La historia detrás de los colores que elegimos para las infancias es mucho más sorprendente (y comercial) de lo que parece. Por lo general, suele asociarse el color rosado con las chicas, y el color azul con los chicos. Sin embargo, esto no siempre fue así y a continuación te explicamos por qué se llegó a esta conclusión de colores.
¿Por qué asociamos el rosa a las chicas y el azul a los chicos?
Hasta principios del siglo XX, todos los bebés vestían de blanco. Era una cuestión práctica: el algodón se lavaba y blanqueaba fácilmente, sin distinciones de género.
En 1918, el rosa se designó a niños por ser un color "fuerte" y el azul a las niñas por ser "delicado", aunque los cortes de ropa eran idénticos. Esta distinción fue una estrategia comercial: al separar colores, impidieron que las familias reutilizaran la ropa blanca neutra entre hermanos de distintos sexos.
Tras la Segunda Guerra Mundial, el marketing invirtió los colores: el azul simbolizó la fuerza, y el rosa la delicadeza, obligando a las familias a comprar ropa nueva y específica.
En los años 60, el activismo social impulsó el regreso a la ropa neutral para promover la igualdad. Las prendas unisex se volvieron la norma durante toda esa década. Fue recién a mediados de los 80 cuando la idea de "azul para niños y rosa para niñas" se terminó de asentar como un estándar cultural rígido en todo el mundo.
Actualmente se puede percibir un movimiento de padres que piensa que los colores no tienen género, e incluso se animan a usar colores como verde agua, blanco, amarillo y gris tanto para niñas como para niños.
Sin embargo, en la actualidad es muy normal ver en las casas de ropa para niños prendas con estampas con dinosaurios o autos para los niños; y flores, mariposas o princesas para las niñas.




