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Vive en cautiverio desde 1984

Los tres posibles destinos de Jorge, el famoso tortugo del Acuario

Abogados ambientalistas interponen un habeas corpus para liberar al tortugo. Desde el Acuario Municipal aseguran que la cuestión no es fácil de resolver.

Jorge, el tortugo marino que hace 37 años vive en el Acuario Municipal de la Ciudad de Mendoza, ya alcanzó una longevidad inusitada para un animal en cautiverio: se calcula que al menos tiene 80 años.

Según explicó Federico Correa, el veterinario del Acuario, no existen antecedentes conocidos acerca de un espécimen similar que haya vivido tantos años en estas condiciones. De hecho, indicó el profesional, en la naturaleza, la expectativa de vida que tienen es de 33 a 49 años.

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Por este motivo, un grupo de abogados ambientalistas, entre los que figura Vanesa Lucero, María Aguilar y Oscar Mellado, puso hace un mes, un habeas corpus para garantizarle a Jorge el derecho a la libertad.

Correa aseguró que en el municipio no se oponen al traslado de Jorge, pero existen muchas dificultades para concretar este objetivo.

Se barajan, entonces, tres posibles destinos para el futuro del tortugo Jorge, que no tiene muchos años más de expectativa de vida.

Tres alternativas

Correa explicó que el destino ideal para Jorge -y por ende, la primera de las alternativas que se barajan- es que lo trasladen a un santuario en una zona tropical, que hubiera sido su hábitat natural. Si bien manifestó que el traslado en sí no sería el escollo principal, ya que se trata de un animal duro, que puede aguantar vivir fuera del agua, y para el que el viaje no sería letal -aún a pesar de su edad avanzada- no encuentran un lugar con las condiciones que se necesitan para rehabilitarlo.

Según argumentó, hay un sitio en Uruguay, pero no se trata de un santuario, sino de un lugar en el que realizan una rehabilitación de tortugas marinas que quedan atrapadas en las redes de pescadores, y se lastiman. Las curan y las devuelven al mar. Pero no se trata de animales que han vivido en cautiverio durante gran parte de su existencia.

Para recibir a Jorge, debería encontrarse un santuario en una zona tropical, que tuviera las condiciones para realizar una rehabilitación que puede llegar a ser larga, antes de que el tortugo pudiera vivir en el mar.

"Por el momento no hemos dado con ningún sitio que cumpla con estas condiciones", destacó el profesional.

Y explicó que si ese lugar existiera, hay que esperar a que lo reciban, porque ha sucedido que por beneficiar al animal que ha estado en cautiverio, se termina perjudicando a los que ya habitan en el lugar. Esto porque los animales en cautiverio pueden ser portadores sanos de enfermedades que sí afectan a las especies que viven en libertad.

La segunda alternativa es que se quede en el acuario de la Ciudad, y que se pueda construir para él un recinto más grande y más acorde a lo que Jorge necesita para vivir. Esta no sería una solución óptima, sino apenas una mejora de la calidad de vida del tortugo.

La tercera de las posibilidades, que por supuesto es la que menos le conviene a Jorge, es seguir tal cual está, ya que su expectativa de vida no es de muchos años. Sin embargo, esto deberá terminar resolviéndose en la Justicia, ya que el destino de Jorge ya se ha judicializado.

Una vida difícil

La vida que ha hecho el tortugo Jorge, al menos desde que comenzó a formar parte del acuario, no ha sido la más indicada para un animal que habita en el mar. Llegó a Mendoza en 1984, cuando ya era un animal adulto, proveniente de Bahía Blanca.

Hasta el 2005 convivió con otras especies marinas, como un tiburón de pequeñas dimensiones, cuya muerte se le atribuyó al tortugo -aunque nunca hubo pruebas fehacientes al respecto- Según Correa, el tiburón nodriza pudo haber perecido durante la noche y Jorge lo mordió después de encontrarlo muerto.

Después el municipio de la Ciudad le construyó un recinto particular, para que pudiera vivir allí, de dimensiones mayores al que habitaba en un principio. Este el sitio donde vive desde entonces, pero para las proporciones que tiene Jorge, la enorme pecera es apenas un departamento de un ambiente.

Así las cosas, el futuro de Jorge no solo depende del fallo de la Justicia, sino de que se pueda encontrar un lugar para que pase los años que le restan, o se pueda mejorar la calidad de vida que tiene hasta ahora, permaneciendo en el acuario de la Ciudad.

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