Historia de superación

Perdió 160 kilos y las ganas de morir: ahora quiere agradecer a la salud pública

“En la farmacia no venden frasquitos de voluntad”, dice, y asegura que gran parte de la lucha y el éxito en ella pasa por ahí, por la voluntad propia. Pero también dice que “hay que dejar ayudarse” y que hay profesionales “que te tratan bien, te contienen, te ayudan”.

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Sergio Fabián Brill tiene 56 años. “Desde chico he sido gordo. A los 18 años ya pesaba 120 kilos”, cuenta. Llegó a pesar 320 en 2014 y dice que ya no quería vivir. Pero un grupo de profesionales del Hospital Perrupato, de San Martín, lo contactó y allí comenzó una recuperación que hoy lo encuentra con 157 kilos y 600 gramos y sin la depresión que lo boicoteaba. Perdió 160 kilos y las ganas de morir.

Dice que quiere contar, porque “a alguien le puede ayudar” su experiencia. Porque dice que hay muchos como él en tratamiento que necesitan apoyo y otros muchos que aún no se animan, que luchan con la vergüenza “que es lo primero a vencer”. Y dice que quiere contar para agradecer, porque sin ayuda no estaría vivo.

“Normalmente en todas las instituciones, en la vida cotidiana, a los gordos nos miran mal. Sí, nos discriminan. Si vas por cualquier cosa al médico a hacerte ver, siempre el problema es la gordura. Hasta si me duele el oído un médico que no sabe tratar a un gordo dice que el problema es la gordura. Y esto sucede porque hay gente que no entiende a la gordura como una enfermedad. Lo entienden como la consecuencia de la negligencia del paciente. Y la verdad es que uno engorda porque come mal, porque hace las cosas mal. Es como el que fuma, el que juega, el que toma”, dice Sergio.

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Por eso el equipo del Perrupato fue tan importante para él. “Ellas saben hablarnos. Que me traten como un ser humano, para mí ya es mucho”, dice, y agrega: “he vivido malas experiencias. Cuando estuve internado en el Central dos meses, una cava (jefa de enfermeras) y que irónicamente también era obesa, me trataba muy mal y me decía que todo era culpa mía, por qué comía tanto…”.

Su historia

Sergio nació en la ciudad de Mendoza y hace 22 años que vive en San Martín. Trabajó 17 años como fletero para una empresa de venta de electrodomésticos “hasta que me tuve que bajar, porque no pude trabajar más”.

Ahora está divorciado, tiene una hija y un hijo, de 28 y 32 años, y hace “4 o 5 años que ya no trabajo”, pero está recuperando su movilidad y parece que no tardará mucho en volver a ser un hombre activo, sano.

“He sido gordo de chico. A los 18 años tenía 120 kilos. Llegué a pesar 320. En 2012 me sacaron un lipoma de la pierna de 12 kilos y medio. Tuve cáncer, hice quimioterapia, hice todo y me mejoré. Cuando salí de ese estado pesaba 235 kilos, pero volví a 320 y tenía una gran depresión. En septiembre de 2017 me internaron por una infección. En ese momento pesaba 235 kilos. Estuve dos meses internado y salí con 191. Fue cuando me fue a visitar un grupo de obesidad y empecé un tratamiento. Después de un año y medio, ahora estoy pesando 157 y 600 gramos”, relata.

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El grupo del Perrupato se llama “Vida Saludable”. Más allá de que han pasado otros profesionales por allí, Sergio agradece a los que hoy lo atienden y están siempre atentos, incluso en el grupo de Whatsaap que han formado para estar todos conectados. “La doctora Gladys Aruta, que es la médica clínica; la psicóloga Silvia Saldaña y Paola Barrionuevo, la nutricionista”, enumera. “Ellas me ayudan, más allá de que la voluntad siempre la tiene que poner uno”, dice.


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“Yo voy una vez cada 15 días al control y una vez por mes al taller, donde nos juntamos todos los gordos y nos contamos nuestras experiencias. Siempre algo se aprende”, cuenta.

Sergio tres veces por semana hace gimnasia. Además camina y, esencialmente, cambió radicalmente sus hábitos alimenticios, todo con apoyo y asesoramiento profesional.

Mientras el sol le da en la cara, ese sol que no podía ver hasta no hace tanto cuando estaba tirado en la cama, cuenta que está realizando los trámites para hacerse una cirugía bariátrica, recomendada por el equipo médico para ayudar a perder los últimos kilos y disminuir los riesgos de una recaída. “Me dicen que a las dos horas ya puedo caminar”, cuenta.

Y también están programando otra cirugía, esta para quitarle el faldón del abdomen, que es tejido adiposo y piel que no puede quitarse de otra forma y que ahora le complica para moverse más libremente.

“La del faldón es una cirugía más difícil. Me dijeron que tiene entre uno y seis meses de recuperación. Son colgajos que tengo en todo el cuerpo. En el pecho, los brazos, las piernas… Pero el más incómodo es el faldón”.

El grupo

Sergio no sabe exactamente cuántos pacientes tiene “Vida Saludable”, pero los calcula en más de 100 “y cada vez son más”.

“Nos apoyamos entre todos. En las reuniones uno escucha una experiencia y eso puede servir para mejorar. Yo hablo con los que necesitan. Hay gente que llega allí queriéndose morir y yo trato de hablar, colaborando con mi experiencia”.

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Antes su presión máxima era de 18, ahora apenas llega a 12. Incluso antes no podía dormir. Ahora su salud ha mejorado mucho y los riesgos han disminuido más. “Es aprender a vivir de otra manera. Se puede vivir comiendo de otra forma”.

Sergio Fabián Brill recomienda fervientemente al grupo del Perrupato. “Atienden de lunes a viernes, después de las 14, pero hay que ir a eso de las 11 para pedir turno. Uno debe llegar derivado de su médico, con todos los estudios”, dice.

Sergio se ha salvado. Todos los días se salva, porque el cambio de vida se debe sostener día a día. Pero ya es un hombre nuevo, uno sano y feliz.