Salud mental

Profesionales mendocinos analizan el impacto de las redes en la salud mental de los adolescentes

Cuatro profesionales de la educación y la salud mental coincidieron en que las redes sociales ya no se pueden eludir como forma de relacionarse de los adolescentes, pero los adultos deben moderarlas

Que el creador de la red social Facebook, Mark Zuckerberg, y el alcalde de Nueva York, Eric Adams, hayan salido con pocos días de diferencia a poner el tela de juicio a las redes sociales y a los efectos negativos que estas han operado en los adolescentes –mucho más desde el encierro que generó el covid hasta la actualidad- no es un hecho menor.

La pandemia de salud mental que quedó después del coronavirus, obliga a los adultos a replantearse la soledad y el encierro en el que fueron quedando atrapados los adolescentes.

Diario UNO habló con cuatro profesionales que trabajan con chicos y chicas del secundario y también algunos más grandes, que ya cursan en la universidad para tratar de desandar un poco un camino que resulta confuso: en qué medida las redes sociales son un instrumento para comunicarse que ya es ineludible en los nativos digitales y pueden ayudar a construir vínculos y en cuál lo es que se conviertan en un peligro, una usina destructora de autoestima y una pantalla para ocultar sus carencias.

Existe, para los profesionales un papel ineludible que muchos adultos se niegan a cumplir “por no invadir la privacidad de los jóvenes”, pero también, suele tener que ver con el hecho de no hacerse cargo del problema.

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Para los profesionales consultados, las redes sociales ya no se pueden eludir como los principales espacios de socialización que utilizan los adolescentes. Sin embargo, hay que interesarse por el uso que les dan.

Para los profesionales consultados, las redes sociales ya no se pueden eludir como los principales espacios de socialización que utilizan los adolescentes. Sin embargo, hay que interesarse por el uso que les dan.

El debate sobre las redes sociales en la secundaria

Marinella Pionetti, licenciada y doctora en Letras, es profesora de alumnos de los últimos años de escuelas secundarias y de los primeros de la universidad.

Contó que cuando volvieron de la pandemia a la presencialidad plena, una de las actividades que ella planteó fue hacer un debate y que los chicos eligieran la temática.

“Ellos optaron por hablar de la salud mental y una de las primeras cosas que mencionaron fue el efecto de las redes sociales en esto”, advirtió.

Aclaró que, cuando reflexionan, ven la parte negativa que tiene en su autoestima, en las exigencias de los estereotipos, en el bullying que se genera, la mirada del afuera, el juicio de los otros, lo que les dicen.

Sin embargo, al ser nativos digitales no pueden salirse de esta forma de relacionarse.

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Es ‘el modo’ de relacionarse que tienen y más pensando que durante dos años, fue el único. Todos son muy usuarios de las redes, sobre todo de Instagram. Está tan naturalizado que es parte de su vida cotidiana de su manera de vincularse, de su relación entre su vida pública y privada, pero también es un factor de ansiedad, de estrés y de violencia Es ‘el modo’ de relacionarse que tienen y más pensando que durante dos años, fue el único. Todos son muy usuarios de las redes, sobre todo de Instagram. Está tan naturalizado que es parte de su vida cotidiana de su manera de vincularse, de su relación entre su vida pública y privada, pero también es un factor de ansiedad, de estrés y de violencia

En cuanto a esto último, contó una situación que no todos los adultos conocemos.

“El año pasado, casi todos los episodios de violencia que registramos fueron generados en Instagram. Los chicos utilizan ‘cuentas confesionario’ donde hay una persona que modera, y todos los demás escriben para decirle que quieren escrachar a tal persona o confesar alguna cosa. Y en esa red, se generan “piñaderas” virtuales. Agarradas, bullying”.

La práctica hace pensar en una especie de Gran Hermano por Instagram. Van al confesionario, cuentan lo que está pasando, escrachan, “nominan” y así los demás se enteran de lo que está pasando.

“Es muy contradictorio el efecto. Instagram es un modo y un medio para socializar que ya tienen incorporado pero a la vez opera negativamente en lo que es la percepción de la imagen, la estima, distintos modos de relacionarse”, reflexionó.

Las redes, herramientas que pueden lastimar

Al trabajar en la idea de las redes como “inevitables” es comparable a la humanidad después de haber conocido el cuchillo y el tenedor: nadie va a volver a comer con la mano. Al fin y al cabo, los cubiertos son herramientas muy útiles.

Sin embargo, también sirven para lastimar. Si se los utiliza de determinada forma. Con las redes sucede lo mismo, conforme a lo esbozado por los especialistas en el tema.

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La psicóloga Nancy Caballero manifestó que “las redes sociales como herramientas no son ni buenas ni malas per se”,

Sin embargo, hay conceptos que no se pueden eludir. En primer lugar, cambian las autopercepciones, en el caso de la autoafirmación, la propia imagen e identidad, que va y viene en la adolescencia entre la aceptación y el rechazo, ya no dependen tanto de los grupos de la escuela o del club, que son grupos mucho más pequeños, “minúsculos” si se los compara con las redes sociales.

Ahora, los chicos dependen de lo que respondan en las redes sociales, “a ver qué dicen de mí, cuantos likes me dan, si tengo o no tengo heaters” ( NDR: heaters son los “odiadores” que sobre todo las personas famosas tienen en Instagram o en sus cuentas de X: personas que los siguen para hacerles bullying, por ejemplo.

La autoestima de los chicos depende demasiado de la mirada de los otros, lo que se representa en la “heteroestima”.

Las redes pueden ser un elemento fantástico para comunicarte con personas que están en otros países, tienen otras culturas, es de una riqueza increíble. Pero también provoca que los adolescentes –y entre los adultos también sucede- consideran como fundamental en su vida el rechazo o aceptación dentro de las redes sociales Las redes pueden ser un elemento fantástico para comunicarte con personas que están en otros países, tienen otras culturas, es de una riqueza increíble. Pero también provoca que los adolescentes –y entre los adultos también sucede- consideran como fundamental en su vida el rechazo o aceptación dentro de las redes sociales

La profesional explicó que no es que sea terrible el tema de las redes sociales, "lo que es terrible es que los chicos piensen que esas redes sociales son lo mismo que hablar con un amigo tuyo real, o con un familiar, o una persona de tu entorno".

"De repente, alguien que no te conoce opina sobre vos, sobre lo que tenés que hacer, o cómo te tenés que vestir, los gustos que tenés que tener, un montón de gente a la que no conocés y con la que es difícil descifrar cuál es tu hilo conductor. Antes esa gente se reunía por grupos, por gustos musicales, religiosos, ideológicos, políticos, pero ahora son seguidores, analizó la especialista en salud mental.

Para los adultos también es complejo, pero lo es más para un chico que está tratando de encontrar esta identidad, puede ser muy complicado de abordar.

“Los adolescentes van probando, un día de les gusta una música, al otro no, o se ponen una ropa o como dicen ahora “un outfit” y les encanta y después eso mismo los hace sentir ridículos. Eso es normal. Pero al ponerlo en las redes, esa búsqueda se hace pública. Y terminan sintiéndose mal o bien, según lo que los demás opinen”, sostuvo.

Adicción y redes sociales

Lo que algunos de los profesionales consultados destacan, es que las redes, tal como el alcohol y el cigarrillo, pueden generar una adicción. Tienen un aspecto que genera placer, pero al mismo tiempo, convertirse en una dependencia muy difícil de superar.

Para el psicólogo Federico Henriquez Rigoni, las redes están diseñadas para atrapar, para generar una especie de adicción.

"Lo que hay que ver es que le pasa al sujeto en relación a eso. Hay que ver por qué te llaman”.

También afirmó que hay una parte que puede ser muy positiva, como la de convertirse en un “lugar” para expresar libremente la opinión, o contar un sufrimiento, un caso de abuso, una forma de llamar la atención y que me miren. Sin embargo, es indispensable la intervención de un adulto. Y en este sentido, se explayó otro profesional de la salud mental.

Los adultos moderadores

Con respecto al papel de los adultos como referentes de los chicos, el psicólogo Miguel Conocente, quien además es el titular de la Dirección de Acompañamiento Escolar de la DGE (antes conocida como Doaite) destacó que tiene un peso específico.

Los adultos tenemos que intervenir, sin miedo a ser invasivos. Por el miedo a ser invasivos justificamos el hecho de dejar a los pibes a merced de la tecnología. La verdad es que los pibes no saben, no tienen por qué saber lo que están haciendo solos, somos los grandes los que los tenemos que acompañar, aunque ellos sepan mucho del tema y nosotros poco Los adultos tenemos que intervenir, sin miedo a ser invasivos. Por el miedo a ser invasivos justificamos el hecho de dejar a los pibes a merced de la tecnología. La verdad es que los pibes no saben, no tienen por qué saber lo que están haciendo solos, somos los grandes los que los tenemos que acompañar, aunque ellos sepan mucho del tema y nosotros poco

Conocente explicó que no hay justificación alguna para que los adultos dejemos este espacio vacante.

“Tenemos que interesarnos y saber qué ven los pibes en una red social, a quién siguen, hay que estar atentos a esto. Aunque no estemos atentos todo el tiempo, de alguna forma involucrarnos”, alertó.

Conocente hizo hincapié en que los chicos tienen que percibir que los padres o adultos responsables están atentos.

“Enseñarles un criterio nos permite operar en ausencia, que los chicos sepan que hay una regulación y que se pueden apoyar en ella”, aconsejó a los padres, frente a la alta exposición a las redes sociales.

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