La lucha contra la hipertensión en los adultos mayores suele evadir las salas de musculación tradicionales. Aunque el entrenamiento de fuerza es vital, existe una disciplina que combina resistencia, salud cardiovascular y bajo impacto de una manera que ningún otro elemento en tierra firme puede igualar.
Ni pesas, ni bandas elásticas: el ejercicio ideal para que los adultos mayores controlen la hipertensión
Los adultos mayores pueden recurrir a este sencillo ejercicio para controlar la hipertensión arterial. Todos los detalles, en la nota
La hipertensión arterial afecta a una gran parte de la población senior, aumentando el riesgo de accidentes cerebrovasculares y cardiopatías. Claramente, el ejercicio es una clara manera de prevenirla.
Natación, el ejercicio ideal contra la hipertensión en adultos mayores
Si bien caminar o usar bandas elásticas son opciones válidas, el agua ofrece una ventaja física única: la presión hidrostática. Al sumergirnos, el agua ejerce una presión uniforme sobre el cuerpo que facilita el retorno venoso, permitiendo que el corazón trabaje de manera más eficiente.
Para los adultos mayores, esto significa que pueden fortalecer su sistema cardiovascular sin someter al corazón a picos de estrés innecesarios.
A diferencia de los ejercicios de resistencia convencionales, la natación permite un rango de movimiento completo sin el riesgo de lesiones articulares.
Estudios clínicos han demostrado que nadar de forma regular mejora la elasticidad de los vasos sanguíneos, un factor crucial para bajar la presión.
Al eliminar la gravedad, las personas con problemas de rodilla o cadera pueden realizar un gasto calórico intenso, combatiendo la obesidad, que es un factor de riesgo directo.
El contacto con el agua reduce los niveles de cortisol (la hormona del estrés), lo que se traduce en una lectura de presión arterial más estable a lo largo del día.
Recomendaciones antes de empezar
Antes de lanzarse a la pileta, es fundamental que todo adulto mayor con diagnóstico de hipertensión consulte a su cardiólogo para ajustar la intensidad del entrenamiento a sus necesidades específicas.
Para que este ejercicio sea efectivo, no es necesario ser un nadador olímpico. La clave para los adultos mayores es la consistencia. Se recomienda una frecuencia de 3 a 4 veces por semana, con sesiones de 30 a 45 minutos a una intensidad moderada.






