¡No lo sabía!

Quien tiene una sartén de acero en casa, tiene un tesoro en su cocina: qué ventajas tiene y cómo aprovecharla

Antes del teflón, las sartenes de acero eran tendencia por su durabilidad, aunque son un tesoro solo para quienes la saben usar correctamente. ¿Cómo?

La difícil tarea de encontrar la sartén con un material perfecto

Para evitar tirar un material hecho de acero y la molestia de que la comida no siempre salga bien, a un ingeniero se le ocurrió la brillante idea de cubrir el aluminio con un material deslizante llamado teflón para que las piezas no se pegaran. Años después, esta idea revolucionó el mercado y las sartenes antiadherentes dominaban todo el mundo, aunque hoy esa moda parece estar cayendo.

Cada material de sartenes tiene sus cosas buenas y sus cosas malas, hay que saber usar cada uno de ellos.

En 1956, salieron a la venta las primeras sartenes; parecía un milagro porque la comida simplemente ya no se pegaba. A diferencia de las sartenes viejas, estas permitían equivocarse sin arruinar la comida, distribuían bien el calor y eran perfectas para cocinar lento o usar ingredientes ácidos.

Este detalle tan buscado a la hora de cocinar hizo que para el año 2006 el 70% de las sartenes y ollas que se vendían llevaran capas antiadherentes. Sin embargo, desde ese momento las cosas empezaron a cambiar, ya que todo volvió a ser como antes.

Pues ahora muchas personas están cambiando nuevamente el teflón por el acero inoxidable y el hierro fundido, porque aguantan mucho más el calor y duran para toda la vida, además de evitar la contaminación de los plásticos. Pero cuando las compran, descubren el gran problema: la comida se pega por completo y la nueva moda se vuelve un dolor de cabeza. Pero para que ese tesoro culinario realmente sirva, solo hay que poner en práctica un truco sencillo.

El efecto Leidenfrost en una sartén de acero inoxidable es un fenómeno físico que vuelve la superficie antiadherente de forma natural.

Cómo convertir tu sartén de acero en un tesoro: el truco

La realidad es que el problema no es la sartén y su material, sino que la gente no sabe usar la técnica correcta para cocinar con ellas: controlar la temperatura de forma adecuada. Solo hay que calentar la sartén lo suficiente antes de cocinar para que los alimentos no se adhieran.

El truco para saber si la sartén tiene la temperatura adecuada es echarle una cucharadita de agua. Si el agua no se evapora y en su lugar forma pequeñas gotas o bolitas que "bailan" y ruedan por la sartén, significa que está lista. Parece fácil, pero requiere práctica y estar atento.

A su diferencia, las sartenes de teflón permiten más descuidos, aunque el resultado de la cocina no sea tan profesional si es lo que se busca.

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