Con mucho esfuerzo y en plena pandemia, Carina Condorí pudo mudarse a su propia casa, ubicada en Palmira, junto a esposo y a sus dos hijas: Morena (11) y Jazmín (7). Sin embargo, en la premura por habitarla, no hubo tiempo ni presupuesto para colocarle las ventanas y la puerta. Entonces, Carina decidió hacer algo para que su familia no pasara tanto frío de noche, ya que su casa se ubica en un descampado.
Puro ejemplo: fue a pedir una frazada y terminó aprendiendo a coser su propia ropa

Carina Condorí, una incansable trabajadora solidaria, que encontró en el taller de costura de Cáritas un emprendimiento laboral
"Se me ocurrió ir a la parroquia Inmaculada Concepción, adonde funciona Cáritas. Fui y pedí que si me podían dar una frazada, o una manta. En ese momento no había, pero me hicieron una propuesta: que la hiciera yo, reciclando ropa que no se utiliza. Yo nunca había cosido, pero aprendí y ahora es una salida laboral para mi".
Lo que Carina cuenta es esperanzador, porque lo que ella aprendió, inmediatamente se transformó en empatía con otras personas que también pasaban frío.
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Cadena de favores
Carina cuenta que cuando recibió la propuesta de Cáritas, apenas había hecho algunos cursos de costura.
"Antes había hecho un taller, donde me enseñaron a usar las máquinas, yo tenía una máquina de coser a pedal que heredé de mi mamá, aunque mi sueño era aprender a utilizar las eléctricas. Me dijeron que nos iban a enseñar, pero después empezó la pandemia y suspendieron los cursos", relató Carina.
Sin embargo, esto no la amedrentó y siguió buscando la manera de mejorar la situación económica de su familia.
"Cuando me propusieron hacer las mantas, vine sola y las armé, me llevé la mía, hecha con abrigos que ya no se utilizaban y la verdad me quedó muy bien. Entonces pensé que alguien más podía necesitar una frazada y no iba a saber cómo hacerla. Me puse a hacer otra para donar. Así fue como me incorporé al taller y empezamos a trabajar".
La incansable
Para cuando terminó sus dos primeras mantas, la historia de Carina como integrante del taller de costura recién comenzaba. Con las demás mujeres integrantes de este espacio, comenzaron a hacer prendas para vender.
"Justo venía el día de la madre, y nos pusimos a confeccionar delantales con los jeans en desuso, se vendieron muy bien. Después probamos con otras prendas y accesorios".
Así, fabricaron mochilas, cuellitos y pantuflas y además siguieron con las mantas.
Las mujeres del taller pensaron también en cómo comercializar sus creaciones. Algunas veces armaron sus propias ferias, a la salida de las misas, y otras, se integraron a ferias comunitarias. Pero quizás la mejor forma para vender las prendas que fabricaban, la publicidad "boca en boca".
Así, de apenas ser una urgencia por abrigase para dormir, Carina hizo de la costura una pequeña salida laboral que le sirve para incrementar los ingresos de su familia, ya que también aprendió a realizar arreglos de ropa para quien se lo solicite.
Pero, además, la fuerza de Carina parece ser inagotable. Contó cómo trabajó junto a su esposo, para construir su casa. Juntos adelantaron muchísimo en la construcción, pero le faltaban materiales que fueron consiguiendo.
"En Cáritas me dieron palos para el techo, nylon para cerrar el terreno porque no estaba al resguardo, esto fue una gran ayuda para que pudiéramos comenzar a vivir en nuestra propia casa".
Sin embargo, y a pesar de que es realmente una mujer emprendedora, comprar los alimentos se hace dificultoso. Entonces, decidió cultivar su propia huerta.
"De la huerta saco muchas verduras que me sirven para la comida diaria y algunas veces me sobra para compartir. Este verano llevé zapallo a Cáritas, porque coseché muchísimo"
Con el empeño que le pone y los conocimientos que heredó de su familia, que siempre trabajó en el campo, Carina logró sembrar y cosechar zapallo, zanahoria, habas, arvejas, rabanitos, tomates, choclo, remolachas, papas, acelga y lechugas.
"Parece mentira, pero la huerta te salva", sostuvo.
Recomendó a la gente que se anime y aprenda a armar su propia huerta. Ella comenzó con semillas donadas por el municipio y explicó que si uno se ocupa de mantenerla, es una gran ayuda para la vida diaria de una familia.
Solidaridad y aprendizaje
Nora Ortiz es la directora de Cáritas en Palmira. Ella es una de las personas que lleva adelante el taller de costura de Cáritas.
"Nuestra intención es crear lazos solidarios, pero también formar a la gente que lo necesita para que tenga una salida laboral", explicó. Al tiempo, agregó que este no es el primer emprendimiento productivo que arman en Cáritas.
"Hace un tiempo pusimos en marcha el taller de panadería. Nos pasaba que dábamos paquetes de harina, pero la gente no sabía hacer pan. Entonces armamos el taller, que terminó siendo una salida laboral, porque de allí surgieron varios emprendimientos.
Nora contó que ahora están pensando en reactivar ese taller, y sumarlo como opción al de costura.
Estos talleres se dictan en espacios que provee la parroquia Inmaculada Concepción, a quien Nora agradeció su apoyo.
También recordó que el próximo fin de semana, 12 y 13 de junio, se realizará la Colecta Anual de Cáritas, que sirve, entre otras cosas, para poder realizar estas iniciativas solidarias y formativas.