“Veía irse mis vinos, y mi trabajo, sin saber en qué botellas iban a terminar. Era como dejar ir a mis hijos, sin haberlos criado”, dice Lula. Después, desde la decisión de embotellar ella misma su propia producción, a la de hacer una edición solidaria para apoyar a grupos de mujeres en situaciones vulnerables o con iniciativas sin financiamiento, hubo un solo paso, sencillo, natural.

Lula Pettenatti tiene 32 años y es la que ha resucitado la bodega familiar La Coralia, de Carril Norte y Montecaseros, en la zona de Buen Orden, San Martín. Aldana Oyarzabal tiene la misma edad y tiene una finca cercana a la bodega, de la que salieron las uvas bonarda que generaron este vino solidario.

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Los vinos de Lula se llaman La Tana. Cuenta que por su origen familiar, pero también “por la Tana Ferro”, dice. Esa tana fue el personaje de antología que protagonizó Valeria Bertuccelli en el film de Juan Taratuto “Un novio para mi mujer”, con Adrián Suar como coprotagonista. “Una mujer con mucho carácter, que nos fascinó”, cuenta Lula.

“Creamos esta edición solidaria de La Tana, con un bonarda de San Martín, que en la etiqueta tiene hasta las magnolias de la plaza, y queríamos dar parte de las ganancias a mujeres y niños”, relata.

“Primero pensamos en apoyar a algún merendero pero, después, y debido a que el vino tiene una línea tan femenina, decidimos apoyar a algún grupo de mujeres”, afirma.

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Así fue que, para este año, el grupo beneficiado con la recaudación de la venta de estos vinos, será “Mujeres al pedal”. Lula cuenta que “son mujeres ciclistas que comenzaron a usar la bici como algo terapéutico y que ahora participan en algunas competencias”.

Allí hay amas de casa, sin empleo remunerado. También hay alguna que se ha separado y está recuperándose… ninguna de ellas tiene el dinero para practicar la actividad, comprase ropa y pagar las inscripciones en las competencias. Entonces la venta del vino cubrirá esos costos”, dice la bodeguera.

Ese grupo que practica montain bike, fue creado por Laura Funes y Sandra Agüero y ya se han sumado a él María Díaz, Soledad Páez, Alejandra Pereyra y Alejandra Arias.

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Recuperar la tradición

Lula Pettenatti estudió en Don Bosco. Aclara que “me falta la tesis, que estoy preparando en base a lo que hacemos con La Tana”. A los 19 años comenzó a trabajar, y pasó por Navarro Correas, Catena Zapata, Tapiz, Bodega Argento “y después me fui a Estados Unidos, también a hacer vinos”. Recuerda que “cuando estaba allá me llamó mi hermano y me dijo que quería reactivar la bodega. ´Venite´, me dijo, y me volví”.

Cuenta que lograron poner en condiciones algunas piletas y máquinas y en 2015 vendieron a granel. “Así fue los primeros dos años, hasta que comenzaron a traer millones de litros vinos chilenos, y esos nos mató. Entonces empecé a trabajar en el proyecto de embotellado. Además, veía irse mis vinos y mi trabajo sin saber en qué botella iba a terminar. Era como dejar irse a mis hijos sin haberlos criado”.

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Una amiga, corredora inmobiliaria, le propuso aportar dinero para las botellas, los corchos y etiquetas, mientras Lula ponía el vino. Después surgió el nombre y la etiqueta. “Quedó un producto con un perfil muy femenino. Eso también nos pareció bueno, como para desmitificar que a las mujeres solo le gustan los vinos blancos”.

Fue un trabajo completamente artesanal. El primer vino fue un Malbec Syrah, después un Malbec, un Cabernet Franc, y el Bonarda. Todos con uvas de la zona este.

Lula cuenta que “todos mis vinos los distribuyo manera personalizada, de bodega a comercio, porque también creemos fervientemente en el comercio justo y en la soberanía alimentaria. Creo que los intermediarios terminan haciendo que el consumidor pague más. Por eso no trabajo con distribuidoras ni supermercados. Los gigantes destruyen a las pymes y no se recuperan ni siquiera los costos”.

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