. Varios dicen recordar un Día de la Madre en el que el hombre habría encontrado a Oviedo con otra persona, dentro de un auto y en la plaza que está justo enfrente de su casa.
“Hasta hay videos de eso -asevera una muchacha y abre grandes los ojos negros que resaltan entre el contundente maquillaje dark, mientras toma aire bajo los árboles de la plaza y a su lado otro muchacho asiente en silencio-. Aquel día él le rompió algunas cosas a ese auto, pero le perdonaba todo y nadie sabe por qué”.
Como una ironía del paisaje, se divisa entre los árboles un tinglado de chapa donde reza: "Unión Vecinal La Amistad".
Aspectos legales
La fiscal Claudia Ríos pidió esta semana la detención de Oviedo e insistió varias veces en que, como a toda ciudadana, por ahora le asiste la presunción de inocencia.
A su vez, la fiscal confirmó que la mujer está imputada por "homicidio agravado por el vínculo y por haberle suministrado en forma insidiosa etilenglicol a su pareja". Según los registros de Mercado Libre, la sospechosa encargó a fines de enero y el 3 de febrero bidones de esa sustancia, con la que habría terminado con la vida de su marido.
El etilenglicol es un elemento líquido sintético que absorbe agua. No tiene olor ni color, pero presenta un sabor dulce. Se usa para fabricar anticongelante y en soluciones para deshelar automóviles, aviones y embarcaciones. Si entra en el cuerpo humano, en cambio, los efectos son calamitosos.
Para el Jefe de Departamento Toxicología del Ministerio de Salud de Mendoza, Sergio Saracco, ese puede haber sido el líquido que le suministraron a Aquino. "El motivo de su ingreso a la clínica fue por un cuadro de trastorno progresivo de su estado de conciencia y una alteración de su estado metabólico con compromiso a nivel renal y de otros órganos", precisó.
Cuando la pareja llegó a la clínica, Karen declaró que su marido había ingerido ácido kójico, un producto para la piel. En cambio, el doctor Saracco interpreta los síntomas como una posible intoxicación con el mencionado material.
Y lo que más complica a la mujer es que al peritarse sus dispositivos electrónicos se descubrió que había googleado "cuál es el veneno más letal" y, claro, "etilenglicol".
Karen permanece alojada en el sector femenino de la penitenciaría de Almafuerte. En su perfil de Facebook todavía se lee "Ángel sos mi vida" y un resumen de sus gustos personales: la cumbia, el cuarteto, las frases de amor y la localidad de Las Toninas.

