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Hito de la humanidad

La estricta recuperación médica de los astronautas de Artemis II al volver a la Tierra

La ausencia de gravedad genera cambios inmediatos en el cuerpo humano y la reintroducción al planeta también es un gran desafío

Editado por Redacción de UNO
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El regreso de la misión Artemis II marca un hito histórico: por primera vez en más de medio siglo, seres humanos volvieron a rodear la Luna. Pero más allá del logro tecnológico, la vuelta a la Tierra abre una etapa crítica para los astronautas, cuyos cuerpos llegan profundamente modificados por la experiencia de la ausencia de gravedad en el espacio.

A bordo de la cápsula Orion spacecraft, la tripulación -integrada por Reid Wiseman, Victor Glover, Christina Koch y Jeremy Hansen- completó una misión de 10 días en la que no solo pusieron a prueba sistemas de la NASA, sino también los límites del cuerpo humano fuera de la Tierra.

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El momento exacto en el que los astronautas ingresan a la Tierra y su cuerpo experimenta cambios por la vuelta a la gravedad.

Un cuerpo que cambia en el espacio

La ausencia de gravedad genera efectos inmediatos. Sin el peso constante que en la Tierra obliga a músculos y huesos a trabajar, el organismo comienza a debilitarse. En apenas diez días, los astronautas pueden perder entre un 1% y un 2% de masa muscular, especialmente en piernas y espalda, mientras que la densidad ósea también inicia un proceso de deterioro.

A esto se suma la redistribución de fluidos corporales hacia la parte superior del cuerpo, lo que produce el conocido “rostro hinchado” o “cara de luna”. El sistema inmunológico también vuelve afectado y más procicle a que el cuerpo se enferme.

Ejercicio en órbita: clave para resistir

Para contrarrestar estos efectos, la tripulación siguió una rutina estricta de entrenamiento diario. Durante al menos 30 minutos por jornada, utilizaron dispositivos de resistencia -como volantes de inercia- que permiten simular ejercicios de fuerza en condiciones de ingravidez.

Estos entrenamientos no solo ayudan a preservar músculos y huesos, sino que también reducen riesgos metabólicos, como el aumento del calcio en sangre, asociado a la pérdida ósea y a la formación de cálculos renales.

Además, la actividad física cumple un rol clave en la regulación del sueño. En el espacio, los ritmos circadianos se alteran fácilmente, generando fatiga e insomnio. Mantener una rutina contribuye a sostener el rendimiento físico y mental.

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El regreso a la Tierra: el equipo de la NASA recibe todos los cuidados después de 10 días de viaje en la misión Artemis II.

El momento más crítico: la reentrada

El regreso a la Tierra representa uno de los mayores desafíos. Durante la reentrada, los astronautas soportan fuerzas de hasta casi cuatro veces la gravedad terrestre, una exigencia extrema que puede provocar desorientación, fatiga y mareos.

A esto se suma el llamado “blackout”, un breve período en el que la cápsula pierde comunicación con la Tierra debido al plasma que la rodea. En esos minutos, todos los datos dependen de los sistemas internos de la nave.

Una vez en el océano Pacífico, comienza otra fase delicada: el cuerpo debe volver a adaptarse a la gravedad. El sistema cardiovascular, que en el espacio trabaja con menor esfuerzo, necesita reajustarse rápidamente. Lo mismo ocurre con el equilibrio: muchos astronautas no pueden mantenerse en pie sin asistencia en las primeras horas.

Recuperación: ciencia en tiempo real

Tras el amerizaje, los protocolos de la NASA se activan de inmediato. La tripulación permanece inicialmente dentro de la cápsula mientras se estabiliza el módulo y se realizan las primeras evaluaciones.

Luego, son trasladados a un buque de rescate -como el USS John P. Murtha- donde reciben controles médicos iniciales antes de ser derivados al Centro Espacial Johnson, en Texas.

Allí comienza un proceso de seguimiento intensivo que incluye estudios cardiovasculares, neurológicos y musculares, además de programas de rehabilitación física. El objetivo no es solo recuperar a los astronautas, sino también recopilar información clave para futuras misiones de larga duración, como el regreso permanente a la Luna o los viajes a Marte.

Más que un viaje, un laboratorio humano

Cada misión espacial es también un experimento médico. Artemis II no solo representa un avance en la exploración lunar, sino una oportunidad única para entender cómo responde el cuerpo humano a condiciones extremas.

Los datos obtenidos permitirán diseñar mejores estrategias para proteger la salud de los astronautas en misiones más largas, donde los efectos de la microgravedad podrían ser aún más severos.

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