Cada 11 de mayo, los argentinos celebran el Día del Himno Nacional en honor a la canción patria que simboliza la libertad y la independencia. Pero detrás de sus poderosos acordes se esconde una historia poco conocida y conmovedora. Se trata de la vida del compositor Blas Parera,
La verdad no contada sobre el triste final del compositor del Himno Nacional Argentino
El 11 de mayo de 1813, se aprobó lo que luego se llamaría Himno Nacional Argentino compuesto por Blas Parera, quien tuvo un triste final. Esta es la historia

Este gran personaje dentro de la historia argentina murió en la pobreza y prácticamente olvidado, a miles de kilómetros de la tierra que inmortalizó con su música.
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Lo cierto es que ese no fue su primer nombre. A principios del siglo XIX, el Triunvirato vio con buenos ojos que el pueblo tenga un canto que los represente y el 22 de julio de 1812 se le pidió al Cabildo mandar a componer "la marcha de la patria"
Con una composición vibrante y cargada de espíritu revolucionario, el himno, luego nombrado como lo conocemos hoy, rápidamente se convirtió en símbolo de lucha por la independencia de las Provincias Unidas del Río de la Plata.
Un reconocimiento que nunca llegó
A pesar de su aporte monumental a la historia argentina, Blas Parera nunca fue debidamente reconocido ni recompensado por su trabajo, de hecho se cree que solo se le pago 200 pesos.
Tras años de vivir con dificultades económicas, en 1817 regresó a España con la esperanza de rehacer su vida. Sin embargo, allí las cosas fueron aún peores.
Lejos de la patria que ayudó a construir desde la música, Parera murió en la más absoluta pobreza en Mataró, Cataluña, en 1840, a los 64 años. Sus últimos años estuvieron marcados por el olvido, la precariedad y la falta de reconocimiento oficial, tanto en su país natal como en Argentina.
Recién muchos años después de su muerte, la figura de Blas Parera comenzó a ser revalorizada en Argentina. Sin embargo, su final sigue siendo uno de los más tristes entre los próceres culturales del país. Su historia refleja una deuda simbólica con aquellos que, desde el arte, contribuyeron de manera crucial a la identidad nacional.