Investigadores de diversos institutos del Conicet realizaron un trabajo único sobre una de las especies de arañas más temidas: las tarántulas. Entre ellos, Gabriel Pompozzi, un mendocino integrante del laboratorio de Entomología del Instituto Argentino de Investigaciones de Zonas Áridas (Iadiza).
Los datos se sistematizaron en un libro con un fuerte anclaje en las especies que habitan la provincia y en los ambientes donde se desarrollan.
El trabajo, que combina investigación de campo, análisis de la taxonomía y divulgación científica, permite comprender mejor el rol ecológico de estas arañas en los ecosistemas mendocinos y aporta información clave para su conservación.
Un aporte científico con sello mendocino
El libro Tarántulas de Argentina cuenta con la participación de investigadores del Conicet Mendoza, además de Pompozzi, de especialistas, que aportaron años de trabajo de campo y estudios realizados en distintos puntos de la provincia.
Este aporte local resulta central, ya que Mendoza reúne una gran diversidad de ambientes -desde zonas de monte y piedemonte hasta regiones de altura- donde habitan distintas especies de tarántulas. La información producida permite conocer con mayor precisión dónde viven, cómo se comportan y qué condiciones ambientales necesitan para sobrevivir.
Además de consolidar datos científicos, el trabajo posiciona a la provincia como un actor relevante en la investigación sobre biodiversidad, reforzando la presencia de la ciencia mendocina en la protección de la fauna nativa.
Tarántulas y ecosistemas mendocinos
Las tarántulas forman parte del paisaje natural de Mendoza, aunque muchas veces pasan inadvertidas por sus hábitos discretos y nocturnos. En la provincia pueden encontrarse desde áreas áridas hasta zonas que superan los 2.000 metros sobre el nivel del mar.
Estas arañas suelen refugiarse bajo rocas o en cuevas que ellas mismas construyen, adaptándose a condiciones climáticas extremas, como grandes amplitudes térmicas y escasez de agua. Al adaptarse de esta manera, se convierten en especies clave para entender el funcionamiento de los ecosistemas locales.
El libro aporta descripciones muy puntuales sobre sus hábitats y ayuda a identificar las especies presentes en Mendoza, un dato fundamental tanto para investigadores como para organismos de gestión ambiental.
El rol clave sobre las tárantulas en el medioambiente
Uno de los beneficios más concretos de esta investigación para la provincia es la posibilidad de desmitificar información errónea muy arraigados en la población. El tamaño de estas arañas suele generar miedo, pero las especies que habitan Mendoza no representan un peligro para las personas.
El libro explica que su comportamiento es defensivo y que los encuentros con humanos suelen darse de manera accidental. En la mayoría de los casos, las arañas denominadas tarántulas buscan huir antes que atacar.
Este enfoque contribuye a reducir la persecución y la matanza innecesaria de ejemplares, promoviendo una convivencia más respetuosa con una fauna que cumple funciones ecológicas importantes.
En los ecosistemas mendocinos, las arañas actúan como reguladoras de poblaciones de insectos y otros invertebrados. Su presencia ayuda a mantener el equilibrio natural y es un indicador de ambientes relativamente conservados.
La desaparición de estas arañas podría generar efectos en cadena dentro de los ecosistemas, afectando a otras especies y alterando dinámicas naturales. Por eso, los investigadores subrayan que protegerlas también implica cuidar el entorno en el que viven.
El libro permite comprender estas interacciones y refuerza la importancia de conservar no solo a las tarántulas, sino también los ambientes que las sostienen.
Conservación y desafíos en la provincia
La investigación también advierte sobre las amenazas que enfrentan las tarántulas en Mendoza. La pérdida de hábitat por el avance de las personas y ciudades, la urbanización y la extracción ilegal con fines comerciales figuran entre los principales riesgos.
Contar con información científica precisa es clave para diseñar estrategias de conservación y para respaldar políticas públicas orientadas a la protección de la biodiversidad local. En ese sentido, el libro se convierte en una herramienta concreta para la toma de decisiones.
La divulgación del conocimiento generado por la ciencia mendocina aparece así como un puente entre la investigación y la sociedad, con beneficios directos para la provincia y su patrimonio natural.
(Con información del Conicet Mendoza).



