Nada fácil la están pasando algunos repatriados que volvieron a Mendoza, y que tienen que someterse a la cuarentena obligatoria de 14 días en un hotel. Lo peor de todo, según cuenta un joven sanjuanino, es la incertidumbre y la falta de información y atención médica, en un contexto de encierro impuesto, y al que parece faltarle la contención emocional.

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Cristian es sanjuanino, pero vive en Mendoza desde hace más de cuatro años. Trabaja y desde hace dos años y medio tiene pareja en nuestra provincia. Este pasado verano, cuando decidió ir unos días a visitar a su familia a Villa Aberastain, Pocito -a apenas 153,5km- nunca imaginó la odisea que le iba a tocar vivir, cercana a una película carcelaria clase B.

"El viernes 7 de agosto llegué acá a la provincia, vengo de un pueblo al sur de la provincia de San Juan –Pocitos, Villa Aberastain- Después de que tramité por meses para ver de que forma o en qué medio de transporte podía venir a Mendoza. Yo me fui el 10 de marzo a San Juan por 15 días de vacaciones porque no había podido ir a en todo el verano y me agarró la cuarentena allá", contó el sanjuanino sobre el inicio de su desventura al retornar a su lugar adoptivo.

"Intenté y tramité por todos los medios poder hacer la cuarentena en mi domicilio, pero ni siquiera me escucharon. Luego todo se volvió una pesadilla, ya desde el hecho de llegar a la Terminal (de Mendoza), donde en ningún momento me pidieron nada. Sólo me tomaron la temperatura y me hicieron llenar una declaración jurada y eso fue todo. A la persona de Turismo que estaba encargada ahí le sorprendió que me mandaran a un hotel", relató el joven que este viernes terminará su período de observación.

Respecto a su poco feliz estadía en un hotel céntrico, Cristian dijo: "Si bien yo sabía que al volver de San Juan me podía pasar esto, ya estoy desesperado. Llevó cinco meses sin poder volver a mi trabajo, o ir a mi casa.

El hotel es muy lindo, pero nadie me dice nada de lo que pasa", expresó el internado, para agregar: "Estoy viviendo un calvario donde nadie sabe nada, la gente del hotel tiene buena voluntad, pero no pueden decidir nada. Sólo dos veces ha venido personal médico a revisarnos, y la segunda vez se olvidaron de mí. Tuve que llamar a la recepción para que subieran de nuevo y me revisaran", recordó.

Apoyando su idea de lo innecesario del encierro, siendo que tiene domicilio en Mendoza, y que además viene de una ciudad y provincia donde casi no hay contagios ni curculación viral, explicó Cristian: "Tengo problemas de síndrome vertiginoso –he tenido dos episodios duros-, tengo cervicalgia, sufro ataques de pánico y claustrofobia. Todo eso ya lo padecía, y me cansé de llamar para pedir que me atendiera un psicólogo, bajé la aplicación 048, de mandar e-mails, y nadie te escucha", denunció.

"Un señor de la habitación de enfrente, está con presión alta, y el dice que nunca tuvo presión alta hasta llegar acá. Consultó a las médicas que vinieron, y le dijeron que ellas sólo atienden temas del Covid. Si tenés otra cosa, hay que pagarlos vos en forma particular, la atención y cualquier estudio. Un médico privado cobra 900 pesos para venir a verte. Tuve que pedir apoyo a una amiga psiquiatra de La Rioja. Del sistema sanitario de acá, una sola vez me llamó una psicóloga", agregó Cristian a su relato.

Cristian sí destacó la buena atención y predisposición del personal del hotel, del que tendrá que pagar $30.000. Por ello recibe a cambio cada cuatro días un cambio de sábanas y toallas, y desayuno almuerzo merienda y cena.

El colmo de la falta de "humanización" del sistema de aislamiento fue cuando la pareja de Cristian lo saludaba desde la vereda y lo alentaba, hasta que fue sacada por los policías. "Por algo la gente cruza fronteras ilegalmente o el sanjuanino que se mató la semana pasada, el pibe de San Rafael que se escapó, y así hay más", concluyó.

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