El 18 de enero de 1972 una de las camas del hospital mendocino Emilio Civit se rodeó de gente. Angélica Lucía Martínez acabada de dar a luz a su primer hijo y lo tenía sobre su pecho.
Alrededor había algunos familiares y amigas y también un hombre, de unos treinta y pico de años, de lentes oscuros y que apenas balbuceaba el castellano. El desconocido logró explicar que venía a sacarle unas fotos a la madre y al niño, para enviárselas al padre del recién nacido, un piloto estadounidense que había dejado Mendoza 7 meses antes y que ahora estaba en su país, esperando noticias del acontecimiento. Eso fue lo último que Angélica, muchacha de 20 años, supo de aquel hombre, bastante más grande que ella y que había conseguido deslumbrarla, con su uniforme de piloto de la United States Air Force (USAF), la fuerza aérea de Estados Unidos. Ella no supo más de él y su hijo, Gustavo Francisco Martínez, jamás lo conoció.
Esta historia ya tuvo un avance el domingo en Diario Uno. Ahora hay testimonio fotográfico de ese momento de hace 47 años y detalles de lo que hacían los pilotos estadounidenses en Mendoza, mientras se continúan buscando datos del aviador norteamericano, con ascendencia mexicana, Tranquilino Francisco Martínez.
“Encontré la foto. En ella se ve a mi madre, que me tiene en brazos. El que está en el extremo derecho, de oscuro, con lentes y con una cámara de fotos en la mano, es el hombre que mandó mi padre a sacar fotos. Hay amigos y vecinos de mi madre, también”, cuenta ahora Gustavo Francisco Martínez, aquel bebé que ahora tiene 47 años y es taxista.
“La chica rubia de la foto es la hija del hombre que le alquilaba una casa a los militares y de la que mi madre era amiga. Como al año de haber nacido, mi madre se enojó con ellos porque le decían: 'Mirá nena, no va a volver más. Te embarazó y se fue'. Para ella mi padre era su príncipe azul y no imaginó que la iba a abandonar”, dice Gustavo.
También dice que “hubo otros casos parecidos. Yo me enteré de uno. Otro estadounidense que estaba con mi padre, también de origen latino, que se había puesto de novio con una mendocina. Él volvió, se casó con ella y vivieron un tiempo en Mendoza. Se llamaba Sandoval”.
Dice que “mi vieja ya está resignada. Y yo también lo estuve, hasta hace poco, cuando empecé a sentir que podía encontrarlo, saber de él”.
La historia de Gustavo podría ser una de tantas, peor está muy atada a la del país, a una muy poco conocida.
La Operación Vuelo de Cuervo
Entre el 10 y el 17 de noviembre de 1957 se realizó en Buenos Aires la Semana Aeronáutica. Fue la avanzada de una misión estadounidense que duraría 14 años en la Argentina y cuyo objetivo principal fue montar y sostener dos bases de la United States Air Force (USAF) en el territorio nacional. Una estaría en Ezeiza y otra en El Plumerillo, en Mendoza.
Durante esa semana el presidente de facto Pedro Eugenio Aramburu convocó a elecciones para el 23 de febrero del año siguiente y que el traspaso del poder se realizaría el 1º de mayo.
La semana Aeronáutica indicó claramente que los lazos entre Estados Unidos y el gobierno militar argentino eran ideales.
Fue así que Allen Dulles, director de la CIA, logro que Aramburu aprobara el desarrollo del “Proyecto Crowflight” (Vuelo de Cuervo). De esa forma la Argentina le ofrecía colaboración a la Central de Inteligencia que el territorio nacional fuera base de operaciones encubiertas de espionaje aéreo estratégico.
El 11 de septiembre de 1958, ya en gobierno de Arturo Frondizi, llegaron a Ezeiza 3 aviones U-2 junto a todo el personal civil y militar. El 18 de marzo 1959 se realizó en Ezeiza la primera presentación de los Lockheed U-2 “Dragon Lady” y el mayor Richard Atkins indicó que se dedicarían a “investigaciones atmosféricas”. El jefe de la misión, Coronel John Shidal, dijo que estarían 18 meses en el país y que trabajaban con la NASA.
Nadie le prestó mucha atención a los aviones U-2 durante un tiempo, pero el 1º de mayo de 1960 todo iba a cambiar. En medio de la Guerra Fría y pocos días antes de una cumbre que estaba programada en París entre el presidente estadounidense, Dwight Eisenhower y el líder soviético Nikita Jrushchov , un avión espía estadounidense U-2 fue derribado sobre la Unión Soviética. En un principio, el gobierno de Estados Unidos negó el objetivo y misión del avión, pero se vio obligado a admitir su papel en la intrusión aérea cuando la URSS mostró sus restos y anunció que su piloto, Francis Gary Powers, había sobrevivido y estaba detenido.
Pese a esto el domingo 15 de mayo de 1960, con la venia de la Secretaria de Guerra del gobierno argentino, arribaba a Ezeiza una delegación del Departamento de Defensa de Estados Unidos, que incluía un grupo de instructores militares de elite, asesores y técnicos del ejército estadounidense.
A partir de allí se comenzó a establecer la base de la USAF en El Plumerillo, bajo los nombres “Quick Dip” (inmersión rápida) y “Skin Diver” (buceador) y la operación completa se llamó “Quick Kick” (patada fulminante).
A los aviones Lockheed U-2 , se le sumaron los Martin / General Dynamics RB-57F Canberra.
El 17 de septiembre de 1965 las operaciones estadounidenses fueron autorizadas, ya bajo la presidencia de Arturo Illia.
Según algunas fuentes, la USAF tenía en el país 34 aeronaves, 350 pilotos, una torre de control móvil, un radar portátil y personal militar y civil.
Para cada ciclo de vuelos se transportó personal de tierra y equipos desde la base Albrook, en Panama. El equipo terrestre incluía material aeronáutico, de comunicaciones, sistemas de oxigeno, una camioneta especialmente equipada para preparar a los pilotos para vuelos de gran altura con trajes presurizados, tractores para mover los aviones y otros vehículos.
En El Plumerillo la USAF ocupó 2.600 m2 para estacionar aviones en la base, 465 m2 de depósitos y 30 m2 de oficinas, además de las facilidades logísticas para operar aviones: bomberos, mantenimiento liviano, lavado y meteorología.
Entre los 150 efectivos de la USAF que hubo en Mendoza entre 1965 y 1972, estaba Tranquilino Francisco Martínez, el padre de Gustavo, el hombre de Angélica, que solo buscan saber algo de él para poder completar la historia.
