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Perdió el trabajo y un ojo en la cuarentena y necesita ayuda

Durante el aislamiento cerró el hotel en el que trabajaba y perdió un ojo en un accidente con una herramienta. Se ha formado una cadena solidaria

La pandemia y la cuarentena le jugaron una mala pasada a Julián Marcozzi (33). Primero se quedó sin trabajo y, por ende, sin obra social. Después, haciéndoles un velador a sus hijos como regalo del Día del Niño, tuvo en desafortunado accidente con una herramienta y perdió un ojo. Ahora, con mínimos recursos, necesita colocarse una prótesis para evitar mayores trastornos. Todo es costoso y, por eso, se inició una campaña solidaria para ayudarlo.

Julián tiene un lenguaje rico y fluido. A pesar de que la vida le impuso el trabajo desde muy joven, “siempre he sido un laburante”, ha sido inquieto y curioso y se ha formado con lecturas, cursos y cuanta alternativa pudiera encontrar. Además, es un hombre sin temor a nuevos horizontes.

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Su familia de origen es mendocina, pero circunstancialmente nació en Río Negro, en General Roca. A los 17 años ya era un muchacho independiente, formó pareja con Silvina y se fueron a vivir a Tierra del Fuego. Allí estuvo 14 años, 11 de los cuales trabajó en una compañía de electrónica. “Hace dos años decidimos venirnos a Salta, porque acá vive toda la familia de mi mujer y queríamos que nuestros hijos (Luciano, de 11, y Bruno, de 7) pudieran estar cerca de sus abuelos, de sus tíos y primos”.

Julián consiguió trabajo en un hotel de Salta como recepcionista. Silvina, con su oficio de peluquera, trabajaba en forma independiente. Pero la pandemia y la cuarentena (Salta continúa en Fase 1) comenzaron a afectarlos. Silvina quedó totalmente limitada y “a mí me desvincularon en junio”, cuenta Julián.

El mes de Julio se fue en hacer trámites, mientras “hacía algunas changas”, pero el 17 de agosto, un día después del Día del Niño, ocurrió lo peor. “Me puse a hacerles a mis hijos un velador. Estaba cortando un tronquito con una amoladora, el disco se partió y uno de los pedazos me dio de lleno en el ojo derecho”, recuerda. “El ojo estalló al instante y lo perdí”, dice.

Cuenta que, en alguno de sus trabajos, había adquirido conocimientos para tratar emergencias y entonces tuvo una reacción particular: “Mis hijos estaban cerca mío, entonces no grité, no hice nada que pudiera alertarlos. Traté de que ellos estuvieran bien, mantener la calma y el control. Les dije: Papá se golpeó, llamen a mamá, así me llevan al médico”.

Recuerda que “fue un golpe durísimo. Me senté un ratito y me fui al baño y me limpié, ¡es increíble cómo reacciona uno en ese momento, con ese nivel de adrenalina!”.

Después llegó Silvina y sus suegros, desesperados. “Traté de que mantuviéramos la calma y me llevaron al hospital San Bernardo, de Salta. Realmente tuve ahí una atención espectacular. El oftalmólogo que me tocó fue muy bueno. Estuve ahí internado el lunes a la noche y el martes a la mañana ya me habían operado. Se necesitaba operar con urgencia, porque se generan residuos que ponen en riesgo al ojo sano y también se puede perder la visión en ese”.

Julián es naturalmente un optimista, más allá de que el accidente iba a afectarlo emocionalmente en algún momento. Dice que “fue todo muy rápido. Nosotros somos creyentes y mi señora, esa misma noche del accidente, subió un estado en las redes contando la pérdida irreparable que había sufrido y pedía una cadena de oración. Lo hizo sin pensar en la repercusión que iba a tener. Comenzaron a llover mensajes, llamadas, aliento, de todo”.

En los días posteriores el médico le explicó a Julián que había que esperar un mes y medio para tratar el tema de la prótesis. “Hace 2 semanas me dijo que ya podía comenzar a gestionarla”. Claro, se encontró con que, sin trabajo fijo ni obra social, “todo es muy cuesta arriba”.

Julián, “para reactivarme, tener al menos un ingreso mínimo y para poder mejorar mi ánimo”, se puso a trabajar con su suegro, que reparte huevos al mayoreo.

Entre tanto toda su familia, la de Salta y la de Mendoza, comenzó a movilizarse para tratar de juntar el dinero necesario para la prótesis, el tratamiento y los lentes que necesitará.

“En Asistencia Social del hospital me pueden conseguir una prótesis estándar, genérica. Pero el médico y algunos pacientes con los que hablé, me dijeron que ese tipo de prótesis es difícil de utilizar y la mayoría termina por no usarla. Yo le dije al médico que no necesitaba una prótesis, pero me explicaron que hay razones fisiológicas que indican que hay que utilizar una”.

La parte ósea comienza a achicarse, entre otras cosas. Además hay una razón obvia estética que, si no se resuelve, afecta el ánimo y la autoestima.

Julián pidió presupuestos. “Una sola óptica en Salta hace estas prótesis. Además necesitaré lentes de por vida, porque en el ojo sano apareció astigmatismo y voy a necesitar lentes especiales que lo protejan en el exterior y en el interior”.

La prótesis tiene un valor de $85.000 y los lentes de unos $20.000. Quizás no es tanto, pero la pandemia y la cuarentena tienen muy limitados los ingresos de Julián y de toda la familia. “Siempre he sido un trabajador, un laburante, pero esta situación nos superó”, dice.

Por eso hay una campaña para ayudarlo. Se puede hacer haciendo un depósito a su cuenta bancaria y comprando un número en la rifa de un sorteo que organizó su familia en Mendoza.

Mientras Julián sigue creyendo y sosteniendo su optimismo, algunos intentan ayudarlo:

Rifa en Mendoza:

Número de $100, con premios variados: pedir al 2614693841

Cuenta bancaria:

MARCOZZI JULIAN SERGIO

DNI: 23327445839

CBU 0170087940000039038999

ALIAS: TRUCO.FOTO.ROSA