La reciente muerte del anestesista mendocino Alejandro Zalazar en Buenos Aires, vinculada al consumo de Propofol y Fentanilo, volvió a poner bajo la lupa el peligro de estas drogas y los mecanismos de control del sistema sanitario para evitar el desvío de medicamentos críticos.
Se trata de sustancias de uso exclusivo hospitalario, imposibles de adquirir en farmacias comerciales. El fentanilo es un opioide sintético utilizado como analgésico y anestésico, con una potencia hasta 100 veces mayor que la morfina. El Propofol, en tanto, es clave en quirófano por la rapidez con la que induce la inconsciencia antes de una intervención.
Sin embargo, fuera del ámbito médico, el consumo de estas drogas resulta potencialmente mortal y altamente adictiva.
El fentanilo actúa sobre los receptores opioides del cerebro vinculados al dolor y las emociones, generando una intensa sensación de placer. Según explicó el toxicólogo Sergio Saracco en Radio Nihuil, la tolerancia se desarrolla con rapidez, lo que empuja a los usuarios a incrementar las dosis hasta niveles cada vez más cercanos a lo letal en busca de reproducir el efecto inicial.
Controles en Mendoza y llegada de tecnología para evitar el robo de fentanilo
Tras el impacto del caso, el ministro de Salud Rodolfo Montero aseguró que no existen denuncias de robo de Fentanilo o Propofol en hospitales públicos o privados de Mendoza. Además, que los controles son exhaustivos.
Aun así, el Gobierno decidió avanzar en nuevas medidas de seguridad para prevenir el denominado “robo hormiga”.
El Ministerio de Salud anunció que este año instalará robots en las farmacias de los principales hospitales de referencia. El objetivo es automatizar la dispensa de medicamentos y garantizar trazabilidad total desde la compra hasta la administración al paciente, reduciendo al mínimo cualquier margen de desvío por parte del personal.
Nuevas drogas y un problema que trasciende al hospital
Más allá del ámbito sanitario, Saracco advirtió sobre el crecimiento sostenido de las Nuevas Sustancias Psicoactivas (NPS), también conocidas como drogas de diseño.
Entre ellas aparecen el Tusi o “cocaína rosa”, las catinonas -de efectos similares a las anfetaminas- y el cannabis sintético, modificado en laboratorios.
Se trata de sustancias difíciles de detectar en controles químicos rápidos y con fuerte impacto en la conducta, asociadas a episodios de agresividad y violencia en la vía pública.
Para el especialista, el problema de fondo no radica únicamente en la sustancia sino en el contexto social.
“El consumo aparece como respuesta a un vacío social: la búsqueda de soluciones químicas para la ansiedad o para generar placer”, explicó.
Cómo son los síntomas de estas drogas
Saracco detalló que los efectos clínicos -los llamados toxindromes-se distinguen según el tipo de sustancia.
- Depresoras (Fentanilo, Propofol, alcohol): Los pacientes ingresan con pupilas puntiformes, frecuencia cardíaca lenta, alteraciones de conciencia o coma y respiración superficial que con frecuencia obliga a intubación.
- Estimulantes (cocaína, metanfetaminas, Tusi): Provocan pupilas dilatadas, excitación psicomotriz y taquicardia por la liberación masiva de adrenalina.






