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Memoria, verdad y justicia

Lila De Marinis: la historia detrás de uno de los casos clave de la dictadura mendocina

La desaparición de Lila fue uno de los primeros casos en los juicios de Mendoza, gracias a su madre Isabel, emblema de las Madres de Plaza de Mayo locales

Editado por Paola Alé
ale.paola@diariouno.com.ar

Una de dos: o la sociedad mendocina que habitaba este suelo en 1976 realmente no sabía que se venía una dictadura o simplemente no lo quería ver. La respuesta no cambia la realidad: en esa época, era bastante difícil estar al tanto de los desaparecidos, más estando lejos del centro de la información que era Buenos Aires.

Este era el caso de los De Marinis: 5 hijos, la mayoría estudiantes, un padre músico y una madre ama de casa. Si bien la tercera de sus hijas, Lidia Beatriz, a quien todos llamaban Lila, ya había ido y venido de Mendoza a Córdoba, había estudiado y dejado de estudiar, tenía un hijo pequeño y militaba en el PRT –como cientos de miles de chicos y chicas de esa época- la situación no parecía revestir ningún tipo de peligro. Los días después del golpe militar del 24 de marzo se sucedían de un modo apacible. Sin embargo, el cuadro bucólico duró poco. Algo literalmente, irrumpió en sus vidas y las partió para siempre.

La desaparición de Lila De Marinis fue uno de los casos clave para que comenzaran los juicios a los represores mendocinos, sencillamente por la férrea militancia de su madre, Isabel Figueroa de De Marinis (o "La Isabel" como le decían) que fue emblema y bandera de las Madres de Plaza de Mayo mendocinas.

Lita y Lila De Marinis

Lita y Lila De Marinis.

El secuestro de Lila

Lo que irrumpió en la vida de la familia De Marinis fue un grupo de tareas, entre 6 y 8 militares con borceguíes y pasamontañas, que ingresaron al edificio de Catamarca y Montecaseros y subieron sin ningún tipo de disimulo al cuarto piso.

En la casa se encontraban, ya dispuestos a dormir, Isabel, Armando (el padre) Lila, Lisandro, su hijo de 5 meses y Gustavo, su hermano de 15 años.

El operativo consistió en tapar la cabeza de Lila con la funda de una almohada, revolver todo lo que pudieron, atar a los padres y al hermano en la habitación, y a Lila la dejaron sostener al bebé hasta que se la llevaron.

Ese día, la familia De Marinis, integrante de la clase media mendocina, se enteró de todo lo que sí estaba pasando en el país.

En medio del pasillo, mientras los militares se llevaban a empujones a Lila, uno de ellos le gritó a la madre: "Vieja, hacete cargo del pendejo”.

Ante el asombro de toda la familia y como un preludio de lo que se convertiría el resto de su vida, Isabel se desató las manos y se hizo cargo de la situación.

Ese mismo 3 de junio de 1976, a las 12.30 de la noche, ella y su marido corrieron a hacer la denuncia por el secuestro de Lila en la Comisaría 3ª y volvieron al amanecer. Solo consiguieron que unos agentes vinieran a la casa e hicieran, a desgano, un croquis. Entonces, comprendieron que no iba a ser fácil denunciar lo que había ocurrido en su casa. Una situación que continuó así hasta los albores de la democracia.

Lila con compañeras en Córdoba

Lila con compañeras de facultad en Córdoba.

La búsqueda

Desde ese día en adelante, todo lo que ocurrió en esa familia se redujo a buscar. Primero en buscar a Lila viva, luego, en buscar datos, más tarde, en buscar su cuerpo.

Esa búsqueda, según relató su hermano -y nuestro compañero de redacción en Diario UNO- Gustavo, nunca tuvo resultados positivos: nada se supo de Lila. Nadie la vio. Nadie pudo recordar su voz, no hubo testigos que la vieran llegar en camisón, en pleno invierno y nunca se encontraron sus restos, tal y como ocurrió con otros miles de desaparecidos.

Pero, al mismo tiempo y sin descanso, la siguieron y la siguen buscando.

En principio, lo hizo con un tesón incomparable, Isabel, quien se convirtió en una de las primeras Madres de Plaza de Mayo de Mendoza. Comenzó a reunirse con otras mujeres que también buscaban a sus hijos e hijas, y consiguieron que en una Iglesia de Godoy Cruz les prestaran un salón donde se juntaban, obviamente en forma clandestina.

En 1977 empezaron las marchas. En Mendoza se replicaron los actos que se realizaban cada jueves en la plaza porteña. Hubo muchos días de esperas en la puerta de la sede central de la Policía de Mendoza –ubicada en ese momento en Patricias Mendocinas y Montevideo, en el centro de la Ciudad- y era Isabel, acompañada muchas veces por sus hijos Lita y Gustavo –ya que los otros dos, Dora y Hugo, debieron irse del país- quienes recorrían edificios policiales, se reunían con abogados, pedían habeas corpus.

Nada dio resultado, en términos reales: Lila no apareció. Sin embargo, su ausencia comenzó a convertirse en memoria.

Las Madres de Plaza de Mayo y el legado de Isabel

Luchadora. Isabel de De Marinis siempre estuvo en primera fila en defensa de los derechos humanos.

Isabel Figueroa de De Marinis, la madre que nunca dejó de buscar a su hija Lila.

Isabel no solo se hizo cargo de su nieto, como le dijo aquel hombre encapuchado que se llevó a su hija. También se colocó frente a una lucha colectiva.

“Mi mamá era como la bandera idolatrada. No empezaba ninguna reunión, ni ninguna marcha hasta que no llegara ella”, contó Gustavo.

De hecho, el caso de Lila fue de los primeros en tratarse en los juicios de lesa humanidad que se realizaron en Mendoza, porque la insistencia de esa mujer era tan férrea que hasta los jueces federales la llamaban para hablar con ella, porque Isabel nunca dejó de criticarlos por demorar y trabar las causas.

Isabel se fue físicamente el 9 de julio del 2012, a los 94 años y después de haber dado una batalla incansable. Su legado, sigue en los pasos de su hijo Gustavo, de su nieto Lisandro y de su bisnieto, Laureano, así como en el resto de su familia que también milita por la desaparición de Lila.

El enigma de Campo Las Lajas

Existen unas cuantas sospechas que llevaron a su familia a pensar que Lila vivió poco tiempo después del secuestro y que probablemente, sus días en cautiverio pasaron en Campo Las Lajas, en Las Heras.

Una de ellas es que casi todos los que fueron llevados a ese campo de concentración, no volvieron. Existen muy pocos testimonios de ex presos políticos que hayan estado en Las Lajas y que regresaron para contarlo.

Otra de las hipótesis es que nadie vio a Lila en el D2, así es que en este centro clandestino probablemente no estuvo. Puede que haya sido llevada a otra provincia, pero lo más cercano a las elucubraciones familiares es que Lila haya muerto en Las Lajas.

Los integrantes de organismos de derechos humanos han planteado más de una vez la posibilidad de hacer excavaciones en Las Lajas, pero por las dimensiones de ese campo, y porque no hay ninguna referencia puntual en cuanto a un lugar de enterramiento, es difícil “peinar” ese campo en busca de restos óseos. De todas maneras, no es algo que se haya descartado de plano, según relató Gustavo.

Lila De Marinis 4

Distintos momentos en la vida de Lila, de joven, en su viaje de egresados, y cuando hizo la comunión a los 8 años.

La esperanza

En cuanto a la posibilidad de hallar datos de Lila, Gustavo asegura que no pierde las esperanzas de que algún día alguien se acuerde de algún dato, que cuenten si la vieron, si pudieron hablarle. Que les den un dato de dónde puedan encontrar sus restos.

“Es difícil convivir con esta historia, porque a los desaparecidos, no solo les robaron la vida, sino también la muerte”, en esta frase, que pertenece a Mariú Carreras –una de las históricas militantes por los desaparecidos mendocinos- resume lo que pasa cuando alguien falta definitivamente: si no hay un final, la búsqueda se vuelve algo interminable.

Pero Gustavo tiene también tiene otro tipo de confianza: confianza en las nuevas generaciones, en el futuro: "Estos días los que militamos en derechos humanos y los familiares de desaparecidos nos hemos renovado de energía por la cantidad de chicos y chicas de las escuelas y de las universidades que nos han contactado para hablar con nosotros, para que les demos charlas. En estas épocas de negacionismo, esto es lo que mantiene viva la esperanza”.

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