Este martes 9 de septiembre, desde las 11, la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Nacional de Cuyo (UNCuyo) rendirá homenaje a Emilia Puceiro de Zuleta, quien el pasado 25 de junio cumplió 100 años.
La ceremonia se realizará en el aula C9 y contará con la participación de figuras destacadas como Gladys Granata de Egües, Jaime Correas, Susana Tarantuviez, Luis Emilio Abraham y Gustavo Zonana. Aunque Emilia vive actualmente en Buenos Aires y no podrá asistir, su legado académico y humano será celebrado por quienes conocieron su trayectoria y la admiraron profundamente.
Nacida el 24 de junio de 1925 en Buenos Aires, Emilia de Zuleta fue hija de Robustiano Puceiro y Victoria Landin. Desde muy joven mostró vocación por la literatura y la docencia, una pasión que la acompañó toda la vida. Su formación académica se consolidó en la UNCuyo, donde se recibió como profesora de enseñanza secundaria, Normal y Especial en Literatura, en la Facultad de Filosofía y Letras. Su excelencia y compromiso la llevaron a ocupar el sillón “Calixto Oyuela” como académica de número en 2001, y previamente había sido académica correspondiente desde 1981, siendo su candidatura presentada con residencia en Mendoza. Su discurso de recepción, titulado “Alfonso Reyes y la función crítica”, marcó un hito en la Facultad.
No fue solo una profesora apasionada, sino una investigadora incansable
Emilia de Zuleta no solo fue una profesora apasionada, sino también una investigadora incansable. Su actividad académica incluyó numerosas publicaciones en el Boletín de la Academia Argentina de Letras (BAAL), la coordinación de comisiones como Argentinismos y la participación en asociaciones literarias internacionales. Fue miembro de la Academia de Ciencias Sociales de Mendoza, recibió el Premio al mérito ciudadano de la Fundación Ciudad, Mendoza, en 1994, y fue distinguida como Mujer destacada a nivel nacional por la Cámara de Diputados en 1995. Entre otros reconocimientos, obtuvo el Premio Raíces, la Orden del Sol Liceana, la Distinción Legislativa anual General San Martín y fue miembro de organizaciones internacionales como el PEN Club, la Federación de Mujeres Universitarias y la Asociación Internacional de Literatura Comparada.
Su obra publicada es vasta y fundamental para la historia de la crítica literaria española y sus vínculos con América. Entre sus libros destacan “Guillermo de Torre” (1962), “Historia de la crítica española contemporánea” (1966, 1974), “Cinco poetas españoles” (1971, segunda edición aumentada en 1981), “Arte y vida en la obra de Benjamín Jarnés” (1977), y más recientemente, “Españoles en la Argentina. El exilio literario de 1936” (1999), además de numerosos trabajos colectivos y artículos académicos. Su labor no solo fue reconocida en Argentina, sino también internacionalmente, con traducciones al rumano y participación activa en asociaciones de hispanistas en Estados Unidos.
La vida de Emilia de Zuleta combina la rigurosidad académica con experiencias humanas que marcaron a quienes la conocieron. Recuerda el periodista Jaime Correas en el diario "La Nación": “Cuando era niño, mi abuela siempre nombraba a una señora con quien compartía la complicidad de los libros… Pasó el tiempo y fui su alumno de Literatura Española Moderna y Contemporánea en la Facultad de Filosofía y Letras de la UNCuyo. No sólo fue mi profesora, la mejor, sino una compañía e impulso constante para muchísimos trabajos literarios y de investigación”.
"En su apacible retiro porteño"
Correas rememora también la dimensión histórica de su vida: “Emilia Puceiro de Zuleta acaba de cumplir cien años en su apacible retiro porteño. Merece ser reconocida por su inmenso aporte y entrega a la vida cultural de Mendoza, de la Argentina y del mundo hispanoamericano. Vivimos tiempos veloces, proclives al olvido, pero las personalidades como Emilia portan una ejemplaridad que es imprescindible transmitir a los que no la conocieron”.
Desde su infancia, Emilia vivió experiencias que la conectaron con la historia y la cultura de su tiempo. Nacida en Buenos Aires, viajó con sus padres a Galicia durante dos años y regresó al país para presenciar momentos históricos como la inauguración del Obelisco, el Congreso Eucarístico de 1934 y el duelo por la muerte de Carlos Gardel en 1935. A fines de 1936, su familia se afincó en Mendoza, donde completó sus estudios y comenzó su formación universitaria.
Durante sus años de estudiante en la UNCuyo, fue alumna de figuras como el filólogo catalán Joan Corominas, exiliado por la Guerra Civil española; del poeta Alfonso Sola González, de la Generación del 40; y de Julio Cortázar, quien dejó una marca indeleble en su vocación docente.
Su vida personal estuvo entrelazada con la academia. En 1947 contrajo matrimonio con Enrique Zuleta Álvarez, notable profesor e historiador, con quien compartió la construcción de una vida familiar y culturalmente rica. La casa familiar en la calle Rufino Ortega, escenario del nacimiento de sus cinco hijos, se transformó en un epicentro cultural de Mendoza, donde pasaron visitantes destacados como Jorge Luis Borges y su madre Leonor Acevedo, Guillermo de Torre, Miguel Ángel Asturias, Rafael Alberti, María Teresa León, entre otros. La biblioteca de los Zuleta se convirtió en un verdadero tesoro para discípulos, colegas y amigos.
Un enfoque humanista y generoso
En la enseñanza, Emilia de Zuleta se destacó por su enfoque humanista y generoso. Su capacidad de transmitir curiosidad y pasión hizo que generaciones de estudiantes la recuerden no solo como profesora, sino como guía y amiga.
A lo largo de su carrera, Emilia combinó la docencia con una intensa actividad investigativa y de publicación. Su trabajo conectó a Mendoza con la crítica literaria internacional y permitió que la ciudad fuera un punto de referencia en los estudios hispanoamericanos. Fundó la Asociación Argentina de Hispanistas y coordinó el Grupo de Estudios de la Crítica (GEC), trayendo a la provincia a críticos y académicos de renombre.
Hoy, a sus 100 años, Emilia de Zuleta representa la vigencia del compromiso intelectual, la pasión por la literatura y la generosidad docente. Su homenaje en la UNCuyo, aunque a la distancia, es una manera de reconocer a una mujer que convirtió su vida en ejemplo de constancia, talento y entrega. Como recuerda Correas: “Emilia de Zuleta en su centenario es un faro encendido para quienes fuimos sus discípulos. Con ella, con la maestra y con la amiga, nos quedará siempre una deuda de gratitud impagable. Su ejemplo de trabajo inteligente y su generosidad ilimitada merecen ser conocidos y reconocidos”.
El acto del martes 9 no solo celebra un cumpleaños, aunque atrasado, sino una vida dedicada a la literatura, la investigación y la formación de generaciones. Aunque Emilia no pueda estar presente físicamente, su legado ilumina el aula C9 de la Facultad de Filosofía y Letras de la UNCuyo y se hace presente en cada estudiante, profesor y lector que tuvo la fortuna de conocer su obra.





