Por mucho tiempo se normalizó el trabajo de ser farero, pero realmente no es un trabajo para cualquiera. Pese a ser autosuficientes, hábiles y claves para que el faro funcione y guie a los barcos, son trabajadores que viven aislados, soportan condiciones climáticas extremas y deben estar preparados para un inminente naufragio.
Durante las tormentas y las emergencias, los fareros tenían una gran responsabilidad, ya que trabajaban para garantizar que las señales luminosas siguieran funcionando y que los barcos pudieran navegar con seguridad en condiciones peligrosas.
Mientras las olas golpeaban violentamente contra la costa, estos guardianes marítimos asumieron un papel multifacético que iba mucho más allá de simplemente iluminar el camino y lastimosamente, pocos trabajadores han logrado sobrevivir a ello, según las versiones que circulan al rededor del mundo.
¿Por qué tantos trabajadores de faros enloquecieron?
Las condiciones de vida de los fareros variaban según la ubicación en la que se encontraban, pero estaban aislados dentro del propio faro, con suerte vivían con sus familias y si no, con su propia compañía.
Ser farero conllevaba diversos peligros y riesgos, que no solo era poner su vida en riesgo, sino, tener muchos efectos psicológicos, que pueden poner a prueba incluso a las personas más resistentes. Entre los mayores desafíos de este trabajo se encuentran:
El aislamiento y la fatiga social: los faros al estar ubicados en lugares remotos e inhóspitos, sin contacto humano más que con solo luces, hacía que la soledad pesara como piedra. El principal impacto psicológico de este tipo de soledad fue la aparición de paranoia y depresión y un deterioro significativo en la interacción social.
Condiciones laborales muy peligrosas: expuestos a los peligros del clima, aguas turbulentas, vientos extremadamente fuertes y un mantenimiento del faro que requería estar alerta se volvía desgastador física y mentalmente.
Envenenamiento por mercurio: antes, los faros no tenían electricidad ni automatización así que el farero era responsable de que una enorme lente girara sin parar gracias a que sumergían los lentes en mercurio líquido para que lo hiciera con mayor facilidad y rápido. En ese sentido, la intoxicación crónica por mercurio provoca confusión, depresión y alucinaciones.
Sin embargo, en la actualidad pasó de ser una profesión peligrosa y exigente a evolucionar usando tecnología moderna para desempeñar su rol de seguridad marítima.




