"Perdí un ojo, pero gané muchísimo más", dice Julián Marcozzi (33), un hombre joven, emprendedor, que en agosto vivió lo que parecía una tragedia, pero se topó con la solidaridad de la gente, que lo ayudó a recomenzar y encarar la vida de otra forma, más plena y con objetivos claros. Hace tres meses perdió un ojo, el derecho, en un accidente con una herramienta mientras le fabricaba un regalo a sus hijos. El tratamiento y la prótesis eran caros y no podía costearlo. Entonces, una campaña solidaria que se difundió por Diario Uno, le permitió cubrir esos gastos y, a la semana de tener su prótesis, consiguió trabajo.

Julián nació circunstancialmente en Río Negro, pero su familia es de Mendoza y aquí pasó parte de su vida. Se independizó muy joven y, después de trabajar muchos años en el sur del país, se radicó en Salta, de donde es su esposa, Silvina, y con la que tiene dos hijos, Luciano, de 11, y Bruno, de 7. Trabajaba en un hotel pero en junio, debido a la pandemia, se quedó desocupado y tuvo que hacer changas.

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En agosto, cuando le fabricaba un velador a sus hijos para el Día del Niño, se quebró el disco de la amoladora que manipulaba y un trozo le impactó en el ojo derecho y se lo dañó irremediablemente.

Mientras luchaba contra la angustia por la pérdida y la falta de dinero para poder hacerse una prótesis, indispensable para reorganizar su vida, intentaba que la pena no lo paralizara y ayudaba a su suegro a repartir huevos.

Pero desde Mendoza, su familia, decidió tratar de encontrar alguna alternativa y organizar una rifa para reunir algunos fondos. Este medio difundió el caso y la campaña, generó una reacción inmediata.

"Fue increíble. Durante toda la semana me llegaron colaboraciones, llamados y mensajes de apoyo y mi tía y mis primas, en Mendoza, vendieron más de 500 números de la rifa", cuenta Julián, y agrega que "quizás no pude hacer un agradecimiento masivo, que llegue a todos, porque fue muchísima gente de lugares muy distintos: de Mendoza, de Buenos Aires, de Córdoba".

Emocionado, dice que "ahora, cada vez que me veo, veo a todas esas personas en mi prótesis, en mis ojos, y agradezco todo lo que ha pasado, porque perdí un ojo pero gané muchísimo más".

Con respecto a la prótesis, cuenta que "me la colocaron 20 días después y fue todo un éxito. El contactólogo quedó sorprendido de lo bien que quedó y de la gran adaptación que tuve".

Y hay otro capítulo más: "A la semana que me llegó la prótesis abrí una cuenta en Facebook, que no tenía, para estar un poco más conectado para buscar trabajo. Entonces vi un flyer en donde se solicitaba personal para venta y caja de en una óptica conocida. Mandé mi currículum ese mismo domingo, el lunes a las 17 tuve una entrevista por videollamada y el martes con uno de los dueños. Le conté todo sobre mi y el me dijo: 'Te quiero en mi equipo de trabajo. Sos una persona súper aguerrida, emprendedora' y el jueves 12 de noviembre empecé a trabajar en la óptica. Son increíbles las vueltas de la vida".

Julián cuenta que se dio una conjunción entre lo que le ocurrió en su vida y el trabajo que consiguió. "Me puse a leer, a investigar, a estudiar sobre cómo ayudar a la gente que le hubiera pasado lo mismo que a mi" y dice que cada vez está más interesado en la contactología y en todo lo relacionado con ella.