Leonardo Di Carlo es sacerdote pero antes se recibió de médico especializado en ginecología y obstetricia. Tiene a cargo el trabajo diario y el funcionamiento de la parroquia San Pedro y San Pablo y siete capillas de la zona Este.
Leonardo Di Carlo, el ginecólogo que se convirtió en cura: "La ciencia y la fe pueden convivir"
La vocación lo llevó, años atrás, a estudiar Medicina: el arte de curar. Pero después sobrevino otra vocación: la espiritual.
Entonces, se integró al Seminario y gracias al consejo del entonces arzobispo de Mendoza José María Arancibia desarrolló, durante ocho años, un lento proceso que hoy, a sus 46 años, le permite decir públicamente que se siente feliz: conjugó dos pasiones en una sola. Dos pasiones tan distintas y extremas: la ciencia y la religión.
Nació en Rivadavia y la hoja de ruta sacerdotal revela que trabajó en Tupungato y Luján. Hasta que volvió al pago chico: la zona Este. San Martín. Allí es protagonista de la vida espiritual de muchas familias; muchas de las cuales precisan un consejo o asistencia de tipo material.
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La hora de la fe
- Soy sacerdote hace 11 años: fui ordenado en marzo de 2012 por monseñor Arancibia.
- ¿Y qué pasó con la vocación de médico y con los conocimientos adquiridos?
- Después de graduarme como médico obtuve la matrícula y una de las primeras acciones fue acompañar en los procesos de salud y enfermedad dentro del seminario Nuestra Señora del Rosario, ubicado en Bermejo, Guaymallén. Me convertí en el médico del seminario, donde habían 37 potenciales pacientes.
- ¿Y cómo trabajabas de médico?
- Con el permiso de los formadores se dispuso de una sala; los visitadores médicos me acercaban muestras de medicamentos y eso permitió colaborar durante 8 años.
- Vaya desafío ejercer la ciencia y la religión al mismo tiempo, tan opuestas en muchas cuestiones...
- En ese camino, los conocimientos de Filosofía y Teología que fui adquiriendo en el seminario más las experiencias comunitarias, humanas y espirituales me fueron dando muchas respuestas.
- ¿Has seguido ejerciendo la Medicina?
- No de la misma forma que lo hace habitualmente un médico porque mis tareas como sacerdote me implican una dedicación importante, pero lo hago desde la Bioética. Encontré en esta disciplina un modo de aunar todos estos conocimientos. Acompaño a algunos comités de Bioética en hospitales de Mendoza que me consultan.
- ¿Cómo es la feligresía de la zona Este a tu cargo?
- Tiene un aporte rural muy importante; hay mucho trabajo de adultos y jóvenes en distintas tareas de acompañamiento desde la catequesis y actividades comunitarias. Quiero agradecer a monseñor Marcelo Colombo y al obispo auxiliar, Marcelo Mazzitelli, el apoyo permanente para desarrollar mi trabajo.
- Una hipótesis: se te muere un paciente y ¿qué hacés? ¿renegás como médico o lo aceptás como religioso?
- Pensaría en aplicar todas las herramientas que ofrece la ciencia para devolverle la salud pero teniendo en claro que en muchas situaciones el proceso de muerte es inevitable por lo limitado de la ciencia y de la vida humana.
- ¿La salud tiene que ver con lo espiritual?
- En mi experiencia tiene una vinculación absoluta: aunque la persona no tenga plena conciencia de su mundo espiritual, eso la marca y tiene repercusión en lo físico. Soy de los que piensan que a los pacientes hay que mirarlos de modo integral y ésa fue la respuesta que tuve a la duda de por qué las personas que recibían un tratamiento integral no lograban sentirse bien, plenas y felices.
"Colaboro con el Grupo Grávida, que es un servicio de acompañamiento para el fortalecimiento de la maternidad vulnerable en la República Argentina. Hay cuarenta embarazadas que reciben asistencia"
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