ver más
Entrevista

Malvinas: una pierna perdida, un amor ganado y la historia de un soldado de 19 años que sobrevivió a la guerra

El soldado Renato Ruiz estuvo 60 días en las Islas Malvinas y cuenta su experiencia de heridas y horror, pero también de un amor que se abrió camino

Editado por Pablo Abihaggle
abihaggle.pablo@diariouno.com.ar

Renato Ruiz, soldado del tercer regimiento de La Tablada, salió en busca de un poco de turba el 9 de junio de 1982 por la tarde, en Punta Enriqueta, Malvinas. Junto a un compañero de trinchera, habían caminado 150 metros hasta encontrar un pequeño montículo, con el que recargaron una bolsa que habían encontrado en el pueblo. Renato dio un paso al frente, se puso en cuclillas junto a la bolsa y la levantó.

Lo que siguió fue un estruendo insoportable. Un penetrante silbido los aturdió, seguido de oscuridad, humo y la visión nublada. Renato se elevó algunos centímetros y estrelló su cuerpo contra el piso. Su compañero corría a su alrededor, desesperado por el dolor que lo consumía, con cuatro esquirlas clavadas en uno de sus muslos.

Renato Ruiz, veterano de malvinas 3.jpeg

Renato Ruiz, mendocino por adopción, a sus 19 años en el Regimiento 3 de La Tablada.

Una mina antipersona colocada por otros soldados argentinos entre la turba, diseñada para matar o inmovilizar al enemigo, se había activado con el peso de su cuerpo.

Renato abrió los ojos minutos después, rodeado por sus compañeros que habían escuchado el sonido de la explosión. No podía soportar el dolor. Lo subieron a una camilla.

"Matame", le pidió a uno de los que lo asistían. "¿Qué decís? Vas a estar bien", le respondió otro, mientras un enfermero del regimiento corría hacia él con dos o tres soldados. Del bolso médico extrajeron una jeringa. "Soy alérgico a la penicilina", dijo rápidamente Ruiz, y sus compañeros lo tranquilizaron asegurándole que lo que le estaban dando era morfina.

Renato Ruiz, veterano de malvinas 2.jpeg

Renato Ruiz estuvo 60 días en las Islas Malvinas.

En medio de gritos de desesperación, bajó su mirada hasta el borceguí en su pie derecho: ninguno de los dos estaba en su lugar. De la rodilla hacia abajo solo había huesos, sangre, venas, arterias y carne expuesta. "Sentía un ardor en todo el cuerpo, un fuego insoportable que se concentraba de la cintura hacia abajo".

El vuelo de la muerte

Pasaron 42 años del 9 de junio, el día que la mina explotó y ahora Renato, de 62 años, nacido en Ituzaingó, crecido en Castelar y mendocino por adopción desde 1989, cuando se instaló en Godoy Cruz, recibió a Diario UNO. Vive junto a su esposa, mujer que conoció, en uno de esos giros literarios que acostumbra dar el amor.

Es un avezado militante de la causa Malvinas, y junto a un grupo de compañeros logró investigar el número real de los muertos mendocinos en las islas. Son 359 los nacidos en nuestra provincia que llegaron a Malvinas, 15 de ellos, aunque alguna vez se dijo que eran 17, no volvieron.

Los recuerdos siguen vivos en su memoria, Renato explicó que después de 58 días defendiendo territorio argentino, lo tuvieron que sacar en un Hércules. "Miraba para atrás y veía los asientos donde otros soldados tenían vendajes en la cabeza y en los brazos. Lo que siempre digo es que eso es lo más real de la guerra; cuando ves eso y escuchas el lamento... Es la crueldad de toda guerra", recordó, mientras miraba al piso, con una memoria precisa que guarda cada detalle, fecha y emoción.

Renato Ruiz, veterano de malvinas 4.jpeg

Diario de la época. Renato Ruiz en la parte inferior de la nota.

Lo sacaron en "el vuelo de la muerte", como lo llamó el coordinador de los capellanes en Malvinas, el padre José Fernández (fallecido en 2008), en una crónica de sus días en la trinchera junto a los soldados.

El sistema de defensa aérea británico había detectado la entrada del Hércules a las islas y lo esperaban a la vueltacon la intención de derribarlo. "A pesar de que llevaba una cruz y que en toda guerra está prohibido atacar aviones sanitarios", dijo. Lo que lo salvó, cuenta cuatro décadas después, fue la pericia de los pilotos, que se dieron cuenta de que habían sido captados por un radar y retomaron por un camino alternativo.

Fue un milagro que ese avión tocara tierra y llevara a Renato al hospital militar, sobre todo por la hostilidad de los británicos: "Habían derribado un avión sanitario el primero de junio. Un piloto británico se acercó al avión argentino y se comunicaron por radio. Le preguntaron qué estaba haciendo en la zona y él respondió que buscaba heridos, pero no le creyeron. Pensaron que llevaba armamento, que había algo extraño. Y lo derribaron", contó.

Malvinas y el destino

Cuando comenzó la Guerra de Malvinas, Renato estaba en el Distrito Militar de Capital Federal. Siete días después, recibió la orden de trasladar un camión aguatero desde ese lugar hasta el Puerto de Buenos Aires. El mandato era simple y estaba acostumbrado, luego de hacer la colimba y quedar en el parque automotor del Regimiento 3 de La Tablada.

Renato Ruiz, veterano de malvinas 5.jpeg

Renato Ruiz desempeñaba funciones en el parque automotor del Regimiento 3 de La Tablada.

Ya era el 9 de abril. Cumplió con la directiva. Acercó el acoplado al camión y revisó el funcionamiento de las luces delanteras, de frenos, posición y giro. Todo en orden, pensó, mientras se preparaba para encender el motor.

De camino de la parte trasera del vehículo al cubículo del conductor notó un cartel que decía "Regimiento de Infantería Mecánica 23, Compañía B2Y, destino Islas Malvinas". "O me mintieron y vamos a Malvinas o la carga va en carácter de préstamo para los que ya están en las islas", alcanzó a pensar Ruiz, que para entonces tenía 19 años y había terminado el año anterior la colimba. Negarse a su destino militar era, y es, un delito.

Lo último que había escuchado del comandante del regimiento era que, si se enviaban tropas del Regimiento 3 de La Tablada, se quedarían en Río Gallegos.

Sin embargo, una versión distinta tenía su familia. Para entonces ya había gente abarrotada en la puerta del regimiento con temor de tener que despedir a sus hijos, nietos y hermanos. Su propio jefe, en televisión, había dicho que "él ponía a disposición la décima brigada, que pertenecía al regimiento 3, al 6 y al 7, a la compañía de comunicaciones 10 y otros tantos más a disposición del gobierno". "Eso no lo habíamos visto nosotros y tampoco lo habían comunicado", recordó.

Renato Ruiz, veterano de malvinas 6.jpeg

Renato Ruiz repasa sus momentos antes de ir a la guerra y recuerda que no había indicios claros de que lo fueran a destinar a las Islas Malvinas.

El 10 de abril llegó otra orden. Ahora, el traslado era de municiones y armas a todos los que manejaban para llevar del Regimiento de La Tablada a la base del Palomar. "Tenía que pasar por el centro de Morón, donde está la estación de ferrocarril. Era increíble, la gente se arrimaba y te daba cosas. Vos estabas ahí sin decir una sola palabra porque te quedabas asombradísimo".

A las 7 de la mañana ya estaba de regreso en el regimiento. Mandaron a todos a dormir hasta las 11 y luego los hicieron bañar. "Nunca había pasado eso, nos bañábamos a la tarde", recordó.

Así, entre muchos secretos -que se explican por un lado para no filtrar información sobre el comportamiento de las tropas al enemigo y por otro para que los familiares no impidan la salida de los camiones que tenían el destino inevitable de la guerra-, se enteró de que había sido seleccionado para ir al combate.

Durante la guerra, un superior le confesaría que fue un error que estuviera ahí. La lista había cerrado dos apellidos antes pero hubo un fallo en la comunicación. Cosas del destino.

La llegada a Malvinas

“Almorzamos y a la una subimos al colectivo. Nos llevaron al Palomar y nos cargaron a las 14 en unos Boeing 707 que ya estaban, por decirlo de alguna manera, al borde del desguace, porque ya habían traído los 747”, continuó.

Sentados en el suelo del avión, en fila india y pegados a la ventanilla, soportaron el ruido ensordecedor de los motores, que sonaban desgastados. Tras cuatro horas de viaje, aterrizaron en Río Gallegos. Mientras que en Buenos Aires la temperatura rondaba los 24 grados, al bajar del avión se encontraron con un frío helado de tres o cuatro bajo cero y un viento insoportable.

Malvinas.jpg

Foto que dio la vuelta al mundo para graficar lo que cuenta Renato Ruiz sobre el traslado a Malvinas.

“Todos nos quedamos en un silencio absoluto. Nos miramos entre nosotros y nos decíamos: ‘Nos engañaron como a los mejores’”, relató, quien ya sabía, para entonces, que el destino inevitable era la defensa de la soberanía de Argentina sobre las Islas Malvinas.

Sobre la instrucción, explicó que los habían preparado durante un año en la colimba, pero el suelo de Malvinas era totalmente distinto al de sus prácticas. Fangoso y surcado por ríos de piedra, muy distinto a Buenos Aires. Tampoco conocían al enemigo, el mismo que para 1982 tenía el segundo presupuesto en Defensa más alto de la OTAN, solo superado por el de Estados Unidos. Por si fuera poco, en el año de la guerras, los británicos destinaron un total de U$S 27.700 millones extra, según datos del Instituto Internacional de Investigación para la Paz (SIPRI).

La asimetría era palpable desde el comienzo. Un país subdesarrollado y periférico se enfrentaba a una potencia militar.

"Nos dieron una pequeña instrucción -narró- unos días antes de llegar a las Malvinas, sobre cómo eran los aviones, datos del lugar más o menos para saber cómo teníamos que hacer las trincheras. Pero de ahí en más, era todo nuevo para nosotros. Como fue para los ingleses mismos. Porque los ingleses nunca combatieron en un suelo como este".

Las charlas en Malvinas

Entre la miseria de las condiciones que sufrían los combatientes, la tristeza por estar lejos de la familia, ver la muerte cada día, entre otras emociones ¿Había tiempo para la distención?

"Todo el tiempo vos te juntabas y conversabas. Casi siempre era el tema de la familia, preguntar al compañero como están sus familiares, cuando llegaban las cartas. Y qué te dijeron; qué noticias saben", explicó. Esto último era fundamental, porque "la noticia argentina mentía, porque a los periodistas les escribían un papelito y tenían que leer eso".

"Resulta que había gente en Buenos Aires que escuchaba la radio de Uruguay, y las noticias eran totalmente diferentes y más fatalistas ¿Mienten los uruguayos o los argentinos? A nosotros nos daban una hoja donde decía que habíamos derribado tantos aviones, que había tantos soldados ingleses muertos y todo eso, pero nunca nos dijeron que habían hundido, por ejemplo, el Crucero ARA General Belgrano y el ARA Alférez Sobral. Lo ocultaban", narró.

Aprender a combatir en Malvinas estando en las islas

En la llanura pampeana, donde se había instruido Ruiz, "teníamos, por ejemplo, matorrales. Allá no, era todo recto. Por ahí tenías subidas y bajadas, sectores donde había mucha piedra. Cuando caían los proyectiles tanto de los barcos como de la artillería inglesa, pegaban sobre las piedras y armaban todo una explosión de esquirlas, del mismo proyectil y la esquirla de las piedras que reventaban".

Y continuó: "Te agarraba una piedra y te mataba. Entonces, ibas aprendiendo conforme avanzabas en el camino".

Renato Ruiz, veterano de malvinas 8.jpeg

Las Islas Malvinas también fueron una escuela para los soldados argentinos.

"Habíamos aprendido a detectar dónde iba a caer la munición de los barcos", continuó.

"Si escuchábamos un sonido a nuestra izquierda -explicó Renato- era porque iba a caer una bomba cerca del aeropuerto, uno de los principales blancos que tenían los británicos. Si venía por la derecha, iba hacia los radares, que se trasladaban todos juntos para no revelar la posición de los dispositivos".

"Si venía en línea recta hacia nosotros, te tenías que preparar porque nos iba a caer cerca o, quizás, sólo era una bengala. Las bengalas las tiraban a 200 metros de altura y te iluminaban cuatro cuadras alrededor, era impresionante. Entonces, cuando te tocaba la guardia y escuchabas un sonido en ese sentido, tenías que tirarte al piso, lloviera o no. Si no lo hacías, tu silueta quedaba expuesta y sabían que había una persona”, completó.

Malvinas y el amor

Renato Ruiz, veterano de malvinas 9.jpeg

Bibiana Elizabeth Policelli, la mujer que se animó a enviarle una carta a un combatiente de Malvinas luego de verlo por televisión.

Bibiana Elizabeth Policelli, su esposa, luego de escuchar una nota del periodista Enrique Alejandro Mancini, de la Televisión Pública, replicada en Canal 7, le envío una carta llena de ternura y amor, a él, un joven de 62 kilos que había perdido más de 20 en la guerra y estaba tirado en una cama militar casi con una pierna menos.

La recibió el 6 de julio de 1982, casi un mes de finalizado el conflicto. "Señorita Bibiana Policelli, calle Gemmer, Godoy Cruz, Mendoza", decía el sobre que le llegó a sus manos. Todas las que le llegaban, se tomaba el tiempo de responderlas. Eran soplos de amor y ternura para una persona que recientemente había convivido con los horrores de una guerra.

Renato Ruiz, veterano de malvinas 10.jpeg

A pesar de los horrores de la guerra, el amor encontró su camino.

Se encontraron tiempo después, el 17 de marzo de 1985, cuando Renato, junto a su padre, viajaron a Mendoza para asentar en la ruta el camión que se habían comprado y, además, conocer a la familia de Bibiana, con quien para entonces mantenía una estrecha amistad.

Dos días después, Renato selló, mientras caminaban por una plazita, el amor con la incómoda pregunta que toda pareja tiene que afrontar. La relación continuó a distancia hasta que el 10 de octubre de 1986 se casaron en la iglesia San Vicente Ferrer de Godoy Cruz.

Renato Ruiz, veterano de malvinas 11.jpeg

Renato perdió un pie pero ganó una vida que habría sido diferente si él no hubiera ido a pelear a Malvinas.

Vivieron un tiempo en Castelar y luego se mudaron a Mendoza, a un barrio de Godoy Cruz donde aún continúan su historia.

MÁS LEÍDAS