Aniversario 33

La redacción de los aplausos: la conmovedora carta de una periodista que recuperó las ganas en Diario UNO

Tras sufrir el frío cierre de redacciones tradicionales y llegar con el alma herida a Mendoza, una cronista con 35 años de trayectoria describe a nuestro equipo: el compañerismo, las pizzas de los jueves y el valor de volver a ser vista

Hola a todos.

Para arrancar, va una confesión: cuando llegué a esta redacción, allá por noviembre de 2024, pensé que todo lo que pasaba era una farsa, una puesta en escena, una joda.

Lo repito para que me crean: pensé que me estaban boludeando.

Pero ahora, casi dos años después, ya sintiéndome parte de este lugar, sé que todo era legítimo.

Yo venía de la debacle. Literal.

Primero me comí de frente el ocaso de un diario que fue puro prestigio en el sur argentino. Fue en Bahía Blanca, mi ciudad. Después, otra historia parecida acá en Mendoza. Dos redacciones históricas convertidas en mausoleos. Venta de empresas, despidos, sueldos recortados, miedo constante. En el diario bahiense nos moríamos de frío. No funcionaba ni el aire acondicionado ni la calefacción. El papel higiénico del baño eran excedentes de la rotativa.

Y la gente... Por Dios, qué mal la pasábamos.

Porque lo peor nunca fue lo material. Lo peor era lo humano. Con el avance de la tecnología vi compañeros enfermos, estresados, con infartos. Eran los que quedaban a media máquina: jóvenes para ser viejos y viejos para ser jóvenes. Vi despedir a periodistas después de décadas de trabajo sin un mínimo gesto de reconocimiento. Miradas apagadas. La redacción era un velatorio permanente.

Todo eso había cambiado mi manera de mirar esta profesión. Llegué a Mendoza con ganas de trabajar, sí, pero con una tristeza que llevaba por dentro. Más de una vez me pregunté para qué seguir. Incluso pensé en cambiar de rubro.

Pero era imposible.

Lo mío siempre fue escribir, salir, curiosear, averiguar, transmitir. No sé hacer otra cosa que contar historias. Solo que el entusiasmo ya no era el mismo. Estaba herida.

Y entonces aparecieron ustedes.

Llegué a la redacción convencida de que algo no cerraba. Sonrisas. Abrazos. Besos. Cumpleaños con torta. Disfraces. Fotos. Los jueves de almuerzo con una cervecita. Gente que se queda charlando cuando ya terminó la jornada. No podía ser real.

Y hubo algo que todavía me sorprendió más: las mujeres.

Siempre escuché —y a veces también lo viví— esa idea de que las mujeres en el trabajo pueden ser competitivas, filosas o envidiosas entre sí. Bueno, acá de eso no encontré nada.

Me invitaron a todas las juntadas. Me hicieron sentir parte desde el primer día. Con una salgo a caminar; con otra tengo largas charlas filosóficas por teléfono; con otra hablamos de menopausia sin filtro ni vergüenza. Los jueves suelo llevar unas pizzetasen una bandeja, con una sonrisa, como una forma mínima de agradecer algo muchísimo más grande.

Después de 35 años en redacciones puedo decirlo sin exagerar: es la primera vez que vivo un clima así. Se trabaja y mucho. Se trabaja bien, con respeto, con humor y con reconocimiento.

Siempre digo que esta es la redacción de los aplausos.

Aquel noviembre, cuando llegué, recibí tres seguidos. El primero fue el día de mi presentación. Ahí estaba yo, parada frente a todos, muerta de vergüenza, mientras Juan pedía un aplauso para darme la bienvenida. Pocos días después llegó un premio de una institución importante. Segundo aplauso. Y el 14, para mi cumpleaños, tercero.

Tres aplausos en un mes después de años de silencios.

Creo que el aplauso es un lindo reconocimiento. Es decirle al otro: "Te vemos. Estás acá. Importás".

Y yo venía de lugares donde nadie miraba a nadie. No culpo a las personas. Es una industria golpeada, atravesada por una crisis enorme.

Por eso quería escribirles.

Porque, sin proponérselo, me devolvieron algo que estaba a punto de perder: las ganas. Las ganas de proponer, de salir, de arriesgar, de volver a creer que el periodismo sigue siendo una pasión.

Lo que construyen todos los días no es menor. Es un privilegio formar parte de este equipo.

Gracias por devolverme las ganas de hacer el trabajo que más amo.

Después de tantos años, es un montón.

Con cariño,

Ceci

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