Las historias de José

La tarde en que le cantamos al papa Juan Pablo II en el viejo aeropuerto de Mendoza

El 7 de abril de 1987, el papa Juan Pablo II visitó Mendoza y fue recibido por un coro de 200 voces, que lo despidió tras la misa en el predio de la Virgen

Un sábado de marzo, en una de las actividades coprogramáticas, el maestro y director de coros José Felipe Vallesi recibió a los coreutas de la Escuela de Comercio Martín Zapata con el saludo cordial y la mirada de ojos saltones de siempre. Nos habló del plan de trabajo para el año y advirtió que para el final del ensayo tenía reservada una sorpresa.

-Otro viaje- creyeron algunos de los barítonos, que rápidamente evocaron que el año anterior habían participado de un certamen de coros juveniles en La Cumbre, Córdoba.

Al maestro Vallesi le gustaban los grandes desafíos. Era didáctico, apasionado y enérgico para organizar y dirigirnos. De él aprendías cosas de la música pero también de disciplina y de trabajo en equipo, algo que en la adolescencia es clave.

Fin del ensayo. La sorpresa era inminente. Vallesi recorrió con la mirada a todos y cada uno de los chicos y chicas que integrábamos la formación coral. Hizo un largo silencio y juro que no volaba ni un mosquito. Hasta que por fin, dijo: "Estoy armando un coro para recibir al papa Juan Pablo II en el aeropuerto el 7 de abril".

El desafío estaba ahí, puesto sobre la mesa. Nadie podía creerlo.

¿Cantarle al papa Juan Pablo II?

Sí, apenas baje del avión, en el aeropuerto de la IV Brigada Aérea (el único que existía entonces).

El papa Juan Pablo II y el arzobispo de Mendoza, Cándido Rubiolo, en 1987, cuando el pontífice fue recibido en Mendoza por el coro que dirigió el maestro José Felipe Vallesi.

Vallesi y un colaborador de apellido Rosas se encargaron de reclutar a los coreutas dispuestos a participar de aquella pequeña gesta, parte de un momento histórico: la visita de un papa a Mendoza en tiempos de paz (Juan Pablo II había estado en Argentina en época de la guerra de Malvinas).

Se anotaron, entre otros, el Javier Rodríguez y el Marcelo Hernández porque Vallesi armó un coro enorme con voces de la Martín Zapata, del Magisterio y del Coro Universitario, entre otras formaciones.

Yo también me anoté y fui parte de la cuerda de los bajos, quienes nos ubicábamos en lo más alto de las tarimas y escenarios. Ya teníamos voz gruesa muchos. Los menos, como Juancito Cuenca, un vozarrón.

¿Nos escucharía el papa Juan Pablo II?

Este es el plan, contó Vallesi. Vamos a empezar a cantar apenas el Papa baje del avión. Se ha gestionado que se acerque a saludarnos. Será un instante. Aprovéchenlo. Canten con todo lo que tengan adentro. Serán parte de un momento histórico.

¿Y qué le vamos a cantar al Papa?, preguntó una de las sopranos.

Vallesi ya tenía todo organizado. Entonces, detalló, entre otras: una canción de cuna polaca, nuestra Virgen de la Carrodilla y una obra dedicada a la Virgen de Guadalupe, que a Juan Pablo II le encantaba. Conocí una linda morenita y la quise mucho...

¿Cómo se canta en polaco, maestro?

-La fonética nos va a ayudar. Al final de la clase les vamos a entregar las letras y las partituras.

Esperando a Juan Pablo II

Los ensayos parciales fueron en las aulas de la vieja Escuela de Música, que la UNCuyo se dispone ahora a recuperar, en la calle Lavalle de Ciudad.

-Los ensayos generales se harán en el auditorio Galli -avisó Vallesi-. Y agregó: "Van a estar vestidos con ponchos rojos, así que vayan consiguiéndolos".

No recuerdo cuántos ensayos fueron, pero sí tengo presentes la pasión y el entusiasmo que nos movilizaban. Nos cuidamos para estar a la altura: 0 pucho y 0 helado, al menos hasta que se fuera el papa.

La tarde en que le cantamos al Juan Pablo II

La noche anterior no pude pegar un ojo.

Aquel tan esperado martes 7 de abril de 1987 salí de casa con el poncho rojo a cuestas, la carpeta con las partituras y el DNI. Hacía calor. El sol no daba tregua.

Nos reunimos en la Escuela de Música y de ahí a la Federación de Box. La calle Mitre se había vuelto un hormiguero de coreutas de todas las edades -desde los 15 hasta los 50, recuerdo-. A cada uno nos entregaron la credencial personal. "Mendoza, Viene el papa, 1987". Con foto y todo. Otro tesoro de la vida.

Nos llevaron al viejo aeropuerto en varios colectivos de línea. Con las cortinas cerradas y máxima precaución. Razones de seguridad.

Nos reunieron en el salón VIP y nos condujeron hacia las gradas, a pocos metros de la pista de aterrizaje. Faltaban 2 horas para que aterrizara el papa. El tiempo parecía no pasar. Las calles, desde temprano, estaban repletas de gente que esperaba a un costado. En la Costanera. En el Acceso Este. El epicentro era el Predio de la Virgen, donde el polaco daría misa.

- Al papa Juan Pablo II también lo vamos a esperar que regrese para despedirlo cantando -había anticipado Vallesi.

Templamos las voces y ensayamos los comienzos de las canciones. Nos tiritaban las piernas.

Un avión se disponía a aterrizar pero no era el que traía al papa. Llega en 15 minutos, nos avisaron.

Hasta que la aeronave presidencial tocó tierra. La puerta se abrió y la escalerilla bajó. Y Juan Pablo II alzó con una mano en alto. Por fin, empezó a bajar. Y nosotros le cantamos con todo lo que teníamos adentro, más allá de los tonos y las letras.

Saludó a las autoridades y se acercó a nosotros.

El maestro Vallesi le habló del coro y lo invitó a escuchar parte del repertorio. El papa nos miró, agradeció con una sonrisa y le ordenó a un colaborador que nos obsequiara un recuerdo gráfico de su gira Argentina.

Los coreutas -especialmente las sopranos y las contraltos- que lo tenían más cerca, lloraron de emoción.

Yo no podía creerlo. Juan Pablo II, al que tantas veces habíamos visto en la tele y en los diarios, estaba ahí. Era de carne y hueso. Grandote. Corpachón. Había practicado boxeo en sus años de juventud. Había sobrevivido a un atentado. Había proclamado la paz. Y ahora estaba a un metro de distancia de nosotros.

A bordo del papamóvil fue al predio de la Virgen y una hora y media después volvió al aeropuerto y subió al avión que lo llevaría a Bahía Blanca, donde lo esperaba otra multitud.

Lo despedimos con canciones, que se mezclaron con más lágrimas y la piel crispada.

Misión cumplida.

Ahora, que otro papa -León XIV- pisa suelo argentino después de 39 años, evoco esta historia y le digo eternamente gracias, maestro José Felipe Vallesi. Fue un honor, a mis 16 años, ser parte de aquel momento histórico e inolvidable.

En pocas palabras

  • Juan Pablo II visitó Mendoza el 7 de abril de 1987, siendo recibido por un coro de 200 voces.
  • El evento conmemoró la visita del Papa a Argentina en tiempos de paz, con ensayos previos y vestimenta especial.
  • El coro, dirigido por José Felipe Vallesi, cantó para el Papa en el aeropuerto al recibirlo y al despedirlo.
Resumen generado por Thinkindot AI

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