Llevaron cuatro llamas al desierto hace 30 años y hoy lo convierten un oasis natural

La iniciativa pionera en el desierto peruano busca replicar el modelo de oasis fértil en zonas áridas, utilizando técnicas ancestrales y animales adaptados.

La iniciativa comenzó en 1995, cuando el filósofo e investigador Alberto Benavides Ganoza adquirió tierras en el desierto del Valle de Samaca, en Ica. Más de tres décadas después, los resultados continúan sorprendiendo a la comunidad científica y ambiental.

Convirtieron un desierto peruano en un oasis agroecológico usando llamas y técnicas ancestrales

Para poner en marcha la recuperación de esa parte del desierto, se excavaron pozos tubulares que permitieron extraer agua mediante el uso de energías limpias. Además, se plantaron los primeros cercos vivos de huarango, un árbol nativo capaz de captar humedad de las capas subterráneas y cuyas raíces ayudan a estabilizar el suelo, reducir el impacto del viento y crear un microclima favorable para otras especies.

En 2010, ante la necesidad de recuperar la fertilidad del terreno sin utilizar químicos ni maquinaria pesada, Benavides incorporó cuatro llamas provenientes de las alturas de Huancavelica. La propuesta era poco convencional. Se trataba de adaptar un camélido andino a las duras condiciones de la costa desértica.

¿Por qué las llamas fueron clave para restaurar el desierto?

Las llamas fueron trasladadas de manera estratégica por diferentes sectores del desierto. Su paso ayudó a compactar y airear la arena, mientras que sus deposiciones aportaron nutrientes esenciales para recuperar un suelo que durante años había permanecido degradado. Además, al alimentarse mediante un pastoreo suave, favorecieron el crecimiento de nuevas plantas sin destruir sus raíces.

En 2026, aquel pequeño grupo inicial de cuatro llamas se transformó en una manada de más de 60 ejemplares completamente adaptados al clima costero. Se trata de una experiencia única en la costa peruana, donde estos animales cumplen un rol activo dentro del proceso de restauración ecológica.

La antigua pampa árida de Ocucaje se convirtió progresivamente en un bosque seco vivo y un oasis agroecológico gracias a la reforestación con huarangos y otras especies nativas. El paisaje desértico comenzó a recuperar biodiversidad y capacidad productiva.

Actualmente, el suelo restaurado permite cultivar y procesar productos agrícolas de alta calidad, como pallares, frejoles y aceite de oliva extra virgen, bajo un modelo basado en el comercio justo y el respeto por los ciclos naturales.

En pocas palabras

  • Desierto peruano: Hace 30 años se inició un proyecto para transformarlo en un oasis fértil sin agroquímicos.
  • Llamas como motor: La introducción de cuatro llamas en 2010 fue clave para la recuperación del suelo y la biodiversidad.
  • Oasis agroecológico: El proyecto hoy permite cultivar productos de alta calidad bajo un modelo de comercio justo.
Resumen generado por Thinkindot AI

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